Entrevista con Craig Hodges, el compañero de Jordan que fue excluido de la NBA y olvidado en “The Last Dance”: “El liderazgo de Michael fue sacado de contexto”

Ganó dos anillos NBA con los Bulls y fue tricampeón del torneo de triples del All-Star, pero pagó caras sus declaraciones en defensa de la comunidad afroamericana y las críticas a MJ. "Él era intenso, competitivo, pero todos nosotros lo éramos", revive ante Infobae su vínculo con el legendario jugador

rtamagni@infobae.com
Craig Hodges integró los Chicago Bulls desde 1988 hasta 1992
Craig Hodges integró los Chicago Bulls desde 1988 hasta 1992

“La mejor forma de poner en la lista negra a alguien es hacerlo invisible”. Esa fue la reflexión que hizo Craig Hodges en el pasado cuando evaluó una de las tantas espinosas controversias por las que transitó en su carrera en el básquet. La convivencia entre el activista político defensor de los derechos de la comunidad afroamericana y su posición de pieza clave de una de las franquicias más gloriosas de la NBA lo transformaron en un fastidio para los titireteros del circo. El caso que explotó en 1992, cuando se quedó sin equipo ni pretendientes luego de ser bicampeón con los Chicago Bulls, se revivió con la publicación del documental The Last Dance que posiciona a Michale Jordan como el eje central de un relato que revive aquellos días gloriosos. Hodges volvió a ser invisible para los creadores de ese material y otra vez su caso brotó a la superficie. ¿Por qué un hombre que tuvo una importante porción de éxito de aquellos triunfos no fue considerado a lo largo de 10 capítulos?

The Last Dance es una gran obra de entretenimiento. Disfruté viéndola. Cuando atraviesas eso, a veces te olvidas de disfrutar los momentos. Esta fue una oportunidad para hacerlo”, le dice en una entrevista exclusiva a Infobae el hombre que fue un habitué del equipo de los Chicago Bulls que se hizo acreedor de los dos primeros anillos de la franquicia en 1991 y 1992. Aunque Craig intenta evitar la polémica que tantas veces envuelve a su figura, la raíz de su invisibilidad en esta exitosa producción audiovisual podría estar enterrada en las mismas tierras que lo patearon fuera de la NBA y lo obligaron a exiliarse en las ligas de Italia, Turquía y Suecia tras aquel 92: su activismo político y su tono crítico con la postura de las estrellas de ese deporte.

“Me crié en una ciudad al sur de Chicago llamada Chicago Heights en la década de 1960. Durante ese período, los negros en Estados Unidos estuvieron muy involucrados en el Movimiento de Derechos Civiles. Mi madre era la secretaria del movimiento de derechos civiles de Chicago Heights y estuve en esos temas. A los 5 años acompañé a mi madre en marchas por los derechos de los negros. Entonces, para mí hablar sobre la injusticia racial y cualquier injusticia es algo de lo que me enorgullezco”, confiesa ante este medio a la hora de explicar el nacimiento de su conciencia social. No exagera: de niño llegó a juntar firmas en su comunidad para nombrar a una escuela en pos de homenajear el trabajo de Charles Gavin, un médico afrodescendiente que servía a su comunidad.

El núcleo de su historia se reduce a 1992. Hubo un quiebre en su vida. Tenía 32 años, era uno de los tantos experimentados del plantel de los Bulls y quien más lanzamientos de tres había anotado en toda la plantilla, además de ostentar el tricampeonato del torneo de triples del All-Star (90, 91 y 92), algo que solo el icónico Larry Bird logró en toda la historia. También era el que se había presentado en la Casa Blanca con una indumentaria de origen africano como culto a sus ancestros, le había entregado una carta a George Bush pidiendo por los derechos de la comunidad afrodescendiente, había sido crítico en los medios con su compañero Jordan y quien buscó sabotear la final de 1991 entre Chicago y Los Angeles Lakers de Magic Johnson. Una iniciativa que ninguna de las dos estrellas de la franquicia lo apoyó.

Craig Hodges en el concurso de triples de 1990

“Intenté que ambos equipos boicotearan el juego 1 de las Finales de 1991. En ese momento, al igual que hoy, la NBA no tenía mucho liderazgo de directivos negros en las oficinas centrales. En la historia de la NBA hemos tenido un total de 9 gerentes generales negros. Mis compañeros de equipo y los jugadores de los Lakers pensaron que un boicot era demasiado extremo”, reconoce en la entrevista sobre ese fallido plan que intentó llevar a cabo para condenar la feroz golpiza que había sufrido tres meses antes el taxista afroamericano Rodney King por parte de la policía y que puso en primera plana la violencia racial.

