Cómo un divorcio cambió la vida de Nati Saal: del miedo a empezar de nuevo al descubrimiento del amor real

En Ellas, habló sobre el vacío emocional que atravesó durante su matrimonio, el proceso de reencontrarse consigo misma tras la separación y cómo la terapia, la familia y la independencia económica fueron claves para reconstruirse. Además, reflexionó sobre la presión social antes de los 40, los mandatos alrededor de la maternidad y la importancia de animarse a vivir una vida más auténtica

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Ellas - Nati Saal
Dos mujeres sentadas en sillones de tela clara, una a cada lado de una mesa pequeña con dos micrófonos. El fondo es de cortinas azules y negras. Hay una alfombra clara en el suelo
“No tenía un mango y me fui igual”: la decisión de Nati que cambió por completo su vida. (Maximiliano Luna)
Una mujer de cabello castaño y blusa oscura sentada en un sofá claro, mirando hacia la derecha, con un micrófono de estudio a su izquierda y cortinas de fondo
Nati contó cómo tocó fondo tras separarse: “Me veía en un pozo y no encontraba la salida”. (Maximiliano Luna)
Nati Saal, mujer de cabello castaño y blusa oscura, sentada en un sofá blanco. Un micrófono de podcast se ve a la izquierda. El fondo son cortinas negras y azules
Nati Saal: “Hoy es el día más joven del resto de tu vida”. (Maximiliano Luna)

“Separarte no está mal en ningún aspecto de la vida. Ni a ninguna edad. Hoy es el día más joven del resto de tu vida. A mí esa frase me queda grabada”, sostuvo Nati Saal al recordar el proceso que atravesó tras su divorcio y el desafío de reconstruirse emocionalmente.

Licenciada en Diseño de Indumentaria y Textil, referente de moda e influencer, Natalia Saal fue una de las pioneras del contenido fashion en redes sociales en la Argentina y construyó, a lo largo de más de una década, una comunidad de más de 700 mil seguidores. En los últimos años, además de compartir contenido vinculado a la moda y el amor propio, comenzó a mostrarse desde un lugar más íntimo y auténtico, hablando abiertamente sobre salud mental, ansiedad, vínculos, divorcio y reconstrucción personal.

Su historia, marcada por la decisión de empezar de nuevo a los 33 años, atravesó etapas de soledad, reencuentro familiar y una nueva mirada sobre el amor, la libertad y la importancia de volver a encontrarse con uno mismo.

https://www.instagram.com/natisaal/

https://www.instagram.com/natisaal/

— Hace muchos años que te dedicas a las redes, pero te mostras muy real. ¿En qué momento sentís que hiciste como ese clic en esto de mostrarte así?

—Yo creo que mi clic más grande fue en simultáneo con dos cosas que me pasaron importantes. Una es la pérdida de mi mascota, que estuvo tres años conmigo, Hugo. Y, por otro lado, mi divorcio, que fue como mi despertar, en realidad. Uno sigue adelante y es mi gran aprendizaje de vida. Pero sí fue mi cambio de vida también, en entender que la vida pasa por un montón de otros lados y animarme a dar pasos que antes veía inviables.

—¿Como cuáles, por ejemplo?

—Cuando estaba casada, estaba muy cómoda y yo siempre hago referencia a que a veces nuestra zona de confort es la más incómoda de todas. O sea, pensar que estás cómoda donde estás y en realidad estás más incómoda que nunca. Yo, por ejemplo, no era feliz. Entonces, dar ese salto, dar ese cambio y tratar de encontrarme, fue un paso enorme. Porque muchas veces nos perdemos en todo eso, ¿no?

—¿Pero vos advertías que vos no estabas siendo feliz?

—Era consciente de que no estaba siendo feliz. Sí, 100 % porque llega un punto que aunque uno lo niegue, es tu vida, es tu día a día. Te despertás y no tenés inspiración, no querés hacer nada, nada te motiva a nada. Ni el trabajo, ni estar con tus amigas, ni viaje, ni las cosas materiales, porque a veces uno se refugia en cualquier cosa para intentar ser un poco más feliz. Y la realidad es que yo me sentía vacía. Entonces tuve que empezar de cero mi vida. Cuando yo hablo de empezar de cero, no hablo desde sin nada material. Empezar de cero conmigo misma, perdonarme, dejar culpas de lado, reencontrarme con mi familia, reencontrarme con mis amistades, reencontrarme con qué es lo que me gusta del trabajo, qué quiero hacer, qué quiero ser y quién quiero ser.

—¿Qué fue lo más profundo que te reprochaste en ese momento?

