
La pregunta siempre estuvo presente desde muy pequeña. Las ansias y anhelo por descubrir qué había en el lugar que la vio nacer y conoce a su madre biológica era algo que tenía muy en claro Janinna Lausmann. Es por esa razón que no dudó en venir a Perú sin siquiera tener las pistas 100% claras. Solo sabía que aqui encontraría sus raíces, gracias a un certificado de adopción.
Alistó sus cosas junto a su padre adoptivo y en el 2011 partieron desde Alemania a Perú para tener probablemente uno de los encuentros más emotivos de toda su vida.
Hurgando en la raíz biológica
Su mente no guardaba ningún recuerdo de pequeña, ya que fue dada en adopción con solo seis días de nacida.
“Quiero saber de dónde soy, mis raíces, de dónde soy y por qué me dejó ir, ¿cuáles fueron sus razones? Quiero saber si tengo hermanos o hermanas y dónde está toda la familia. Quiero saberlo todo”, dijo Janinna Lausmann en Perú y frente a las cámaras de Día D.

Y así emprendió su recorrido en tierras lejanas para ella. Fue a la maternidad de Lima, pero solo pudo saber que aquel día la persona que había dado a luz era una persona indocumentada. No se sabía más que el nombre brindado para atenderla. No había direcciones, ni referencia alguna, pero eso no significó impedimento alguno para la joven alemana. Se aferraba cada vez más a aquel documento en el que estaba el nombre de su madre biológica, Amelia Valencia Juárez.
“Yo pienso que era pobre y tuvo una vida muy dura y por eso me dejó ir”, añadió Lausmann.
Su caso llegó a las manos de uno de los peruanos más famosos en búsqueda de personas, David Nostas. Su apoyo fue fundamental, ya que el peruano cuenta con experiencia en el tema. Hizo lo suyo y logró ubicar a una persona con los mismos apellidos que la madre biológica. Se trataba de Perseveranda Valencia Juárez, que para el 2011 tenía 44 años.
¿Ella era familiar de su madre? No lo sabía, nada era seguro, pero no perdían nada al intentar buscarla.

Las pistas hicieron que la indagación y todo el equipo se dirija hacia Villa El Salvador, donde recibirían una buena noticia.
En este distrito vivía Ofelia Duque, quien es prima de la familia Valencia Juárez. El encuentro entre madre e hija cada vez estaba más cerca.
Ofelia confirmó el parentesco entre Perseveranda y Amelia y además, sostuvo que no veía hace un buen tiempo a su prima y que esta última no veía hace más de 30 años a sus padres, es decir, a los abuelos biológicos de Janinna Lausmann.
Dos fotografías mostraron el rostro de Amelia, y es así que continuaron con la búsqueda. Había más pistas, ya nada parecía imposible.
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El reencuentro entre madre, hija y abuelo
Ofelia contó un poco de la trágica historia que vivió Amelia. Se trataba de una persona de más de 40 años que había migrado a Lima desde Piura con tan solo 14 años.
El equipo de David Nostas y Día D llegó hasta Mangomarca en San Juan de Lurigancho. Ofelia los acompañó, Janinna no estuvo en ese primer encuentro.
Encontraron a Amelia, quien vivía en un humilde hogar, lleno de botellas de plástico, pues se ganaba la vida reciclando.

“Me ha llegado un correo de Alemania de una niña que ahora es una mujer de 26 años aproximadamente”, le dijo Nostas a Amelia Valencia.
El desconcierto en su rostro, seguido de un “sí” pensativo, demostró que la mujer sabía de quién le hablaban. El llanto y el pesar no tardaron en invadirla, pues se trataba de la pequeña que alguna vez tuvo en brazos y que por cosas de la vida dio en adopción.
“Yo quisiera que me perdone. Quizás yo no he tenido momentos (instrucciones) de cómo criarla o atenderla”, manifestó en medio de sollozos.
Pasaron unos minutos y el esperado encuentro se dio.

Janinna bordeaba la esquina de aquella precaria casa, su rostro mostraba la emoción. Al llegar a la puerta que estaba junta se tocó el corazón. El momento había llegado.
Abrió la puerta, vio a su madre, la abrazó y juntas lloraron abrazadas.
“Perdóname hijita”, repetía a cada rato Amelia, mientras Janinna le decía que no había ningún problema en inglés. Este mensaje fue comunicado en español a la acongojada madre.

Conoció al padre adoptivo de aquella joven de 26 años que le decía mamá y no dudó en agradecerle por la atención y el cuidado que le dio a Janinna.
Esa tarde se despidieron, pero al día siguiente se volvieron a ver. Esta vez Amelia volvería a ver a su padre luego de más de 30 años.
La joven alemana fue quien visitó en Piura a sus demás familiares y llegaron de sorpresa hasta Mangomarca. Amelia no podía creer lo que veía. Corrió a los brazos de su padre y comenzó a llorar.
Se refugió en sus brazos, tal como lo haría una niña pequeña después de una caída. Su triste mirada reflejaba todo el dolor y ausencia que cargó sola con tres hijas.

Perseveranda, su hermana, también la abrazó, aunque al inicio no la reconoció por todos los años que habían pasado.
Estaba toda la familia reunida, el sueño de don Gregorio Valencia y Amelia se hizo realidad. Almorzaron juntos, se tomaron fotos, se abrazaron y finalmente, Janinna prometió aprender español para conversar de forma más fluida con su familia biológica.
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