Jordan, por entonces, pregonaba su axioma de “los republicanos también compran zapatillas” que utilizó para justificar que no apoyaría al demócrata Harvey Gantt, quien intentaba ser el primer senador negro de la historia en una pugna contra el republicano –y abiertamente racista– Jesse Helms. MJ habló sobre aquella polémica circunstancia de su carrera en The Last Dance y meses más tarde publicó un duro comunicado para condenar el asesinato de George Floyd en manos de un grupo de policías de Minneapolis. Dos décadas más tarde, Michael finalmente mostró su silencioso costado activista: “Estoy feliz de que Michael haya alzado la voz. Siempre ha hecho cosas financieramente y ha donado sus recursos, pero esto fue bueno para obtener una declaración pública”, dice Hodges sobre este accionar que coincide con la confesión del legendario deportista en el documental, cuando aceptó que había dicho aquella frase para justificar su negativa a apoyar a Gantt en una propaganda, pero que a cambio le envió una contribución económica para su campaña.

“Descansa en paz, George Floyd. Lamentablemente, su muerte fue registrada para que el mundo la vea. Los estadounidenses negros hemos conocido y visto este tipo de tragedias desde la existencia de Estados Unidos. Este ejemplo se siente muy diferente, porque el mundo se detuvo debido a la pandemia y tuvo a todos los hogares observando este evento. Espero que la conversación continúe y rezo para que mis nietos vean un mundo mucho mejor que el que he experimentado como hombre negro en Estados Unidos”, reflexiona ante el hecho que dos décadas más tarde volvió a poner en el centro del debate la violencia racial que predomina. Aunque la discriminación continúa siendo un suceso habitual, muchas de las semillas que Craig plantó por entonces germinaron en el deporte y las expresiones críticas florecen ante estas situaciones: “El atleta de hoy es mucho más consciente y tiene una mayor plataforma financiera y social. Las redes sociales han dado voz a todos. Es hermoso ver a Lebron James hablar sobre la desigualdad racial. Estoy muy orgulloso de Maya Moore por lo que está haciendo. Estos atletas están haciendo un gran trabajo teniendo diálogo entre ellos y tomando posiciones en grupos. Su voz en grupo es más fuerte”.

Es cierto que Hodges no forma parte del altar de los jugadores legendarios del gran circo del básquet, pero sí ocupa uno de los puestos más preponderantes a la hora de analizar a aquellos deportistas que supieron utilizar a su disciplina como una poderosa herramienta de transformación de la sociedad como también lo hizo, por ejemplo, el futbolista brasileño Socrates. Hay un momento en la vida de este ex NBA que se inició en San Diego Clippers –y pasó por Milwaukee Bucks y Phoenix Suns antes de arribar a Chicago en 1988– que prevalece sobre las demás. Una foto que traspasó la historia. Mientras Jordan se ausentaba de la visita al presidente Bush tras el título de 1991 para irse a apostar en un partido de golf con el empresario acusado por narcotráfico James Bouler, Hodges traspasó todo tipo de protocolos y se puso un dashiki para honrar a sus antepasados.

Hodges fue a la Casa Blanca para celebrar el título de 1991 vestido con un dashiki y llevó una carta para pedirle al presidente por los integrantes de su comunidad (Foto: Courtesy of George Bush Presidential Library and Museum)
Hodges fue a la Casa Blanca para celebrar el título de 1991 vestido con un dashiki y llevó una carta para pedirle al presidente por los integrantes de su comunidad (Foto: Courtesy of George Bush Presidential Library and Museum)

Llevé el dashiki a la Casa Blanca como un gesto de respeto. Mis antepasados usaban ese tipo de atuendo cuando se relacionaban con la realeza. Esa era mi mentalidad, quería respetar a la Casa Blanca y al presidente y también respetar y honrar mi herencia. Es un gran logro ser invitado a la Casa Blanca y conocer al Presidente. El dashiki, junto con una carta de 8 páginas que le di al Presidente pidiendo trabajar juntos para mejorar los vecindarios minoritarios en todo Estados Unidos, me dejaron como resultado no volver a jugar baloncesto en la NBA”, explica el hombre que no fue considerado entre las 106 entrevistas que se hicieron para The Last Dance. Los productores aseguraron que nunca se “materializaron” los encuentros con él, aunque el bicampeón con los Bulls aseguró en The Indian Express que “ni siquiera sabía que estaban haciendo un documental” hasta una semana antes del estreno.

