El misterio del Cristo de Bogotá que le crece el cabello: la historia de la imagen y dónde está la iglesia que despierta interés

Testimonios de fieles, mantenimiento humano y viralización en redes alimentan el fenómeno que hoy en día es todo un misterio

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La imagen del Señor de la Agonía se encuentra en un costado de la Iglesia de San Francisco, en el centro de Bogotá, donde recibe visitas diarias de feligreses- crédito @quinteropfeifer/X, VisualesIA
La imagen del Señor de la Agonía se encuentra en un costado de la Iglesia de San Francisco, en el centro de Bogotá, donde recibe visitas diarias de feligreses- crédito @quinteropfeifer/X, VisualesIA

En pleno centro de Bogotá, sobre la transitada carrera Séptima, una escultura religiosa concentra desde hace años la atención de feligreses, curiosos y turistas. Se trata del Señor de la Agonía, una figura de Jesucristo crucificado que, además de su valor espiritual, ha sido asociada con una creencia persistente: la supuesta capacidad de que su cabello crezca con el paso del tiempo.

La imagen se encuentra en la Iglesia de San Francisco, en la Avenida Jiménez con Carrera Séptima (Av. Jiménez # 7 - 10), frente a la estación Museo del Oro de TransMilenio y junto al edificio del Banco de la República. Este templo, cuya construcción inició alrededor de 1550 por la orden franciscana, es considerado el más antiguo que se mantiene en pie en Bogotá y fue declarado Monumento Nacional.

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El Señor de la Agonía es una escultura hiperrealista que representa los últimos momentos de Cristo antes de morir. Su particularidad radica en el uso de cabello humano real, a diferencia de otras figuras religiosas elaboradas en madera, estuco o materiales sintéticos. Esta característica ha sido determinante para el surgimiento de la creencia popular que sostiene que su cabellera cambia de longitud de forma natural.

Según registros del templo, la imagen fue donada hace más de cuatro décadas. Sin embargo, la notoriedad de su supuesta capacidad para que el cabello crezca tomó fuerza hace aproximadamente 25 años, cuando visitantes frecuentes comenzaron a señalar variaciones en su apariencia. De acuerdo con estos testimonios, el pelo en ocasiones parece más largo o más corto, aunque mantiene una textura y brillo similares al cabello humano.

La escultura se distingue por tener cabello humano real, una característica que ha alimentado la creencia sobre su supuesto crecimiento con el paso del tiempo- crédito Colprensa/Diego Pineda
La escultura se distingue por tener cabello humano real, una característica que ha alimentado la creencia sobre su supuesto crecimiento con el paso del tiempo- crédito Colprensa/Diego Pineda

El fenómeno ha dado lugar a dos interpretaciones. Por un lado, la perspectiva de la fe sostiene que se trata de un hecho de carácter milagroso.

Feligreses afirman haber observado que la cabellera supera marcas anteriores, llegando a cubrir partes de la escultura que antes no tocaba. Para este grupo, el cambio en la longitud del cabello constituye una manifestación espiritual.

Por otro lado, existe una explicación basada en prácticas históricas del arte sacro. Durante siglos, fue común que imágenes religiosas fueran adornadas con cabello donado por los fieles como ofrenda.

El mantenimiento periódico de la cabellera, junto con factores ambientales, explica los cambios de apariencia que reportan algunos visitantes- crédito Colprensa/Lina Gasca
El mantenimiento periódico de la cabellera, junto con factores ambientales, explica los cambios de apariencia que reportan algunos visitantes- crédito Colprensa/Lina Gasca

En este caso, el uso de cabello humano permite que la cabellera reaccione a factores ambientales como la humedad y el clima de Bogotá. Además, la figura recibe mantenimiento periódico: el cabello es lavado, peinado y, cuando se deteriora, puede ser recortado o reemplazado con nuevas donaciones. Estas intervenciones explicarían las variaciones percibidas por los visitantes.

El interés en torno a esta imagen no se ha limitado al ámbito religioso. En los últimos años, el fenómeno ha tenido un impulso significativo en plataformas digitales, donde creadores de contenido han difundido videos mostrando la escultura. Estas publicaciones han alcanzado altos niveles de visualización en Colombia, atrayendo a nuevos visitantes al templo.

El impacto también se refleja en la dinámica del centro histórico. Durante la Semana Santa, la Iglesia de San Francisco registra una alta afluencia de personas, y el Señor de la Agonía se convierte en una de las paradas dentro del tradicional recorrido de los siete monumentos. Este flujo de visitantes ha contribuido a la actividad turística y comercial del sector, ya que guías locales incluyen la historia en sus recorridos.

La escultura se distingue por tener cabello humano real, una característica que ha alimentado la creencia sobre su supuesto crecimiento con el paso del tiempo- crédito Colprensa/Andrés Camilo González
La escultura se distingue por tener cabello humano real, una característica que ha alimentado la creencia sobre su supuesto crecimiento con el paso del tiempo- crédito Colprensa/Andrés Camilo González

En el interior del templo, la escultura se ubica en uno de los estantes laterales, en un ambiente caracterizado por iluminación tenue y elementos coloniales, como el Retablo Mayor, elaborado en madera tallada y recubierto en hojilla de oro. Este entorno ha reforzado la percepción de misticismo asociada a la figura.

Más allá de las interpretaciones sobre el origen del fenómeno, el Señor de la Agonía mantiene un papel activo en la vida cotidiana de quienes visitan la iglesia. A diario, personas acuden al lugar para expresar solicitudes, agradecimientos o reflexiones personales, lo que consolida su relevancia dentro del imaginario urbano.

La coexistencia de creencias, prácticas de conservación y difusión digital ha permitido que esta escultura siga generando interés. Mientras algunos visitantes buscan explicaciones, otros continúan interpretando el fenómeno como una señal de carácter espiritual.