Elvira Sastre (Foto: Maxi Luna)
Elvira Sastre (Foto: Maxi Luna)

Cuando habla, el movimiento de sus manos lo confirman. Elvira Sastre es un vendaval. Su edad es de apenas un cuarto de siglo, sin embargo publicó seis libros, y hoy, montada sobre la colorida estructura de las redes sociales, representa una promesa que se está concretando: la vuelta de los jóvenes a la poesía. En España, de donde es ella, todos se lo agradecen. En los comments llenos de emojis, en los miles de likes por cada posteo, en la cantidad exorbitante de followers —entre Facebook, Instagram y Twitter supera ampliamente el medio millón de seguidores—, en la forma despojada y a la vez sensible de componer versos se vislumbra una chispa novedosa del teen spirit literario.

Ahora está sentada en un sillón moderno en el hall del NH Crillón, un hotel escondido frente a la Plaza San Martín, rodeado de oficinistas y trabajadores de corbata que apuran el paso y relojean sus celulares. Ella no se inmuta sobre lo que sucede afuera aunque no puede olvidar que está en Argentina, presentando su obra, a cuestas con su nombre en plena formación. Pasó por el hormiguero de la Feria del Libro, también por la Sala Siranush con entradas agotadas y mañana firmará libros en el Ateneo.

"Pese a que en España hay un boom de gente que escribe, siempre digo que no hemos inventado nada. Hubo un cambio: se empezó a hacer poesía más alejada de lo clásico y de lo indescifrable. La poesía era algo reservado a unos pocos, a los eruditos", le dice a Infobae Cultura con su acento español en la punta de la lengua. A su lado, Andrea Valbuena, también poeta, también española, escucha la conversación mientras mira las notificaciones en su smartphone. Son muy amigas y comenzaron esta carrera juntas, leyéndose mutuamente, cosa que hoy continúan haciendo, pero sobre el escenario.

Elvira Sastre (Foto: Maxi Luna)
Elvira Sastre (Foto: Maxi Luna)

Elvira Sastre empezó a leer desde muy chica. Sus padres, grandes lectores, le facilitaron el acceso a una enorme cantidad de libros. Le sembraron la semilla. "En Segovia, que es mi ciudad —recuerda—, me iba a la biblioteca todas las semanas y consumía de todo. Mucho fantasía, pero he leído de todo. La poesía no, la poesía llegó de adolescente. La descubrí en el instituto, en la clase de Lengua y literatura, y al principio no me llamó la atención porque me parecía medio complicada, medio envuelta y no sabía recibir el mensaje que me quería decir la poesía más clásica, pero cuando llegué a Bécquer dije: 'Vaya, esto me está contando algo que entiendo y, de alguna manera, que necesito'. Y luego di el salto a la Generación del 27 y ahí ya lo confirmé".

En ese entonces, era distinta a los chicos de su edad. Era, como suele decirse, un bicho raro. "Cuando yo era más jovencita, muy pocos leían y casi ninguno escribía. Por eso mi amistad con Andrea, teníamos en común el amor por la lectura y por la poesía. Fue algo que nos unió y era raro porque a nadie más le gustaba. Eso ha cambiado en España. No sé cómo será aquí pero en España cambió", dice y entonces habla del siguiente estadío, la escritura, que "empezó más tarde, más de adolescente. En ese momento a uno le pasan cosas que no entiende y para mí fue un desahogo: entender las cosas que pasaban en el mundo y las cosas que pasaban en mi mundo, y ponerle palabras. Empezó siendo así y para mí sigue siéndolo".

“La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida” de Elvira Sastre
“La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida” de Elvira Sastre

En el prólogo de La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida, el poeta Joan Margarit dice que este libro sugiere que "el amor necesita al dolor y el dolor al amor para la dignidad de ambos". Ella adhiere: "Todas esas emociones se nutren las unas de las otras. No podemos estar felices toda la vida ni estar tristes siempre. Siempre hay una emoción que te saca de la otra emoción. Es algo complementario: cuando estás enfadado, se te tiene que pasar porque de repente te llega algo de calma. Con el amor pasa igual. Yo soy muy analista, me analizo mucho a mí mismo, gracias a lo que escribo. Sé reservar huecos para distintas emociones". Luego hace una pausa y, ante la siguiente pregunta, reflexiona sobre esta extraña época de hiperconectividad: "Me he encontrado con mucha gente que no se permite estar triste. A mí me sienta bien estar triste, entonces no es algo contra lo que lucho, porque cuanto más equilibrada esté una persona, más acepta ese tipo de historias".