Aquel día con Bush padre en la habitual visita de los campeones, uno de los mejores lanzadores de tres puntos en la historia de NBA bien pudo haber dado el golpe del final a su sendero en la NBA. Vestido de blanco, Phil Jackson lo animó a lanzar unos triples delante del presidente: “Creo que llegué a nueve seguidos. El presidente quedó impresionado”, revivió en su libro Long Shot: The Triumphs and Struggles of an NBA Freedom Fighter que se publicó en 2017. Minutos más tarde, aprovechó el momento y le advirtió al presidente que le había llevado un mensaje: “Escribí una carta para usted. Su secretaria de prensa la tiene. Espero que tenga la oportunidad de verla”.

En la mencionada publicación detalló un pequeño fragmento del mensaje que escribió: “Querido Señor Presidente: esta carta no le pide nada al gobierno, pero 300 años de trabajo esclavo gratuito han dejado a la comunidad afroamericana destruida. Es hora de un plan integral para el cambio. Esperemos que esta carta ayude a convertirse en un impulso en la unificación de los jóvenes del centro de la ciudad y estos temas se traigan al frente de la agenda nacional”. El director de relaciones públicas de los Bulls filtró la carta a la prensa y ocasionó un gran revuelo: “Era un joven ansioso por seguir usando la plataforma que me había ganado como atleta profesional para llamar la atención sobre aquellos que no podían jugar en la NBA. Sin embargo, pronto me enteré de que los señores de la liga tenían otros planes para mí y que mi libertad de expresión tenía serios límites, límites que me costarían la vida”, reflexionó en su libro.

Hodges tranquilamente podría haber sido una referencia –o un personaje central del relato– a lo largo de los diez capítulos de The Last Dance en al menos dos momentos: la polémica por el silencio de Jordan cuestiones raciales o en aquella ausencia que MJ tuvo en la Casa Blanca y Craig se robó todas las miradas. Pareció no existir para la historia. Fue invisible, una vez más. El contexto que predomina a todos estos hechos lo definió con precisión el ex presidente Barack Obama en ese mismo documental: “Muchas veces, Estados Unidos rápidamente acepta a un Michael Jordan, una Oprah Winfrey o un Barack Obama mientras quede claro que no te volverás controvertido en asuntos más amplios de justicia social”. Para ese comienzo de los 90, mientras se intentaba ocultar la llama de conciencia social que Hodges buscaba encender, los comerciales televisivos de Jordan proliferaban en los medios masivos con el mensaje Be Like Mike (”Sé como Mike”). Toda una paradoja.

El libro que publicó Craig Hodges en el 2017
El libro que publicó Craig Hodges en el 2017

Dentro de su biografía, que tuvo gran repercusión, revivió todos los caminos espinosos que atravesó. Allí se ven los vaivenes en su vínculo con Jordan. Cómo trató de influir para que utilizara su poderosa imagen en beneficio de la comunidad. Inclusive, confesó en el libro, buscó seducirlo para que rompiera su vínculo con la empresa de indumentaria que lo patrocinó para entrar al negocio de zapatillas “por sí mismo” con el fin de crear puestos de trabajo para las “familias negras”. MJ, según el libro que escribió Hodges, le confesó que no estaba “en condiciones de hacer eso”. Como contrapartida, el legendario 23 fue quien le implantó la idea de que fuera presidente del sindicato de jugadores, ya que como líder sindical de los Bulls había sido uno de los más “enérgicos” en la pelea por las pensiones de los deportistas retirados. Hodges reparte elogios y críticas para el hombre que cambió el básquet. Relata desde el “acoso” que el intenso líder le hizo a Brad Sellers –elegido en el draft de 1986 por los Bulls– porque sentía que no estaba “jugando con todo su potencial”, hasta los intercambios de tensión que tuvieron puertas adentro.

“Jordan no me intimidó. Me respetaba porque nunca me incliné ante él. En muchos sentidos, confié en mi educación para mantener mi ventaja con Jordan. No importa cuánto la gente alabó a Jordan, no importa cuántos premios ganó, no importa cuánto dinero tenía, no tenía lo que yo más apreciaba: una educación en la lucha de nuestra gente. Esto me dio confianza en la cancha y en el vestuario con él. Necesitaba esa confianza”, reconoce en uno de los pasajes más duros a la hora de hablar sobre el vínculo que mantenía con un joven MJ que todavía no se había probado su primer anillo de campeón de la NBA.