—Creo que el no haber salido antes de donde tan mal estaba. Desde mi vida de hoy, que me siento mucho más tranquila y en paz, siento que podría haber evitado un montón de cosas. Pero a la vez es como todo eso que pasé era mi proceso, era un proceso que necesitaba atravesar para poder estar bien. Para mí la paz y la tranquilidad con uno mismo, no se negocia con nada.

— A veces uno se deja de lado y se relega. Vaya a saber por qué, porque vos recién mencionabas: “Yo sabía que no era feliz. Estaba cómoda”.

—¿Sabés qué pasó, Luli? A veces estás en una relación que la estás pasando mal y tu entorno también la empieza a pasar muy mal porque te están viendo mal y porque eso repercute todo alrededor tuyo. Es como muy pesado. Entonces también a mí me pasó que llegó un día que yo dije: “Tengo que salir de esto sí o sí”. O sea, no puedo estar más en este lugar y por suerte salí de ese lugar que no me hacía bien.

— Estuviste 13 años casada, ¿te pasó en algún momento, una vez que lograste irte por comodidad, costumbre o cariño, decir: “No era tan grave”?

—Lo vos decís es clave y sobre todo para la gente que está mirando del otro lado.

—Porque ahí se comete el error de volver.

—Para mí son procesos y son cambios reales que nos pasan a todas las personas, que en un momento en que vos dejás una relación o un vínculo, el cual te acompañó en procesos de tu vida, pueden ser cortos, largos, pero seguramente en algún proceso de tu vida estuvo, en el mío fueron muchos años, es como que en ese momento, sí te llenás de dudas reales, porque en mi caso yo vivía acompañada de una persona y mi rutina, me guste o no, era al lado de esa persona. Entonces, encontrarte con vos misma en una situación completamente distinta, salir a la vida desde otro lado, con otra mirada, me parece que desde ese lado uno siempre va a dudar en: ¿me tendría que haber ido o no? Pero la respuesta está dentro tuyo. O sea, el por qué lo hiciste, ya está.

—Internamente, si tenías que volver a ese lugar, encontrabas siempre la misma afirmación: “No quiero estar más acá”.

—Sí y algo que es muy importante es aprender a escucharnos, a hablar de lo que nos pasa con liviandad. Separarte no está mal, en ningún aspecto de la vida.

—Ni a ninguna edad.

—Hay mucha resignación en el divorcio de para qué lo voy a hacer ahora. Si ya tengo 50 años, ¿para qué me voy a divorciar? Y para mí fue muy importante y una de las cosas que más conecté con mi comunidad a la hora de compartir esto fue la libertad financiera, que muchas veces las mujeres, vivimos a veces sin tanta libertad y eso nos retiene mucho a no alejarnos o no separarnos.

—El miedo a no voy a poder, a no voy a poder económicamente. Vos contaste en tu proceso muchas veces esto de: “No tenía un mango, me fui igual”.

—Sí. Ppor suerte yo tenía mi familia que estaba atrás mío y me fui a vivir a lo de mis papás feliz de la vida. Uno estigmatizas tanto el: “Voy a volver para atrás”, que en realidad para mí fue ir para adelante. Lo vi como ir para adelante y reconectar con mis papás desde otro lado. Y ese amor que para mí, solo me lo daban mis papás y yo necesité eso y me hizo bien. Realmente necesitaba a mi familia. Por suerte la tuve. Para mí fue lo más importante y lo que más me ayudó y me salvó a poder salir adelante. Con el tiempo, de repente fue como “bueno, necesito encontrar un lugar para vivir sola y aprender a vivir sola”. Porque yo me fui a vivir con otra persona, no me había ido a vivir sola nunca. Y empecé a sacarle provecho a eso de empezar a vivir sola, empezar a resolver las cosas sola.

—Es que uno no solo termina una relación de pareja, hay un montón de patrones que están ahí.

—Sí y el tema de la edad te lo va marcado. Yo tengo 39 años y cumplo 40 en un mes. Y es tengo una revolución de un montón de cosas que de verdad me pasaron este último año, en donde empecé a replantearme también cuántas cosas nos pasan por la edad que tenemos, que llega un punto que decís: “Bueno, voy a cumplir 40 años”.

—La mitad de la vida…

—Y tengo que haber logrado esto o tendría que estar en este lugar, tengo que decidir sobre esto o no. Yo no tengo hijos y nunca fue algo que pensé en mi vida. Entonces, de repente llegás a los 39 años y todas tus amigas están como en una búsqueda o están embarazadas o tienen hijos, y yo no, a mí me tocó otra cosa, que es que mi pareja tenga hijos, que los amo. Y en un momento dije: “Bueno, tal vez lo que me tocaba a mí en mi vida era esto.

