
Una investigación publicada en la revista científica Environmental Research: Health determinó que uno de cada tres habitantes del planeta reside en zonas donde el calor extremo impide realizar actividades cotidianas con normalidad. El trabajo, liderado por científicos de la ONG ambiental The Nature Conservancy y divulgado por el diario británico The Guardian, analizó siete décadas de datos y marcó 2024 como el año con mayores restricciones para la vida diaria debido a las altas temperaturas.
El estudio comparó las limitaciones de vivibilidad en dos periodos temporales —1950–1979 y 1995–2024—, utilizando datos globales y regionales de población, temperatura y desarrollo humano. Los autores midieron la “capacidad de sobrevivir” a partir de la capacidad de realizar actividades físicas expresadas en METs (equivalentes metabólicos).
Una temperatura es considerada manejable cuando personas menores de 65 años pueden realizar hasta 3,3 METs —como barrer el piso o caminar a paso moderado— sin estrés térmico durante periodos prolongados. En contraste, las “limitaciones invivibles” restringen la actividad a solo 1,5 METs, es decir, tareas principalmente sedentarias como permanecer sentado o acostado.
Para determinar la vulnerabilidad por edad, el equipo empleó mediciones de sudor y humedad de la piel en cámaras de calor controlado. Los investigadores hallaron que las restricciones crecieron de manera sostenida. Para los adultos mayores de 65 años, el estudio calculó que el promedio anual de horas en las que el calor impide de forma segura la actividad al aire libre pasó de 600 en 1950 a 900 en 2024.

Esta estimación se basa en la aplicación de umbrales fisiológicos de tolerancia al calor a datos históricos de temperatura y población, lo que refleja condiciones reales de exposición ambiental y no solo resultados obtenidos en laboratorios controlados. Aunque las consecuencias afectan también a personas jóvenes y saludables, resultan mucho más graves para quienes superan esa edad.
Los investigadores atribuyeron la expansión del fenómeno al uso sostenido de combustibles fósiles y advirtieron que cada incremento adicional en la temperatura global amplía la población expuesta y el tiempo de riesgo.
Desigualdad y regiones más afectadas
La investigación subrayó que el impacto del calor extremo recae sobre todo en países y regiones con menos responsabilidad histórica en la crisis climática. Las zonas con mayores dificultades comprenden el suroeste de Asia —como Bahréin, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Irak y Omán—, el sur de Asia —destacando Pakistán, Bangladesh e India— y sectores de África Occidental, incluyendo Mauritania, Mali, Burkina Faso, Senegal, Djibouti y Níger. El estudio identificó que, en algunas áreas tropicales y subtropicales, los adultos mayores enfrentan restricciones de actividad durante un cuarto a un tercio del año.
En cada país se observaron variaciones ligadas a geografía, nivel de ingreso y tipo de empleo. En India, las limitaciones resultaron más intensas en la llanura indo-gangética y las tierras bajas del este, mientras que en América del Sur, las poblaciones de la cuenca amazónica se mostraron más vulnerables que las de las tierras altas andinas.

En muchos países del Golfo, la protección frente al calor depende del nivel socioeconómico. Mientras las personas con mayores recursos acceden a sistemas de refrigeración, los trabajadores migrantes quedan expuestos a la radiación solar en actividades como la construcción y el trabajo al aire libre, lo que incrementa los riesgos de salud.
Un informe de 2025 de la Organización Mundial de la Salud (WHO) y la Organización Meteorológica Mundial (WMO) aporta nuevas dimensiones sobre cómo el calor extremo afecta a quienes trabajan al aire libre o en condiciones de exposición prolongada. Ambos organismos precisaron que los trabajadores manuales de sectores como la agricultura, la construcción y la pesca figuran entre los más expuestos al calor extremo. Estas organizaciones calcularon una caída de la productividad laboral del 2% al 3% por cada grado por encima de los 20°C (68°F) y reportaron que más de 2.400 millones de trabajadores estuvieron en riesgo, con más de 22,8 millones de lesiones laborales por calor cada año.
Evolución y respuestas
El análisis liderado por la ONG indica que la superficie y la cantidad de personas afectadas no dejaron de crecer en los últimos años. Las restricciones más severas se concentraron en 2024, el último año registrado por el estudio. La WHO y la WMO confirmaron que ese año registró temperaturas máximas superiores a los 40°C (104°F) y, en ocasiones, por encima de los 50°C (122°F), lo que consolidó un récord histórico y evidenció la magnitud del desafío global.
Los autores del estudio enfatizaron la urgencia de abandonar el uso de petróleo, gas y carbón, y de canalizar recursos hacia las comunidades y grupos más afectados. Recomendaron el desarrollo de sistemas de alerta temprana, infraestructura de enfriamiento y medidas de protección para adultos mayores y trabajadores al aire libre. Advirtieron que las inversiones locales no reemplazan la necesidad de limitar el calentamiento global.

En línea con este enfoque, los organismos internacionales recomendaron la elaboración de planes de acción específicos para sectores y regiones, la educación de empleadores y trabajadores sobre los riesgos del calor, la colaboración entre sindicatos, autoridades y expertos en salud, y la adopción de tecnologías que protejan la salud y mantengan la productividad.
El diario británico recogió el testimonio de Luke Parsons, autor principal de la investigación, quien señaló: “Cientos de millones de personas ya no pueden realizar sus actividades diarias al aire libre con seguridad durante las horas más calurosas del año”.
Parsons remarcó que la mayoría reside en países con baja responsabilidad en la crisis climática y advirtió: “Cada fracción de grado adicional de calentamiento expandirá estos impactos”. El científico consideró que 2024 representó un anticipo de un mundo 1,5°C más cálido respecto de los niveles preindustriales y que la experiencia debería fortalecer la voluntad colectiva para evitar un escenario de 2°C o más.
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