En 2011 se reencontró con Jordan en el 20° aniversario del título de 1991 (Foto: Reuters)
En 2011 se reencontró con Jordan en el 20° aniversario del título de 1991 (Foto: Reuters)

A la distancia, y mientras el documental generó un debate sobre los métodos de trabajo de Michael, el hombre de 60 años se muestra más benévolo para analizar el accionar deportivo de su ex compañero ante Infobae: “Habiendo sido compañeros de equipo, parte de su liderazgo en el documental fue sacado de contexto. Sí, él era intenso, competitivo, pero todos nosotros lo éramos. Si observas alguna práctica de la NBA, verás ese mismo entusiasmo”. Y también enumera sus capacidades deportivas: “Lo que más me sorprendió de él es su habilidad para tener un enfoque excepcional y que no estaba dispuesto a permitir que nadie trabajara más duro que él”.

Dentro de su libro, Craig asegura que dos hechos transformaron la mentalidad de los Bulls: las derrotas consecutivas contra Detroit en las finales de la conferencia este (1989 y 1990) y el desembarco de Phil Jackson como coach principal. “Hay un dicho ‘nunca pierdes, solo aprendes'. La derrota ante los Pistons fue nuestra oportunidad de aprender cómo convertirnos en campeones. Necesitábamos perder ante ellos para saber cómo ganar. Todo dinastía deportiva pasa por eso”, reflexiona ante este medio. Y también elogia las bondades del Maestro Zen Jackson: “Phil tiene una excelente forma de comunicación. Además sabe cómo motivar y empujar a cada individuo de manera diferente. Siempre está muy sereno y es un gran pensador”.

La clave de nuestro éxito fue que todos se comprometieron con el objetivo colectivo. Sabíamos que teníamos a MJ, sabíamos que Scottie (Pippen) estaba haciendo lo suyo y todos conocíamos y aceptamos nuestros roles. Era un buen momento”, concluye sobre aquellos años felices dentro de la cancha con los Bulls. En su libro, profundizó sobre la mutación que tuvo Jordan, quien dejó de mostrar un perfil netamente provocador con sus compañeros para comprender el rol de cada uno: “Aprendió la importancia de escuchar todas las voces del equipo. Cuando alguien te escucha, te sientes más como un igual. Cuando finalmente se dio cuenta de esto, nos ayudó a relacionarnos con sus fortalezas y superar nuestras propias debilidades”.

El paso del tiempo parece haber sanado las heridas para Craig, más allá de expresar su enojo públicamente meses atrás por la frase que utilizó Jordan en el documental al definir como un “circo de cocaína” el accionar de algunos de los integrantes que estaban en los Bulls en 1984. Si bien Hodges llegó en 1988 a Chicago, no le pareció prudente el mensaje que emitió MJ en The Last Dance sobre el tema y salió en defensa de la “fraternidad” que domina a la NBA.

Hodges vivió vaivenes en su relación con Jordan a lo largo de los años (Foto: @WBUR)
Hodges vivió vaivenes en su relación con Jordan a lo largo de los años (Foto: @WBUR)

Los mensajes elogiosos o conciliadores a la hora de hablar sobre el 23 diluyen un poco el rol de villano en el que quedó envuelto Jordan cuando se repasan los últimos minutos de Craig como hombre NBA. El 5 de junio de 1992, tras una nota con el periodista William Rhoden para el New York Times, pareció quedar sentenciado su destino horas después de desarrollarse el primer juego por el anillo contra Portland. Michael había evitado dar una opinión sobre las protestas en Los Angeles luego de la absolución judicial a los oficiales que habían golpeado a Rodney King –el mismo ciudadano afroamericano por el que Craig intentó boicotear las finales de 1991– y su compañero apuntó contra él ante los medios: “Hodges critica a Jordan por su silencio”, tituló el Times.

Las estadísticas son más contundente que cualquier otra palabra: tras promediar unos 10 minutos por juego en las finales de conferencia contra Cleveland con presencia en cinco de los seis choques, salió de la banca para jugar contra los Trail Blazers solo en dos los seis partidos de la disputa por el anillo y promedió apenas 3 minutos.

