
La ciencia está en alerta porque en las últimas temporadas los bosques de toda Europa sufren cada vez más el calor y la sequía en verano. Se están oscureciendo y, a veces, incluso mueren.
Investigadores del Departamento de Ciencias de Sistemas Ambientales perteneciente al Instituto de Ciencias Atmosféricas y Climáticas de ETH Zürich y el Instituto Federal Suizo para la Investigación de los Bosques, la Nieve y el Paisaje (WSL), hemos publicado un nuevo documento en la revista Biogeociencias de la Unión Europea de Geociencias, para mostrar cómo las condiciones climáticas extremas durante varios años favorecen el oscurecimiento de los bosques.
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Como si ya fuera otoño en julio, cualquiera que caminara por los bosques suizos o alemanes en el verano de 2018 podía ver literalmente cómo el clima cálido y seco en Europa central estaba afectando a los árboles. Las píceas y las hayas, en particular, se marchitaron prematuramente, se volvieron marrones y estaban bajo estrés constante. Desde entonces, han seguido otros veranos en los que los bosques de toda Europa se han vuelto ocres. El análisis del equipo de ETH Zurich fue sistemático sobre todos los eventos de este tipo de pardeamiento prematuro en los bosques templados y mediterráneos de Europa durante los últimos 21 años (2002 a 2022).
Para hacerlo fueron utilizados datos satelitales de alta resolución para identificar eventos de reducción generalizada del verde forestal durante el verano. La reducción de este color es un signo de disminución de la vitalidad y la aparición de estrés en el bosque, y también se utiliza como indicador de la muerte regresiva de las especies. Los resultados confirmaron observaciones anteriores: el pardeamiento de verano se ha extendido por toda Europa. Especialmente los bosques de templados se han oscurecido mucho y en una amplia zona en los últimos cinco años.
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En la región del Mediterráneo, este tipo de fenómenos a gran escala ya se han producido varias veces desde 2003. En este análisis certificamos también por primera vez el verano récord de 2022 y sus consecuencias para los bosques europeos. El verano más caluroso registrado hasta el momento también ocasionó el oscurecimiento más extenso en Europa, que afectó al 37 por ciento de las regiones forestales templadas y mediterráneas, mucho más que cualquier otro evento en las últimas dos décadas.
Sin embargo, el equipo de ETH-WSL en realidad perseguía un objetivo diferente. La profesora de ETH Heini Wernli, quien también dirigió el estudio, explicó: “Queríamos entender cómo el clima afecta los bosques en grandes áreas durante varias temporadas Que la sequía juega un papel central en esto es obvio. Sin embargo, la relación entre los bosques y el clima es mucho más compleja de lo que podría parecer a primera vista”.
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Respecto del llamado efecto de legado que se ha observado en estas superficies durante algunos años, no todos los períodos secos, incluso si son intensos y prolongados, vuelven inmediatamente marrones a los bosques. Qué tan bien sobreviven los árboles al calor y la sequía depende no solo de las condiciones climáticas actuales, sino también de las de los meses o años anteriores.
Efecto legado: las sequías oscurecen los bosques

Por esta razón, se analizó también la historia meteorológica de los eventos. El objetivo fue encontrar patrones climáticos característicos que precedieron a muchos eventos con oscurecimiento prematuro. De hecho, encontramos señales climáticas características mucho antes de los eventos, una especie de precursor del pardeamiento, con algunas condiciones específicas para Europa central y la región del Mediterráneo. En general, vemos que los períodos de baja precipitación durante dos o tres años antes de los eventos son inusualmente comunes.
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El aumento de los períodos secos con un claro déficit de precipitaciones durante al menos dos años anteriores es el precursor meteorológico más conspicuo en ambas zonas. En la región mediterránea, los períodos secos frecuentes se remontan incluso a tres años. Otras señales son temperaturas elevadas durante al menos un bienio en la zona templada.
En el caso del oscurecimiento de los bosques en Europa central, por lo general observamos al menos dos veranos seguidos inusualmente secos y calurosos. Los ejemplos de los 21 años estudiados lo ilustran: El verano de 2003, que fue muy caluroso y seco en gran parte de Europa, apenas dejó huellas a gran escala en el color de los bosques. Sin embargo, desde 2018, la sequía y el calor a gran escala han ocurrido repetidamente, por lo que incluso se produjo un pardeamiento extenso varias veces.
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Un hallazgo particular del estudio es que las señales climáticas identificadas son indicativas de las consecuencias de la sequía de años anteriores, lo que respalda el efecto de legado. Es decir, un solo verano cálido y seco por lo general no conduce a un amarronamiento inmediato, pero puede contribuir a que suceda en el futuro de forma tardía.
Entonces, nos preguntamos si las señales precursoras nos permiten predecir el estrés por sequía y el pardeamiento en los bosques. La respuesta es que analizamos los eventos retrospectivamente, pero no investigamos la previsibilidad.
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El hecho de que el estrés por sequía también promueva indirectamente el ocre estival de los árboles al fomentar las infestaciones de escarabajos descortezadores y hongos y los incendios forestales hace que las predicciones sean generalmente difíciles.
Thomas Wohlgemuth, jefe de la Unidad de Investigación de Dinámica Forestal de WSL y coautor del estudio, también consideró que una predicción basada solo en datos meteorológicos “no es realista”. Sin embargo, como ecólogo forestal cree que la comprensión del proceso que se obtenga conducirá a mejores modelos forestales y, por lo tanto, será útil para la “prevención a través de medidas silvícolas. El monitoreo específico de los patrones climáticos durante varias temporadas podría proporcionar información valiosa sobre si es probable que los bosques se decoloren prematuramente en el próximo verano”.
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De la investigación también participaron Matthias Röthlisberger, Arthur Gessler, Andreas Rigling, Cornelius Senf , Thomas Wohlgemuth y Heini Wernli.
*Mauro Hermann, especialista en dinámica atmosférica y autor principal del estudio. Departamento de Ciencias de Sistemas Ambientales, Instituto de Ciencias Atmosféricas y Climáticas (IAC), ETH Zürich, Suiza.
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