
Tras la división interna del Cartel de Medellín luego de que sus socios le dieran la espalda en la guerra contra el Estado y la búsqueda asidua de sus enemigos para matarlo, la única salida viable para Pablo Escobar era una tregua con el gobierno. Trató de negociar en múltiples ocasiones. Y tras haberlo intentado cuatro años antes, en 1989 prometió entregarse por última vez a cambio de conservar su fortuna, pero Estados Unidos se lo impidió.
Para mayo de 1984, la narcoguerra urbana dirigida por Pablo Escobar como represalia por los tratados de extradición ya tenía al país sometido en una sanguinaria ola de violencia en la que explotaba una bomba cada semana. El 4 de ese mes, el capo y su socio Jorge Luis Ochoa se reunieron con el expresidente colombiano Alfonso López en el lujoso hotel Marriott, de Panamá, para discutir con su intermediación una entrega con el gobierno del entonces presidente Belisario Betancur (1982-1986).
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López estaba en ese país como verificador de las elecciones de presidencia, y los mafiosos escondiéndose de las autoridades colombianas y estadounidenses. Días antes, Escobar había mandado a matar al ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, acribillado cuando se movilizaba en su auto por el norte de Bogotá, el 30 de abril. Crimen que motivó a Betancur a firmar la Ley de Extradición. Sin embargo, dio vía libre a López para la reunión, según él mismo contó años después en una entrevista a El Tiempo.
Escobar ofrecía la ubicación de sus laboratorios, las rutas de tráfico hacia Estados Unidos, las flotas aéreas y su entrega y la de sus socios a cambio de no ser extraditados, narró Fabio Castillo en el libro 'Los jinetes de la cocaína'. Bajo ese fin se realizaron varias reuniones más. Betancur buscaba resolver el crimen de Lara Bonilla y acabar con las bombas, pero la población estaba alterada con toda la violencia en las ciudades. La posible tregua se filtró en la prensa y el escándalo fue tal que al gobierno le tocó negar todo y no continuar con ella.
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Fue el primer intento fallido, pero las cosas se pusieron mucho peor después, para Escobar y para el país entero envuelto en su venganza. Cuatro años después, en mayo de 1988, el capo buscó reabrir el anterior diálogo de Panamá a través de un abogado cercano, Guido Parra, quien contactó con el exministro Joaquín Vallejo Arbeláez. La reunión fue en junio de ese año con la compañía de Germán Montoya, secretario de la entonces presidencia de Virgilio Barco. Ello, según publicó el periodista Jorge Retana en el portal SDP Noticias.
Ahí comenzaba un nuevo intento de tregua.
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Los motivos
El Cartel de Medellín atravesaba uno de sus peores tiempos. Escobar se había dedicado a orquestar la guerra en Colombia y los negocios del narcotráfico quedaron a un lado, lo que no les gustó a sus socios, que no estaban de acuerdo con la brutalidad de la violencia. El Estado inició una implacable búsqueda por acabarlos y los mafiosos, con temor, terminaron dándole la espalda. Algunos decidieron entregarse y otros continuaron el tráfico de drogas de forma independiente.
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El recién posesionado gobierno de George H:W. Bush (1989 – 1993) cambió la estrategia de la lucha antidroga. "Antes interceptaban barcos y aviones cargados de droga en la frontera norteamericana, ahora habían decidido apuntar a la raíz suramericana del problema: los jefes narco", describe Mark Bowden en el libro 'Matar a Pablo Escobar'. Sus mansiones y propiedades en Florida habían sido incautadas. Y las autoridades colombianas se habían dedicado a desmantelar sus laboratorios y cosechas.
La población estaba cada vez más furiosa por las constantes bombas y asesinatos selectivos, y pedían acabar con Escobar. Con sus enemigos de los carteles de Cali y del Valle del Cauca aliados con los paramilitares para atentar contra él y su familia, apoyando el llamado 'Bloque de búsqueda' de la Fuerza Pública colombiana y el FBI, el capo se convirtió en un fugitivo y la persecución terminó por afectar su salud; según unos archivos secretos del FBI que conoció el portal VerdadAbierta.com.
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"Su salud se está deteriorando. La persona amable y sociable del pasado ha desaparecido. (…) Nerviosismo, aumento de peso, pérdida de concentración, ansiedad y gastritis" era el cuadro que presentaba según describió el FBI en un memo confidencial de junio de 1990 que conoció en exclusiva el portal de noticias, y que daba cuenta de la nueva tregua que buscaría Pablo Escobar.
A través del arquitecto Santiago Londoño White -de acuerdo con VerdadAbierta.com-, Escobar se acercó al gobierno de Barco. Estaba dispuesto a desmantelar toda su organización, el Cartel de Medellín. A cambio, pidió no ser extraditado, como en ocasiones anteriores, pero tenía una nueva condición: que le permitieran a su familia mantener su fortuna. Para que Estados Unidos aceptara la oferta intentó contratar un prestigioso despacho de abogados en ese país dirigido por Henry Kissinger, contó Bowden en su libro.
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El fracaso
"Ahora ya no repatriaría el dinero de sus cuentas en el extranjero, y exigía una amnistía total para él y todos los que estuviesen relacionados con el Cartel de Medellín, amén de la promesa presidencial de la no extradición. A cambio, prometía dejar de una vez y para siempre el narcotráfico", reseñó Bowden en el libro.
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El análisis del trato se estudió con cautela porque el gobierno de Colombia no quería poner en riesgo su relación con Estados Unidos. Por lo que Escobar intentó, incluso, contratar a un abogado que era compañero de Jeb Bush, hijo menor del presidente Bush, para que intercediera con su padre; detalla VerdadAbierta.com. Y como muestra de compromiso alcanzó a entregar algunas de sus "cocinas" de producción de cocaína.
Pero después de la visita del presidente Bush a Cartagena de Indias, en febrero de 1990, el gobierno de Barco decidió no continuar con el trato. En represalia, Escobar secuestró al hijo y la hermana del negociador del Estado, el secretario de presidencia Germán Montoya. El primero fue liberado y la segunda asesinada.
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Para entonces también había ordenado el asesinato del candidato presidencial del Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán, baleado en un acto público en Bogotá, el 18 de agosto de 1989. Los actos de venganza aumentaron su brutalidad y, con ello, la represión de las autoridades que terminaron aceptando informaciones de los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar), conformado por el Cartel de Cali y los paramilitares hermanos Castaño, entre otros.
Todo terminó cuando el capo fue baleado por la Fuerza Pública mientras huía por los tejados de unas casas en Medellín, el 2 de diciembre de 1993.
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