El gasto del Gobierno sigue acelerado y los ingresos no alcanzan. Esa es la advertencia principal que lanzó el equipo de investigaciones del Banco de Bogotá tras revisar en detalle la ejecución presupuestal de los primeros cuatro meses del año. El análisis planteó un escenario complejo, si el Ministerio de Hacienda no toma medidas urgentes, el déficit fiscal podría escalar hasta el 7,8% del PIB al cierre de 2025, lo que representaría un desfinanciamiento cercano a los $138,8 billones.
La presión se siente desde varios frentes. Por un lado, el gasto primario alcanzó los $116,2 billones entre enero y abril, con un promedio mensual de $29 billones, por encima del límite de $27,7 billones definido en el plan financiero. Y aunque en febrero, marzo y abril el gasto disminuyó ligeramente respecto a enero, el inicio de año estuvo marcado por un rezago presupuestal histórico que impulsó el desembolso de recursos a niveles no vistos.
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“Si bien es positivo, pues sugiere que el Gobierno está logrando contener las presiones de gasto, la realidad es que, en el inicio del año, normalmente, las presiones de gasto son inferiores a las del resto del periodo por el ciclo de ejecución presupuestal. Por lo general, en el primer semestre, el Gobierno centra sus esfuerzos en comprometer recursos”, explicó el Banco de Bogotá.
Al observar el comportamiento, los investigadores advirtieron que para cumplir la meta de gasto primario de $332 billones, el Gobierno debería tener una ejecución presupuestal sin precedentes, entre 60% y 75% del rezago, y entre 76% y 78% del PGN sin deuda. Una combinación que nunca se ha logrado. En 2024, por ejemplo, la ejecución sin deuda fue de 82% y el rezago llegó al 75%, los más bajos de la historia.
De mantenerse la tendencia actual, el gasto primario podría escalar hasta los $350 billones, $17 billones por encima del objetivo financiero. Y si se repitiera el patrón de ejecución de los años 2021 a 2023, cuando los niveles eran de 87% y 98%, respectivamente, el gasto alcanzaría los $372 billones, es decir, $49 billones adicionales.
En el Congreso, el exministro de Hacienda, Germán Ávila, reconoció que se espera un sobrecosto de $18 billones, pero el Banco de Bogotá fue más allá, calculó que el aumento real podría ser de $21 billones. A esto se suman $27 billones que faltarían por el lado de los ingresos, lo que genera una presión total de $48 billones para cuadrar las cuentas.
La situación se vuelve más apremiante si se considera que, a poco de iniciar el segundo semestre, el Gobierno no ha anunciado un recorte presupuestal significativo ni ha radicado un nuevo proyecto de reforma tributaria, mecanismos que podrían ayudar a financiar el Plan de Gasto Nacional 2025.
A abril, la ejecución del rezago presupuestal ronda el 73%, y la de las obligaciones sin deuda va en 22,2%, cerca de su mínimo histórico. Con este panorama, y de no lograrse una contención clara del ritmo de ejecución, el gasto primario podría situarse en $354 billones, $21 billones por encima del límite planteado en el plan financiero.
“Con este escenario, el gasto primario sería de $354 billones, lo que significa $21 billones más que el incorporado en el PF. Por lo tanto, si bien el ajuste de gasto al alza de $18 B mencionado por el ministro es más realista, aún se queda corto. De hecho, puede ser superior si no logran contener el ritmo de ejecución”, advirtió el Banco de Bogotá.
El panorama no solo preocupa por el volumen de gasto, también por sus consecuencias fiscales. Si el déficit se acerca al 7,8% del PIB, la deuda neta del Gobierno nacional podría superar el 63% del PIB, un nivel que sería récord. Durante la pandemia, ese indicador llegó a 60,7%, un umbral que ya generaba tensión en los mercados.
Por ahora, los analistas insisten en que el Ministerio de Hacienda deberá tomar decisiones rápidas y estructurales si quiere evitar un desequilibrio que podría comprometer el manejo fiscal de todo el año y limitar el margen de acción del Gobierno para 2025.