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Todas las mañanas en el asilo Alexa, de Dresden, varias mujeres de pelo blanco, algunas en sus andadores, con coloridos delantales de nylon, cortan vegetales que han conseguido junto a un cartel de la tienda Kaufhalle, de Alemania del Este. Luego lavan los utensilios en un fregadero metálico de la década de 1960; luego descansan mientras escuchan en la radio "Alt wie ein Baum" y otras canciones alemanas antiguas. A la tarde, algunas van al Intershop, un comercio elegante de la era comunista.

Poco tiempo antes algunas estaban tan afectadas por el Mal de Alzheimer que apenas si se levantaban de la cama.

Pero un hallazgo accidental señaló al director de Alexa, Gunter Wolfram, un tratamiento posible para ayudarlas a sentirse mejor.

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Los pacientes con distintas formas de demencia senil suelen perder la capacidad de estructurar sus vidas, ya que apenas si saben quiénes son y quienes los rodean. Tienen, sin embargo, una buena memoria de largo plazo.

Un día Wolfram llevó una motocicleta de Alemania del Este. Las pacientes la reconocieron y comenzaron a hablar de las características de la Troll, un vehículo muy popular en la década de 1960. Recordaron viajes que habían hecho en la moto. Recordaron amigos que tenían una Troll.

Wolfram comenzó a buscar memorabilia para llevar al asilo: viejas radios, pasaportes, secadores de pelo, cajas de detergente Spee, escribió Rick Noack en The Washington Post. "Los puso en una 'habitación de la memoria', que también presentó un pequeño supermercado, una sala tradicional y sillas cómodas".

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Pronto observó que algunas pacientes comenzaban a recuperar autonomía. Comían más, tomaban más agua, usaban el baño solas. "Mostraron capacidades que no tenían antes", dijo al periódico estadounidense. Como la gente con Alzheimer no pierde los recuerdos antiguos, la terapia novedosa los distrae del hecho de que no recuerdan lo que hicieron hace diez minutos y les permite recuperarse a sí mismos en aquello que sí pueden identificar como parte de sí.

Muchos centros de atención a pacientes de distintas formas de demencia senil les brindan elementos de sus trabajos pasados como forma de estimularlos, pero Alexa es el primero que construyó una era histórica completa.

Fue más allá de Good Bye, Lenin!, la película de Wolfgang Becker sobre una comunista feliz que entró en coma antes de la caída del Muro de Berlín y despertó poco después, a la que su hijo trata de evitarle el choque de la realidad recreándole la vida que ya no existe. En Alexa ya hay una habitación con decoración de la década de 1970 y pronto habrá otra con la de 1980, a cuyo fin se reunificó Alemania.

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"Para que el experimento tuviera éxito, las enfermeras más jóvenes debieron aprender más sobre la República Democrática Alemana (RDA), así podían hacerse pasar de manera verosímil como habitantes de una era que nunca conocieron", escribió Noack.

Aunque más de 100.000 germano-orientales trataron de escapar de la RDA desde 1961, cuando se construyó el muro que todavía adorna una pared en Alexa, y 1989, y unas 270 personas murieron mientras trataban de lograrlo, otras personas tienen recuerdos positivos de aquellos años. Además, para las pacientes representa su tiempo de juventud, sus años de amor y de trabajo.

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Wolfram ni siquiera les presta atención a quienes lo critican por glorificar los años del comunismo: por un lado, sus pacientes mejoran; por otro, no necesita que le expliquen cómo fueron, ya que él nació en la RDA y la pasó muy mal cuando su familia pidió permiso legal para emigrar a Berlín Occidental.

"Estas viejas actividades rutinarias en compañía de otras mujeres, en un ambiente familiar, realmente hacen que nuestras residentes se sientan mucho mejor", dijo a la agencia AP. "Para ellas se ha convertido casi en un trabajo: pasan toda la semana con un nuevo sentido de propósito".

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