Las caídas pueden ser una preocupación real para quienes pasan los 50 años. Con el paso del tiempo, los músculos pierden fuerza, la vista ya no acompaña igual y el equilibrio se vuelve más inestable.
Todo esto conduce a que los tropiezos y resbalones sean más frecuentes de lo que muchos se imaginan.
Un equipo de expertos del Reino Unido quiere cambiar las reglas del juego con una guía para prevenir caídas en quienes superan los 50 años. Fue publicada en la revista de medicina The BMJ.
Su foco no está en hacer chequeos largos y complicados a todo el mundo, sino en identificar rápido quién corre más peligro y actuar ahí de manera directa. Esto significa que buscan evitar que la prevención sea poco precisa.
Sugirieron poner los esfuerzos donde más hacen falta. Si alguien tiene antecedentes de caídas, dificultad para caminar o se siente inseguro, puede acceder a ejercicios específicos y a una revisión del hogar para eliminar riesgos.
Cifras que duelen y enseñan
Las caídas de las personas mayores se volvieron un tema de salud pública. En un estudio publicado en la revista Nature Aging, se informó que en 2021 se registraron aproximadamente 45,6 millones de nuevas caídas en personas mayores de 65 años a nivel mundial. Esto representa un aumento del 182% respecto a 1990.
La incidencia global de caídas sigue una tendencia creciente, especialmente en las regiones con mayor envejecimiento poblacional y en mujeres, aunque los hombres presentan tasas de mortalidad más altas tras una caída.
Más allá de los números, las caídas duelen y cuestan: llevan a hospitalizaciones, operaciones, recuperación lenta y un golpe duro a la confianza de las personas.
El miedo a volver a caerse hace que muchas personas dejen de salir, eviten moverse y pierdan independencia.
Muchos mayores dejan rutinas que les daban placer y pierden contacto con su entorno, lo que afecta su bienestar emocional y físico.
Por eso, los expertos insisten en la necesidad de políticas públicas y acciones comunitarias que pongan la prevención en primer plano.
Claves para caminar seguros
La nueva guía sobre prevención de caídas fue elaborada por especialistas del Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia en la Atención de Londres y el Consejo del Condado de West Sussex.
También el Departamento de Gerontología de la Escuela de Ciencias del Curso de Vida y Población del King’s College de Londres y el Hospital Real de Hull del sistema de hospitales universitarios de Hull colaboraron.
Recomendaron que los profesionales de la salud deben saber identificar a quiénes corresponde hacerles la revisión completa: personas mayores de 65 años, mayores de 50 con factores de riesgo, quienes viven en residencias u hospitales, y quienes tuvieron caídas con señales de alarma como lesiones, pérdida de conciencia o dificultad para levantarse.
Varios factores aumentan el riesgo de caídas: la debilidad muscular, los problemas de equilibrio, la pérdida de visión y audición, el uso de medicamentos que afectan la presión arterial o el sistema nervioso, y enfermedades crónicas como la diabetes, la artritis o trastornos neurológicos.
También influyen el consumo de alcohol, los mareos, el deterioro de la memoria y la depresión, así como el uso de calzado inadecuado o problemas en los pies.
Los factores ambientales también juegan un papel clave: alfombras sueltas, pisos resbaladizos, escasa iluminación y muebles inestables pueden provocar lesiones en el hogar.
La incontinencia urinaria y la dificultad para levantarse después de una caída aumentan la vulnerabilidad.
La suma de esos factores puede alterar la seguridad en la vida diaria y hace fundamental una evaluación integral para prevenir caídas y sus consecuencias.
Cuando se hace la evaluación de riesgo, los profesionales indagan sobre esos factores, evalúan la fuerza de los músculos y analizan si ha tenido caídas previas.
Si la persona vive en su casa, en la guía se recomienda que un terapeuta ocupacional revise el hogar para detectar peligros como alfombras sueltas, mala iluminación o muebles en mal estado.
Si la persona solo tiene problemas en la forma de caminar o en el equilibrio, sin otros factores de riesgo, la guía aconseja saltear la evaluación larga y ofrecer directamente ejercicios adaptados para prevenir caídas.
Así, cada persona recibe la atención que necesita, sin perder tiempo en estudios innecesarios.
Cuando se encuentran en hospitales y residencias, moverse todos los días ayuda a mantener la movilidad y a reducir el riesgo de nuevas caídas. Incluso ejercicios suaves aportan grandes beneficios y evitan el deterioro físico.
En diálogo con Infobae, la médica Fabiana Giber, miembro de la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Geriatría y Gerontología (SAGG), destacó la publicación de la guía.
“Se debería considerar que una persona que ya tuvo una caída está en mayor riesgo. Favorece la fragilidad. El riesgo es mayor con más edad”, señaló la médica.
“Es importante acceder a una buena alimentación proteica y al ejercicio físico, que sirve tanto para la prevención de la fragilidad como del deterioro cognitivo”, afirmó.
“Las caídas pueden tener consecuencias graves para las personas mayores y por eso no deben sentir vergüenza ni temor de consultar al profesional de la salud”, remarcó Giber, quien es autora de un manual sobre el tema.
“Cuando una persona mayor arrastra los pies al caminar, es fundamental que se consulte y se analice el motivo. Puede deberse a falta de fuerza, uso de calzado inadecuado, o a una patología ortopédica o neurológica, por lo que siempre requiere una evaluación cuidadosa”, aclaró.
En todos los casos, “lo primero es consultar al médico de atención primaria. No siempre hay médicos geriatras disponibles en todos los ámbitos. Por eso la derivación dependerá del entorno de atención y de la disponibilidad de profesionales en la zona”.