
(Sexo, Amor y Bienes Raíces)
Cuando Matt O'Brien se trasladó de Toronto a Los Ángeles en 2016, decidió vivir en Hollywood, con la esperanza de que él y su mujer, ambos comediantes, estuvieran en el centro de la acción.
Sin embargo, las endebles paredes de su edificio de departamentos de los años 50 los hacían presenciar otro tipo de acción: el sonido de sus vecinos de arriba mientras tenían sexo.
"Nos preguntábamos si éramos unos perdedores. Estamos aquí sentados jugando Scrabble, aclarándonos la garganta", comentó O'Brien, de 40 años, recordando una tarde en la que el sexo se extendió hasta el balcón que tenían encima.
Para muchos habitantes de las ciudades, escuchar a los vecinos es una molesta realidad de la vida urbana. La línea de ayuda no urgente 311 de Nueva York, por ejemplo, recibió 463.349 quejas por ruido residencial solo en 2025, según datos públicos.
Sin embargo, cuando el escándalo se vuelve XXX, las cosas pueden ponerse incómodas, por no decir enloquecedoras. Los residentes afligidos a menudo recurren a internet para desahogarse y compartir soluciones, que van desde publicar mensajes educados en notas adhesivas hasta poner a todo volumen "Baby Shark" hasta que se acabe el ruido.
Ya que no le hicieron caso a las quejas vecinales, O'Brien encontró consuelo en TikTok, donde compuso una cancioncita con la letra "Now you're having sex too loud" (Ahora están teniendo sexo demasiado fuerte), con la melodía de "In the Hall of the Mountain King" de Edvard Grieg. Muy probablemente, tu departamento es más culpable que tus lujuriosos vecinos. "En lo que respecta a las paredes, el problema está en las construcciones más nuevas y modernas", aseguró Ned Shatzer, consultor acústico de Nueva York y fundador de Hush Soundproofing. Mientras que los edificios antiguos se basaban en materiales sólidos y de alta calidad, como el ladrillo, las estructuras contemporáneas suelen estar hechas de materiales más endebles, como el Sheetrock, que puede permitir que las ondas sonoras y las vibraciones se desplacen con más facilidad. Los códigos de construcción establecen normas para el aislamiento acústico, pero pueden presentar zonas grises. Una construcción de mala calidad, unida al anonimato y a la libertad sexual que permite vivir en la gran ciudad, puede hacer que los propietarios e inquilinos sepan más de sus vecinos de lo que esperaban. Sarah Rosenberg, especialista en comunicaciones que vive en Nueva York, se encontraba en una propiedad de alquiler en East Village en 2010, cuando se mudó una nueva pareja. "Pensé que tenía las paredes más gruesas del planeta", comentó. Eso fue hasta que empezaron a tener sesiones maratónicas de sexo que empezaban a las 10 de la noche y se prolongaban hasta altas horas de la madrugada. "Me estaba volviendo loca porque no podía dormir", aseguró Rosenberg, de 49 años. Las máquinas de ruido blanco, los ventiladores y los tapones para los oídos hicieron poco por ahogar el estruendo. Tampoco sirvieron los golpes en la puerta ni las súplicas al casero. Incluso fingió tener conversaciones telefónicas en voz alta consigo misma, con la esperanza de que la pareja captara la indirecta. "Había silencio durante un segundo, pero no importaba", afirmó Rosenberg. Mantener relaciones sexuales, por supuesto, no es ilegal, pero crear una conmoción irrazonable podría suponer una violación de la "garantía implícita de habitabilidad", una doctrina legal que garantiza que los inquilinos y los accionistas de las cooperativas tengan pisos seguros y habitables. "Si estás interfiriendo de forma irrazonable en la capacidad de tener una vida pacífica, entonces tienes que cambiar tu comportamiento", dijo Adam Leitman Bailey, abogado inmobiliario de Nueva York que suele ocuparse de casos de ruido entre vecinos, incluidos los de naturaleza más íntima. Si te encuentras con un vecino amoroso, Leitman Bailey recomienda siempre empezar con una conversación cortés y en persona, en lugar de tácticas pasivo-agresivas. "Conseguirás más con miel que con un bate", señaló. Aun así, los clientes suelen estar desesperados cuando Leitman Bailey recibe la llamada. "Lo han intentado todo", comentó. "Las personas que tienen relaciones sexuales no lo hacen una vez al mes, ni siquiera una vez a la semana. Voy a decir, para que conste, que mi primer pensamiento es: 'Que Dios los bendiga'". En esos casos, una carta enérgica suele funcionar, recomendó Leitman Bailey. Si eso no funciona, implicará al propietario, a la junta de la cooperativa o a la junta del condominio. Rosenberg simplemente esperó; en su opinión, el alquiler era demasiado bueno para renunciar a él. El día que sus vecinos acabaron por mudarse, lloró "de alegría", relató. Muchos edificios residenciales, incluidas las cooperativas, exigen un 80 por ciento de moqueta para amortiguar el ruido, pero a menudo eso no basta para mitigarlo. Por eso algunos propietarios deciden llamar a Shatzer, consultor acústico, que insonoriza techos y construye paredes secundarias nuevas para amortiguar el sonido. "Lo abordamos desde todos los ángulos", aseguró. Para algunos, la paz y la tranquilidad valen la pena. Simone Justice, antigua dominatriz, veterana educadora de BDSM y psicoterapeuta licenciada, puso especial cuidado en insonorizar la mazmorra que dirigía en Los Ángeles a principios de la década de 2000, como forma de respetar a sus clientes y vecinos. Además de construir una pared secundaria, Justice (que pidió ser identificada por su nombre profesional por motivos de privacidad) instaló paredes acolchadas y cortinas de terciopelo e instituyó una estricta norma de no gritar. "En el mundo del BDSM, el consentimiento es fundamental", aclaró, y eso incluye, en su opinión, el ruido. La policía nunca recibió una queja, dijo. Hay más medidas de bricolaje que pueden tomar los residentes, como contratar a un encargado de mantenimiento para que cubra con masilla acústica las cajas de los enchufes eléctricos, típicas culpables de las fugas de ruido; invertir en una cama más pesada o en un cabecero acolchado; o respaldar la cama con un cojín de neopreno. Si alquilas y este tipo de estrategias no te ayudan, quizá sea mejor que te vayas. "No vale la pena invertir tanto dinero en una propiedad ajena", concluyó Shatzer. El ruido es una realidad molesta de la vida urbana. Pero cuando el estruendo alcanza niveles inaceptables, los vecinos pueden encontrarse en una situación incómoda. (Nicolas Ortega/The New York Times)
Últimas Noticias
Canadá se aleja de EE. UU. en su nueva expansión de gasto militar
Reportajes Especiales - News

Robert Duvall, actor camaleónico de 'El padrino' y 'Apocalypse Now', muere a los 95 años
Reportajes Especiales - Lifestyle
Cómo dormir con otras personas
Reportajes Especiales - Lifestyle

Cuatro pruebas para hacer en casa y saber si estás envejeciendo bien
Estas medidas no pueden garantizar tu salud futura, pero pueden indicarte la trayectoria en la que te encuentras

Los precios de las viviendas en Venezuela suben mientras venezolanos en el exterior evalúan comprar
Reportajes Especiales - Business