"La soledad es mirar a unos ojos que no te miran", es otro de los versos del libro. ¿Qué significa la soledad para una poeta que creció al calor de las pantallas? "Soy muy solitaria —confiesa—, y lo llevo bien. Lo que no me gusta es estar enfadada, porque me desagrada y a lo mejor me genera ansiedad. Creo estar sola me ha hecho bien, incluso me ha hecho más resistente al daño y al dolor. He sabido desarrollar herramientas cuando he estado sola, entonces para mí es algo imprescindible".

"Este libro está muy cuidado, tiene una corrección más exhaustiva. Los libros anteriores a lo mejor eran más del impulso, del momento, de escribir lo que me salía y no corregirlo porque pensaba que esa era la pureza y la verdad total, y con el tiempo he ido a aprendiendo a cuidar ese tipo de detalles", dice y quizás allí se ve su maduración, porque piensa a largo plazo, en un conjunto, en una vida, en una obra: "Ahora estoy con una novela que ya la he terminado pero estoy con las correcciones. Espero que salga el año que viene. Era algo que me apetecía probar. Pero sí que es cierto que hace unos años no me había propuesto publicar un libro, no lo había visto como un trabajo. Y desde que empecé a ver que era mi modo de vida y que la cosa iba en serio, uno tiene cuidado con las decisiones, a lo que le dice que sí, a lo que le dice que no. Consulto mucho con gente que me ayuda. Cada decisión que tomo lo hago pensando en si estaré orgullosa en el futuro".

Elvira Sastre (Foto: Maxi Luna)
Elvira Sastre (Foto: Maxi Luna)

Y si bien hay una enorme cantidad de lectores, las críticas aparecen. Ella lo sabe, lo entiende, pero no se echa atrás. Confía en lo que hace. "Sé que a veces te valoran sólo por el canal que usas y te ponen la etiqueta de 'salida de internet', más allá de leerte o no leerte, como que te valoran menos. También con el tener más éxitos, más lectores, como intentan desprestigiar porque la poesía tiene que ser como para los elegidos. Si la lee mucha gente y el gran público, entonces ya no es bueno. Cosa que al final es algo absurdo porque si tantos lo leen será que algo debe tener. A ese tipo de críticas yo trato de no hacerles mucho caso. Además internet, todo sabemos, es un cable de gente con ganas de hacer mucho daño, entonces yo hago caso a la crítica que me ayuda a mejorar, que es lo que a mí más me importa: mejorar y dar cosas nuevas".

Por eso escribe, y lo hace sin parar. El primero fue Tú la acuarela / Yo la lírica de 2013 donde sus versos se enredaban con las ilustraciones de Adriana Moragues​. Al año siguiente publicó dos poemarios: Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo y Baluarte. En 2015 Ya nadie baila, y en 2016 La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida. El último acaba de salir: Aquella orilla nuestra, por el sello Alfaguara.

Elvira Sastre (Foto: Maxi Luna)
Elvira Sastre (Foto: Maxi Luna)

"Quería que supieras / que mi daño es algo que sólo elijo yo". Ese es el primer verso de La soledad…, libro que cumple con el papel de abstracción: hay sensibilidad inquietante, hay un despojo revitalizador, hay una boca que muestra los dientes y hay intimidad. "La poesía te da ese lenguaje intimista. Yo escribía textos en prosa. Confesaba cosas al papel, a la pantalla en este caso. Y luego me animaron a probarlo en verso, que era algo que me parecía muy complicado y que yo le tenía muchísimo respeto. Un día lo probé a mi manera y a mi estilo y la verdad que me sentí muy gusto".

"La poesía es fundamental —continúa—, y más ahora, con el momento que estamos atravesando, no solamente en España sino en el mundo entero, de desolación, de guerra, de malas noticias, de asesinatos. Creo que la poesía tiene ese poder de conectar con la parte más íntima de las personas, la que está ahí dentro, que en muchísimos casos está muy escondida. Porque la mayoría de la gente no se para un momento al día a alimentar al espíritu y al alma y darles cosas buenas y emotivas. Creo que la poesía despierta eso".

Hay una frase que se le atribuye a Jean Cocteau: "Sé que la poesía es indispensable, pero no sabría decir para qué", decía y la pregunta sobre todo eso que nos pasa cuando una serie de versos nos hacen bailar la cumbia invisible del sentimiento tampoco queda resuelta. La poesía es indispensable, ¿pero para qué? Quizás no haya una respuesta, o sí: sólo que no se puede responder con palabras.

 

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