La preocupación por la salud del suelo resulta clave, ya que se trata de un recurso limitado, estratégico y no renovable, cuya preservación es crucial para el desarrollo sostenible. En este sentido, entender y atender la situación de los suelos agropecuarios para minimizar su deterioro o recuperar los que así lo requieran, es parte del accionar del Estado.
Tan es así, que ayer mediante la Resolución 232/2018 publicada en el Boletín Oficial, se dio a conocer la creación de un Plan Nacional de Suelos Agropecuarios con el fin de promover la conservación, restauración y manejo sostenible de los suelos agropecuarios, maximizando su productividad y procurando el mantenimiento de la provisión de sus servicios ecosistémicos, en un contexto global de cambio climático.
Cabe recordar que días atrás en la Reunión de ministros de Agricultura del G20, uno de los principales aspectos de la declaración que elaboraron se refiere a la importancia de tener suelos sanos para fortalecer el rol de la agricultura en el desarrollo de la población mundial.
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¿Quién y cómo se ocuparán de la salud del suelo?
De acuerdo a la normativa, el plan funcionará bajo la órbita de la Subsecretaría de Agricultura del Ministerio de Agroindustria y para cumplir con los objetivos que se proponen, contará con la información generada por el Observatorio Nacional de Suelos Agropecuarios, que fue creado hace poco más de un año.
A su vez, para implementarlo y que no quede solo plasmado en papeles, está previsto la realización de acuerdos y convenios con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), las provincias y con distintos organismos y entidades, que refuercen la articulación interinstitucional tanto a nivel nacional, provincial como local, y con otros organismos y estructuras de representación, las que también serán acompañadas por el sistema de ciencia y técnica y organizaciones del sector privado.
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Los motivos
En un contexto global de marcado aumento poblacional, la necesidad de producir alimentos en cantidad y en calidad bajo un escenario de cambio climático, implica un inmenso desafío, y aquí el suelo tiene un papel crucial.
Entre algunos de los antecedentes y causas que impulsan la creación del plan, señalaron que los problemas que se evidencian en el suelo son producto de décadas de procesos de degradación del recurso, como consecuencia de un uso no racional. Es por esto que consideran necesaria la generación de políticas destinadas a su conservación, restauración y uso sostenible, dado que es deber del Estado, como así también de los usuarios y la sociedad en su conjunto, velar por la prevención y el control de su degradación y la promoción de su uso sostenible.
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Es por eso que resaltaron que "esa necesidad de conservación cobra mayor significado en tanto se reconoce que el deterioro y la degradación de los suelos impactan negativamente en las comunidades rurales y urbanas y la economía en general, todo ello intensificado por el efecto que produce el cambio climático".
No obstante, advierten que todas estas amenazas y riesgos sobre los suelos se agravan en el contexto de cambio climático global.