¿Vale la pena hacer prácticas para ser influente?

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Especial para Infobae de The New York Times.

En septiembre de 2020, una nueva influente de TikTok llamada Audrey Peters consiguió su primera colaboración con una marca. Una cuenta llamada @Overheard le pidió que recitara fragmentos de conversaciones escandalosas en sus paseos por Manhattan grabadas con su teléfono celular. Pero al poco tiempo, Peters se quedó sin amigos dispuestos a seguirla con una cámara mientras recorría la ciudad.

Un colega creador de contenidos le sugirió a Peters, de 24 años, que buscara un becario no remunerado, alguien que pudiera apoyar su trabajo a cambio de experiencia. Esto sonaba perfecto. Peters había hecho prácticas gratuitas durante la universidad y lo consideró valioso. Así que hizo una historia de Instagram para anunciar la vacante de un puesto de medio tiempo sin remuneración.

La publicación no fue bien recibida. Se llenó de comentarios que la tachaban de clasista y la acusaban de aprovecharse de los demás. En retrospectiva, dijo, la descripción laboral no estaba completa: ella tenía previsto cubrir el transporte y las comidas de su becario y presentarle a sus socios de marca.

Aun así, en una entrevista telefónica en noviembre, Peters comentó: “Incluso después de que me metiera en problemas y recibiera tantas críticas, seguía recibiendo mensajes directos y correos electrónicos de gente que me decía: ‘Me encantaría trabajar para ti’”. Más de un año después, le siguen llegando solicitudes.

Tras una década de activismo laboral, demandas colectivas y legislación centrada en hacer que las prácticas en empresas sean menos abusivas, puede resultar difícil ver el atractivo de aceptar un puesto de este tipo (remunerado o no) con una celebridad de internet que trabaja por cuenta propia. Pero para las personas que crecieron en línea, pasan la mayor parte de su tiempo allí y que se dedican a compartir videos editados con cuidado y a intercambiar recomendaciones de productos, la oportunidad de aprender a ganarse la vida con su contenido puede ser atractiva.

En una encuesta realizada en 2019 por Morning Consult entre 2000 mileniales y miembros de la generación Z, el 54 por ciento dijo que se convertiría en influente si pudiera. Ahora, después de casi dos años que han alterado bastante la manera de trabajar y vivir de las personas, el atractivo de la libertad creativa y la flexibilidad (sin mencionar un mayor potencial de ingresos) puede ser aún más fuerte.

“Los jóvenes no quieren una vida corporativa. Quieren divertirse, estar en algo relevante, integrado en la cultura”, dice Gabe Feldman, de 26 años, jefe de desarrollo de negocio de Viral Nation, que representa a 300 influentes de todo el mundo.

Existen muchas formas de convertirse en influente. A veces es una feliz casualidad: un video se hace viral y las marcas lo solicitan. Algunos se gastan dinero en campamentos de capacitación y en bots para aumentar el número de seguidores, con la esperanza de que eso les ayude a hacerse notar. Otros van directamente a la fuente: le envían un mensaje de texto a su influente favorito para pedirle trabajo.

Por supuesto, este tipo de acuerdos puede tener sus inconvenientes, como los horarios extraños, el trabajo desestructurado, prestaciones limitadas y la responsabilidad. Por no hablar de los caprichos de los seguidores. “Digamos que trabajas con un influente y que le está yendo super bien en 2021 y, luego en 2022, su audiencia deja de crecer”, comentó Feldman. “Hasta ahí llegó el derecho a presumir”, agregó.

Luego está la cuestión del dinero. Feldman calcula que solo el 40 por ciento de los clientes de Viral Nation remuneran a sus becarios con una tarifa por hora, salarios o primas monetarias a cambio del trabajo que realizan. Para muchos jóvenes, que tienen deudas y se enfrentan a la inflación más alta de los últimos 30 años, resulta impensable regalar su trabajo.

En la actualidad, la mayoría de las empresas grandes les pagan a sus becarios, después de que en la década de 2010 salió a la luz que varias empresas de medios de comunicación y entretenimiento habían violado la Ley de Normas Justas de Trabajo. Pero las prácticas no remuneradas no son ilegales por defecto.

En 2015, un tribunal de apelación dictaminó que eran permisibles si el becario era el “principal beneficiario” de las prácticas. El Departamento de Trabajo enumera ahora siete criterios que un empleador debe cumplir para no ofrecer una remuneración, incluyendo un claro componente educativo y una descripción del trabajo que “complementa, en lugar de desplazar, el trabajo de los empleados remunerados”.

Nueva York y California también tienen criterios estrictos para los empresarios que quieran ofrecer prácticas no remuneradas. Una empresa debe pagar a sus becarios el salario mínimo y las horas extras si sustituyen a un empleado o realizan sus tareas. “Esto se debe a que hay mucho abuso”, dijo Anita K. Sharma, una abogada cuya firma tiene una gran lista de clientes de influentes en la ciudad de Nueva York y Los Ángeles.

“En el mundo de los influentes, las empresas pueden crecer muy rápido”, dijo. “Estoy abrumada, mi audiencia está creciendo con rapidez y necesito ayuda. Y la gente me manda mensajes: ‘Quiero aprender de ti y trabajar para ti’. Es la tormenta perfecta”.

Kalyn Johnson Chandler, que dirige una marca de artículos de papelería y estilo de vida llamada Effie’s Paper, dice que cuando su marca era pequeña, sus becarios recibían una tarjeta de metro y un almuerzo diario. Cuando creció, empezó a pagar “un verdadero estipendio monetario” de 15 dólares la hora.

Hala Taha, por su parte, considera que la experiencia es la remuneración más valiosa. Ella construyó su empresa, Young and Profiting Media, con la ayuda de unos 40 becarios y voluntarios desde 2018.

“Son oyentes de pódcast que preguntan cómo pueden ayudar o dicen que me admiran o que les gustaría poder entrar en el mundo de la creación de pódcast”, explica Taha, de 35 años. “Quieren ingresar en la industria de los medios de comunicación o en la televisión o la radiodifusión y les falta experiencia”, comentó.

En otoño de 2021 tuvo siete becarios, que le ayudaron en la redacción, la gestión de comentarios y la edición de videos. La mayoría recibió un estipendio mensual de 300 dólares por unas 15 horas de trabajo a la semana, unos 5 dólares la hora.

“Soy una maestra en redacción y en producción de video”, dijo Taha. “Así que al darles retroalimentación y comentarios en tiempo real, siento que ya he duplicado sus habilidades en un mes”.

“No me siento mal por no pagarles”, añadió.

Caitlyn Saw, de 21 años, hizo prácticas para Taha durante el verano de 2020 sin recibir ninguna remuneración. Durante unas 15 horas a la semana, gestionó las publicaciones sociales de Taha y revisó sus subtítulos en YouTube. Pudo aceptar el trabajo porque vivía en casa y trabajaba medio tiempo en una agencia de publicidad.

“Hice dos prácticas no remuneradas antes de la de YAP. Estaba acostumbrada a no cobrar. Obviamente no es lo ideal, pero creo que sus prácticas tienen mucho valor”, dijo Saw.

Katie Welch, directora de mercadotecnia de Rare Beauty, de 44 años, que da sus propios consejos profesionales en TikTok, afirma que hacer prácticas para un influente podría ser un “gran lugar para empezar tu carrera”, en especial si te dedicas a la mercadotecnia o a las relaciones públicas. Pero también aconsejó precaución: “Lo que le diría al becario es: ‘¿Te pagan y te tratan de manera justa?’”.