El brote internacional de hantavirus detectado recientemente en el crucero MV Hondius desató un estado de alerta en Colombia ante la posibilidad del ingreso de la variante de los Andes, la única cepa documentada capaz de transmitirse entre humanos.
Aunque el país ya enfrenta circulación de otras variantes menos letales, la llegada de esta forma del virus —con una letalidad reportada superior al 30% y potencial de transmisión directa entre personas— representaría un desafío sanitario de gran envergadura, según el microbiólogo Salim Mattar Velilla, director del Instituto de Investigaciones Biológicas del Trópico de la Universidad de Córdoba, en diálogo con El Tiempo.
Entre los datos más significativos del brote en el crucero MV Hondius se cuentan ocho contagios y tres muertes confirmadas hasta el momento.
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La variante de los Andes es predominante en el Cono Sur y su capacidad de propagación entre humanos, especialmente por contacto estrecho con fluidos corporales, la distingue de todas las demás cepas conocidas de hantavirus.
De acuerdo con Mattar, “la cepa de los Andes tiene factores de virulencia que la hacen más transmisible y patógena, aunque los mecanismos exactos todavía no se comprenden completamente”.
El hantavirus es un virus de ARN transmitido principalmente por secreciones de roedores silvestres. Mattar explicó que la probabilidad de diseminación masiva en Colombia es limitada, ya que los roedores que portan el virus viven sobre todo en áreas rurales alejadas del contacto continuo con grandes grupos humanos.
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El experto remarcó que “su probabilidad de diseminación es muy baja”, aunque recalcó la necesidad de extremar la vigilancia ante la posible llegada de la variante de los Andes, cuya peligrosidad obligó a medidas de aislamiento en brotes anteriores, como el registrado en Chubut, Argentina, entre 2018 y 2019.
Desde 2004, equipos de la Universidad de Córdoba han documentado la presencia de hantavirus en Colombia, identificando tanto a roedores portadores como a pacientes humanos. Mattar confirmó que existen registros comprobados en la Orinoquía y en Córdoba.
No obstante, la variante detectada hasta ahora en Colombia es similar a la cepa “choclo” predominante en Panamá, considerada de menor virulencia que la andina.
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De acuerdo con lo documentado en estudios publicados, los pacientes infectados en Colombia han desarrollado síntomas respiratorios y fiebre, pero no han presentado complicaciones graves ni han requerido cuidados intensivos.
El microbiólogo Salim Mattar Velilla también advirtió que, si bien la circulación viral autóctona es limitada y no ha generado epidemias, la vigilancia ante la posible llegada de nuevas cepas debe ser reforzada.
En países como Argentina, Chile y Estados Unidos, variantes más agresivas han producido el síndrome cardiopulmonar por hantavirus, una complicación de alta letalidad.
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Esta realidad, según Mattar, obliga a Colombia a mantener un diagnóstico diferencial riguroso, dado que síntomas iniciales como fiebre y trastornos respiratorios pueden confundirse con enfermedades comunes en el país como el dengue o la leptospirosis.
El especialista recalcó en la importancia de fortalecer la vigilancia epidemiológica, ya que solo así es posible evitar la expansión de un brote.
Así mismo, el microbiólogo Salim Mattar resaltó que la prevención del hantavirus en Colombia depende en gran parte de la limpieza de viviendas, el control y la exclusión de roedores y el monitoreo permanente de los reservorios del virus.
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El llamado es a redoblar tanto la investigación como la vigilancia, pues solo con procedimientos de detección temprana y control de la zoonosis se podrá responder ante posibles emergencias. En palabras de Mattar: “Si no hay investigación y vigilancia, no vamos a poder contener brotes ni epidemias”.
Hasta la fecha, el consenso entre científicos locales sostiene que, aunque existen hantavirus en el país, el riesgo para la población general continúa siendo bajo.
Del mismo modo, recomendaron que la atención de expertos y autoridades debe concentrarse ahora en la vigilancia activa de cualquier cambio en la circulación viral y en la posibilidad de ingreso de variantes como la de los Andes, con prioridad en la agenda de salud pública nacional.
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