—¿Sentís que son “replanteos” y que hay más un apuro social por tener ciertas cosas resueltas a esta edad? ¿O realmente se despertó algo en vos ahora, en esta nueva etapa de tu vida, enamorada y recién casada?

—A mí me encanta conectar con la gente, charlar y ver sus historias de esto también. Me llegan, no sé por qué, siempre de búsqueda de la maternidad y el deseo que quizás lo tienen de toda la vida. A mí nunca me pasó eso y eso que soy una persona muy familiera, que a veces digo: “Es raro que nunca me haya nacido como ese deseo feroz de maternar”. Y hasta me lo planteo y lo trato con el psicólogo. O sea, realmente es un tema que para mí siempre fue como algo que me quedó como para seguir analizando. Y un poco esto que también vos decís que quizás no había tenido ninguna relación estable y de amor real…

—Qué increíble ver eso, ¿no? Después de una relación de tantos años.

—Sí, tal vez. Y a veces pienso: ¿será tarde para hacer algunas cosas en la vida? ¿O nunca es tarde? ¿O sí, por una cuestión biológica? ¿Cuánto tiempo más tengo para decidir algo que, quizás, sentís que tenés que definir ya, aunque no quieras hacerlo en este momento? Antes sentía que era egoísta en no querer ser madre. Egoísta conmigo misma, ¿eh? No con mi pareja, ni con mi familia, ni con lo social, digamos. Y me lo reprochaba, pero ¿por qué no? ¿Cómo me estoy tratando a mí misma por no querer esto y cómo me va a ver el de afuera por no querer esto? Porque muchas veces pasa eso, que te preguntan ¿por qué no querés?

—Mostrás un vínculo muy lindo con tu madre, ¿has hablado de esto con ella?

—Sí, un montón. Lo que pasa es que ya no me habla del tema porque sabe… Lo que pasa es que su sueño de la vida era ser madre. Siempre cuenta que me tenía a mí, yo era su muñequita y creo que yo le hice cambiar mucho la mente a mi mamá, en el sentido de que imaginate, mi mamá con la única persona que estuvo en su vida fue con mi papá. Tienen 63 años y están desde los 18 años juntos. Nunca se separaron, tienen un vínculo hermoso, que de hecho fue mi trampolín para divorciarme, porque yo veía la relación que ellos tenían y yo decía: “Yo no tengo esto”. Pero no por comparar, sino porque veía cómo se miraban, cómo se hablaban, cómo se respetaban, se acompañaban y yo no tenía eso, que para mí era algo básico que tenés que tener en una relación.

— Lo que decís es espectacular, porque es el ejemplo en vivo de cómo aprendemos el amor y también es un buen punto de partida para mirar la propia historia y preguntarse: “¿Esto se parece a lo que me enseñaron que era el amor?”

—Ahí empezó como mi búsqueda. Cuando me divorcié estuve muchos años sola, como cuatro o cinco, y realmente fue como, bueno, pandemia en la mitad, y fue una búsqueda interior enorme. De verdad necesitaba estar y conectar conmigo por esto que se decía antes de que yo estaba perdida. Me acuerdo una vez, hablando con mi coach, en 2019 y decirle la frase: “Yo me siento en un pozo que no puedo salir, pero me estoy viendo en un pozo y no veo la salida”. Yo no veía el poder estar bien. En ese momento no lo veía. Me costó mucho tiempo de soledad, de perdonar, de dejar la culpa de lado y de empezar a trabajar en mí y empezar a reencontrarme con esa persona, de recordar los sueños que tenía de cuando era más chica, de qué aspiraba, de enfocar mi energía en el trabajo, de enfocar mi energía en mis amistades, en mi familia y a mí. No estaba interesada en conocer a nadie. Es como yo necesitaba conectar conmigo misma. Aparte fui de esas personas que toda la vida tienen novio. Desde los 14 años en pareja, una relación muy tóxica la primera, mal. De ahí me costó salir muchísimo. Salí con uno, con otro. Estuve siempre novia, noviera, casada. Y de repente dije: “A los 33 tengo que empezar mi vida”, pero parada desde otro lugar. Es un proceso lógico y hoy te digo: estoy bien, soy feliz, tengo tranquilidad, tengo paz, estoy acompañada, tengo una familia linda, tengo salud, trabajo de lo que me gusta, ¿qué más puede pedir uno? La realidad es que sí me siento bendecida de lo que tengo alrededor mío. Pero para llegar a eso tuve que atravesar un montón de cosas en las que no las pasé bien. El encontrarme a mis 33 años fue mucho más que haberme divorciado. Fue una historia que quizás yo venía acarreando desde mucho más chica, de otras relaciones que había vivido. Fue como: desde acá arranco otra vida, la vida que yo quiero.