“Nunca me dieron ninguna explicación por mi expulsión de los Bulls. Lo que se dijo en los medios fue que mis habilidades se habían deteriorado”, revive hoy en la entrevista sobre esa salida llena de preguntas sin respuestas. Solo hay un hecho fácilmente comprobable: ningún equipo llamó al teléfono de un valioso agente libre. Si bien en Chicago había empezado a perder territorio en su puja por minutos con BJ Armstrong y él mismo reconoció que no tenía un aporte crucial en defensa, fue extremadamente raro que ninguna otra franquicia se haya interesado por un hombre con dos anillos de campeón en su historia reciente, que había mostrado su expertise desde el perímetro dos años antes en un momento crucial de las finales de conferencia contra Detroit y con un promedio de 11,5 minutos y 5 puntos en el título de los Bulls de 1991 y 9,9 minutos y 4,3 anotaciones por juego en el siguiente anillo de 1992.

Hodges fue tricampeón del torneo de triples de los All-Star, algo que solo Larry Bird logró en la historia
Hodges fue tricampeón del torneo de triples de los All-Star, algo que solo Larry Bird logró en la historia

Las sospechas se acentuaron cuando la NBA intentó prohibirle participar del concurso de triples del All-Star Game unos meses más tarde bajo la excusa de que no permitían jugadores sin equipo. Hodges, que había estado de manera ininterrumpida en ese segmento desde su inicio en 1986 hasta 1992, quería defender su triple corona. El revoque de esos muros burocráticos se cayó ante el primer soplido: en 1989, el soviético Rimas Kurtinaitis se había anotado en el concurso de lanzamiento de tres a pesar de no ser parte de ninguna franquicia. El periodista Sam Smith –el autor del controversial libro The Jordan Rules– disparó contra la organización desde su columna en el Chicago Tribune. Días más tarde, Craig fue aceptado: quedó tercero detrás de Mark Price (Cavs) y Terry Porter (Blazers), por encima de su ex compañero Amstrong o Reggie Miller.

Exiliado en ligas de menor valía, la última erupción de aquel volcán se derramó en 1996: presentó una demanda federal contra la NBA en la que aseguraba que los propietarios de las franquicias habían conspirado contra él por su postura política, citando que el dashiki o la carta entregada a Bush habían avergonzado a la estructura del básquet norteamericano. “Mi agente y yo llamamos a todos los equipos de la NBA después de 1992 y ninguno me dio una prueba, y mucho menos me contrató”, aseguró por entonces. “Me pareció extraño que ni un solo equipo llamara para preguntar por él. Por lo general, recibo al menos una llamada por un jugador que hemos decidido no renovar”, reconoció Phil Jackson en esa época según replicó el New York Times. El gran sustento de la demanda se enfocaba en un contacto con el asistente general de Seattle Supersonics, Billy McKinney, un directivo afroamericano, quien le contó en la intimidad que su postura política era un impedimento a la hora de ser evaluado. Del otro lado, David Stern, comisionado de la NBA, calificó de “ridícula” la presentación judicial. Meses más tarde, un juez federal desestimó la demanda por un problema técnico: los casos de discriminación racial prescriben a los dos años.

Solo una persona volvió a sumarlo a las estructuras de la NBA con el paso del tiempo: el Maestro Zen Jackson. Lo unió a los Los Ángeles Lakers como entrenador de tiro (2005-2011) y en 2014 lo contrató como entrenador del equipo de desarrollo de los New York Knicks, franquicia que tuvo a Phil como gerente general hasta el 2017. Aquel hombre que propuso hacer un accionar solidario con los 20 mil dólares que recibió como ganador del concurso de tres puntos y que buscó que sus compañeros de Chicago lo imitaran con una suma similar de su salario, ya no tiene sus anillos de campeón NBA ni algunos de esos trofeos que le dieron como vencedor del segmento del All-Star Game porque debió empeñarlos en los 2000 cuando el trabajo era escaso y la mano salvadora de Jackson todavía no había aparecido en el horizonte. Sin embargo, aun sueña con que aquella utopía de transformación que lo eyectó del deporte se convierta en una realidad.

“Siento que el mundo está cambiando lentamente, pero está cambiando –le dice a Infobae–. Sigo teniendo esperanza para el futuro y me aferro a la esperanza porque los hijos de mis hijos habitarán este mundo y por eso creo que será mucho mejor para ellos y las generaciones futuras”.

Entre 2005 y 2011, Phil Jackson lo llevó como entrenador de tiro a los Lakers (Foto: @therealcraighodges)
Entre 2005 y 2011, Phil Jackson lo llevó como entrenador de tiro a los Lakers (Foto: @therealcraighodges)

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