
En el árido desierto de Atacama, en Chile, se encuentra uno de los cielos más oscuros y despejados del planeta, lo que lo ha convertido en un enclave estratégico para la astronomía mundial. Gracias a su escasa contaminación lumínica, baja humedad y altitud, esta región alberga algunos de los observatorios más avanzados, como el Observatorio Paranal y el Extremely Large Telescope (ELT), actualmente en construcción.
Estas instalaciones, operadas por el Observatorio Europeo Austral (ESO), permiten a los científicos explorar el universo con un nivel de detalle sin precedentes, contribuyendo a descubrimientos claves sobre exoplanetas, agujeros negros y la evolución del cosmos.
Sin embargo, la creciente presencia de proyectos industriales en la zona plantea desafíos que podrían amenazar las condiciones únicas que han hecho de Atacama un epicentro de la observación astronómica.
Qué es el proyecto INNA
El Proyecto Integrado de Infraestructura Energética para la Generación de Hidrógeno y Amoníaco Verde (INNA) es una de las iniciativas más ambiciosas dentro de la estrategia de Chile para posicionarse como líder en energías renovables. Con un presupuesto estimado en 10.000 millones de dólares, el proyecto es impulsado por AES Andes, filial de la empresa estadounidense The AES Corporation.
Su desarrollo contempla la construcción de una extensa infraestructura en más de 3.000 hectáreas, incluyendo miles de generadores de energía solar y eólica, una planta de producción de hidrógeno y amoníaco, un puerto costero y un sitio de desalinización.
Se encuentra dentro de una zona declarada como centro estratégico para la producción de energías limpias, de acuerdo con la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde de Chile. Sin embargo, su proximidad a observatorios astronómicos de clase mundial, como el de Paranal y el futuro ELT, ha generado preocupaciones en la comunidad científica.
Aunque el megaproyecto busca cumplir con los estándares ambientales y de seguridad, los astrónomos advierten que su impacto podría ser significativo, afectando la calidad de las observaciones en la región.

Conflicto entre astronomía y energía renovable
Los científicos del Observatorio Europeo Austral (ESO) manifestaron su preocupación por el aumento de la contaminación lumínica, la generación de polvo durante las obras y los cambios en la turbulencia atmosférica que podrían afectar la calidad de las imágenes captadas por los telescopios.
Según Xavier Barcons, director general de ESO, la cercanía del proyecto a los observatorios “representa un riesgo crítico para los cielos nocturnos más prístinos del planeta”.
Los efectos adversos del INNA no se limitan únicamente a la iluminación artificial. Durante la fase de construcción, el polvo en suspensión podría incrementar la dispersión de la luz y afectar las condiciones ópticas de observación.
Además, el calor generado por las infraestructuras industriales podría alterar la estabilidad de la atmósfera, reduciendo la nitidez de las imágenes astronómicas. ESO ha advertido que el impacto del proyecto sería tan significativo que su mitigación solo sería posible si el INNA fuera reubicado a una distancia de al menos 50 kilómetros de los observatorios.
En cambio, y como respuesta, AES Andes sostiene que cumple con las normativas ambientales y que el impacto lumínico sería mínimo, aunque ESO cuestiona estos cálculos y estima que el efecto real podría ser hasta cinco veces mayor.
Posibles soluciones
Ante el impacto que el megaproyecto INNA podría tener sobre la astronomía en el desierto de Atacama, el Observatorio Europeo Austral (ESO) y la Sociedad Astronómica Chilena (SOCHIAS) han solicitado su reubicación a al menos 50 kilómetros de los observatorios.
Según los organismos, esta medida permitiría la coexistencia entre la producción de energías renovables y la investigación astronómica sin comprometer la calidad de las observaciones.
Desde el sector científico, la presidente de SOCHIAS, Chiara Mazzucchelli, hizo énfasis en que Chile tiene el potencial de liderar tanto en energía verde como en astronomía, por lo que considera viable una solución que beneficie a ambas partes. No obstante, AES Andes respondió que el INNA se encuentra dentro de una zona designada para el desarrollo de energías renovables y que confía en el proceso de evaluación ambiental del país.
Mientras el debate continúa, el proyecto debe someterse a una fase de revisión en la que se recibirán observaciones de la comunidad. ESO y SOCHIAS han instado a científicos y ciudadanos a expresar su postura antes de abril, cuando las autoridades decidirán el futuro del INNA y su posible impacto en la astronomía global.
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