
El hombre de 72 años no podía entender qué le pasaba en la garganta. Después de una cirugía menor en el abdomen, había sentido mucho dolor, tosiendo sangre e incapaz de tragar comida sólida durante casi una semana.
Pero cuando los doctores de la sala de emergencias examinaron la parte posterior de su garganta, no encontraron nada inusual. Después de solicitar un examen de rayos X y análisis de sangre, le dijeron al paciente que tenía una infección del tracto respiratorio y que lo enviarían a casa con medicación. El dolor, dijeron los doctores, era probablemente un efecto secundario persistente de haber estado intubado durante la operación.
Cuando la condición del hombre empeoró, y tuvo que emprender un segundo viaje al hospital, los doctores descubrieron finalmente la causa real de sus síntomas: su dentadura postiza, que había perdido durante una operación ocho días antes, estuvo en realidad todo el tiempo en su garganta, según un artículo publicado el lunes en la revista BMJ Case Reports. La nota no identificaba al hombre, ni al hospital.
El caso de este paciente arrojó luz sobre los riesgos de dejar dentaduras en las bocas de los enfermos durante cirugías que requieren anestesia general, escribió el autor del artículo, Harriet A. Cunniffe, un otorrinolaringólogo en James Paget University Hospitals NHS Foundation Trust en Reino Unido.
"No hay pautas nacionales establecidas sobre cómo deben manejarse las dentaduras postizas durante la anestesia", escribió Cunniffe, que añadió que muchos hospitales permiten que los pacientes se dejen puestos los dientes falsos hasta momentos antes de itubarlo.

No está claro por qué no extrajeron la dentadura del hombre durante la operación, en la que los médicos le quitaron un tumor benigno del abdomen, pero para cuando despertó, los dientes no estaban por ninguna parte, según informa el artículo. Creyendo que se había perdido en algún lugar del hospital, el electricista jubilado se marchó a casa y no volvió a pensar en ello, dice el artículo.
Seis días después, acudió a la unidad de emergencias del hospital.
Pero el tratamiento que le pautaron en su primera visita, no pareció hacer ningún efecto, explica la nota. A los dos días, tuvo que volver al hospital, esta vez, incluso con peores síntomas. Entonces, tal y como le contó a los doctores -con voz ronca y entrecortada-, no podía tragar su medicación y seguía tosiendo sangre. También le costaba respirar, especialmente cuando estaba acostado, lo que le obligaba a dormir sentado en su sillón.
Los doctores estaban preocupados de que hubiera desarrollado una neumonía por inhalar algo, y lo internaron en el hospital. Nuevos exámenes de su cuello no arrojaron nada extraño, hasta que una delgada cámara flexible registró sus tráquea y sus pulmones, y había irritación e hinchazón.
Cuando le contaron al paciente la presencia de un objeto sin identificar, recordó su dentadura postiza extraviada – una placa metálica con tres dientes frontales fijados. Una prueba de rayos X lo confirmó, y el hombre entró de urgencia en el quirófano, donde le extrajeron los dientes con un par de pinzas.
La recuperación del paciente, sin embargo, no fue sencilla.

En las semanas que siguieron, el hombre regresó al hospital múltiples veces todavía tosiendo sangre, explica el artículo. En una de las visitas, los doctores estimaron que había perdido 1.5 litros de sangre, cerca de tres pintas. En promedio, un adulto tiene entre nueve y doce pintas de sangre circulando dentro de su cuerpo, según Live Science.
La causa del sangrado era "un vaso arterial" en la garganta que se había oscurecido por el tejido que se formó sobre él durante el proceso de curación, apuntó el artículo. De nuevo, el hombre entró de emergencia en la sala de operaciones para reparar la arteria y aparentemente se recupera bien desde la intervención, recoge la nota.
Cunniffe, el autor del artículo, escribió que el caso del hombre "subraya importantes aprendizajes para los anestesistas, para el personal del quirófano, médicos de emergencia y cirujanos expertos en nariz y garganta", y apuntó, no es la primera vez que ocurre algo así.
Una investigación de 15 años recoge más de 80 casos en todo el mundo en los que las dentaduras postizas terminaron alojadas en las vías respiratorias del individuo. De esos 80 casos, en seis ocasiones esto ocurrió cuando la persona se encontraba bajo anestesia general, según una investigación publicada en 2016 en el Journal of Oral & Maxillofacial Research. En 1976, una mujer de 49 años murió después de que inhalara una parte de su dentadura cuando le colocaron un respirador en la garganta. Más recientemente, un hombre de 50 años tragó sus dientes mientras estaba sedado. Después, la dentadura pasó a su sistema digestivo, explica el artículo.

La experiencia del hombre británico también enfatiza otra lección importante para los doctores. "Escucha siempre a tus pacientes", escribió Cunniffe.
Si bien la radiografía del tórax y el análisis de sangre indicaron una infección respiratoria, las pruebas "actuaron como una distracción", escribió. Al mirar hacia atrás a los síntomas que el hombre presentó durante su viaje a la sala de emergencias, Cunniffe escribió que estaba claro que había entrado debido a un dolor de garganta y dificultad para tragar.
"Escuche la historia que le cuenta el paciente y no se distraiga con los resultados positivos de las investigaciones", escribió.
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