—Cómo uno puede desdibujarse tanto por un vínculo que no va, ¿no? Si hoy pudieras tomarte un mate con esa Nati de 2019, sabiendo todo lo que vino después, ¿qué le dirías? ¿Qué consejo le darías para salir de ese pozo?

—Creo que la vida es un proceso y si uno puede tomar eso que está viviendo como su mayor aprendizaje de lo que te está pasando hoy, tenés que aprender de esto, de lo bueno y de lo malo, y saber que mañana no vas a estar bien, pero que de acá a un tiempo vas a estar contenta por lo que hoy empezaste. Eso para mí es la clave para todo. Algo que me ayudó mucho es no comparar mi vida con la de nadie. Y eso también le digo a la gente del otro lado, no comparar mi proceso con el que está viviendo alguien desde del otro lado, porque no hay mejor o peor, o más difícil o más fácil. Cada uno tiene su historia. Me casé, por segunda vez. Creo en el amor. Lo que nos pase de acá al futuro uno no lo sabe, es totalmente incierto. Pero sí soy consciente de que elegí un gran hombre al lado mío, un gran padre, un gran hijo, un gran compañero y me enseñó muchas cosas. Pero por sobre todo, es la persona que más confía en mí y siempre acompañándome. Pero no tapándome, acompañándome.

—Hay algo que vos decís en esto de va a llegar el que te acepta como sos, el que no te quiere cambiar, el que se ríe con vos, y qué increíble que uno destaque eso como un baluarte, cuando debería ser siempre así.

—Pero pasa mucho y a veces no nos damos cuenta para nada. Pero estamos con gente que nos quiere cambiar, que quiere que seamos como a ellos les gustaría que seas. Entonces de a poco van transformando ciertas cosas y eso para mí te genera mucha inseguridad. A mí me pasó y te terminás perdiendo. Ahí fue que yo me perdí y dije: “Me tengo que volver a encontrar conmigo misma”. Porque no sabía ya quién era y no me gustaba lo que estaba siendo. No estaba priorizando cosas que para mí hoy son esenciales, como la familia. Estaba totalmente perdida. A veces estás con parejas que, para mí no es a propósito, pero te van diciendo: “No me gusta esto”, entonces lo terminás cambiando. Cuántas veces pasa que dejás de vestirte de cierta forma, dejás de, de conectar con amigas porque a quizás el otro no le gusta o no quiere…

—De hablar de cierta manera.

—O de viajar o cualquier cosa.

—Todo puede ser corregido, parece.

—A veces estás embalado o te enamorás o creés que te enamorás y te terminás perdiendo en los deseos ajenos. Pero uno va aprendiendo.

—Hace un rato dijiste: “El mes que viene cumplo 40 años”. ¿Cómo te gustaría vivirlos? ¿O qué te imaginás?

—Siento que es superimportante esto de hacer lo que uno tenga ganas de hacer, porque después te vas a arrepentir de no hacerlo. Y hoy es el día más joven del resto de tu vida. A mí esa frase me queda grabada y siento que es como algo que todos tenemos que entender. Si hoy pensás que estás tarde, estás temprano todavía para todo el resto de lo que podés vivir y hacer. Y también siento que no hay edad para ser feliz. ¿Quién dice que está mal, en realidad, encontrar el verdadero amor a los cuarenta? ¿Por qué lo tengo que encontrar a los veinte? Creo que ahí está el tema social.

—Sobre todo si a los cuarenta estás mucho más plantada que a los veinte.

—Pensamos que a los veinte tenés que saber qué querés estudiar, dónde querés vivir, con quién te querés casar, si querés tener hijos o no. No, a los veinte no sabés eso (risas). No es que nos damos cuenta tarde. Mi mayor deseo para las mujeres que están mirando y escuchando del otro lado es que se animen a hacer eso que en este momento les está resonando, ese cambio que quizás no se animan a hacerlo. Nada es tan grave. Si están en este momento vivas y sanas, pueden hacer lo que quieran de sus vidas, que sean ustedes la mayor motivación para otras mujeres. Y algo que me gustaría también decir es que estaría buenísimo que entre todas las mujeres empaticemos más, nos digamos más cosas lindas y nos apoyemos más. Pero no lo digo también como algo soñador sino como algo real, porque en definitiva creo que nosotras juntas podemos contra cualquier cosa y desde mi lado me encanta poder, al menos mi granito de arena, compartiendo mi vivencia, que puede ser para algunos mucho, para otros poco, pero es motivarlas a que sean felices y que hagan realmente lo que quieran.

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