
La creciente evidencia sugiere que el SARS-CoV-2 es una infección multisistémica. Pero aún queda mucho por investigar sobre la duración de los síntomas y las secuelas de la infección. Los datos informan que jóvenes sanos con solo una infección leve a veces pueden sufrir consecuencias temporales posteriores a la infección, como cansancio, pérdida del olfato y el gusto o reducción de la fertilidad. A estos síntomas ahora se suman un aumento del colesterol, un IMC (índice de masa corporal) alto y un nivel reducido de resistencia física, según un nuevo estudio de la Universidad de Zurich (UZH) realizado con personal de las Fuerzas Armadas de ese país.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha emitido una alerta epidemiológica sobre la necesidad de información sobre lo que sucede luego de atravesar el COVID-19. La OMS, por su parte, ha agregado “condición posterior a COVID-19″ a los códigos de la Clasificación Internacional de Enfermedades para describir lo que ocurre después de una infección probable o confirmada por SARS-CoV-2 con síntomas que duran al menos 2 meses y que no puede explicarse por una alternativa diagnóstico.
Los síntomas suelen mejorar con el tiempo. Pero este nuevo estudio de la Universidad de Zurich (UZH) mostró que es probable que los jóvenes después del COVID tengan un aumento del colesterol, un IMC (índice de masa corporal) alto y un nivel reducido de resistencia física. Como resultado, pueden tener más probabilidades de desarrollar trastornos metabólicos y complicaciones cardiovasculares a largo plazo.

A medida que evoluciona la pandemia de COVID-19, la cuestión de las consecuencias posteriores a la infección está cobrando relevancia. Aunque los adultos jóvenes son un grupo de gran importancia social, los efectos a mediano y largo plazo de las infecciones por SARS-CoV-2 apenas se han investigado en esta población. Los rastreos científicos tienden a centrarse en pacientes hospitalizados, ancianos o con múltiples morbilidades, o restringe las evaluaciones a un solo sistema de órganos.
Sin embargo, este nuevo estudio realizado bajo la dirección de Patricia Schlagenhauf, profesora del Instituto de Epidemiología, Bioestadística y Prevención de la UZH, evaluó ahora las posibles implicaciones de COVID prolongado en el personal militar suizo joven. El documento, publicado en la revista The Lancet Infectious Diseases, se realizó entre mayo y noviembre de 2021 con 29 mujeres y 464 hombres participantes con una mediana de edad de 21 años. De ellos, 177 habían confirmado COVID-19 más de 180 días antes de la prueba.

A diferencia de otros estudios, la nueva batería de pruebas también evaluó los sistemas cardiovascular, pulmonar, neurológico, oftalmológico, de fertilidad masculina, psicológico y general. Los hallazgos muestran que las personas jóvenes, previamente sanas y no hospitalizadas se recuperan en gran medida de una infección leve y que el impacto del virus SARS-CoV-2 en varios sistemas del cuerpo es menor que el observado en pacientes mayores, con múltiples enfermedades u hospitalizados.
Sin embargo, también proporcionó evidencia de que las infecciones recientes, incluso las leves, pueden provocar síntomas como fatiga, reducción del sentido del olfato y problemas psicológicos hasta por 180 días, además de tener un impacto negativo a corto plazo en la fertilidad masculina. Para infecciones no recientes, hace más de 180 días, estos efectos ya no fueron significativos. En tanto, para aquellos con contagio no reciente, el estudio, que tuvo un seguimiento prolongado, brindó evidencia de una constelación potencialmente riesgosa.

“El aumento del IMC, el colesterol alto y la menor resistencia física sugieren un mayor riesgo de desarrollar trastornos metabólicos y posibles complicaciones cardiovasculares -explicó la investigadora principal Patricia Schlagenhauf-. Estos resultados tienen efectos sociales y de salud pública que pueden usarse para guiar estrategias para una amplia evaluación interdisciplinaria de las secuelas de COVID-19, su manejo, tratamientos curativos y provisión de apoyo en poblaciones de adultos jóvenes”.
Este documento adquiere una importante relevancia porque evaluó cuantitativamente la función multiorgánica utilizando una batería de pruebas sensible y mínimamente invasiva en un grupo homogéneo de personas varios meses después de una infección por COVID-19. Una faceta valiosa del estudio fue el grupo de control, en el que se confirmó serológicamente que no había tenido exposición al SARS-CoV-2.
“Esta combinación de una batería de prueba única, una cohorte homogénea y un grupo de control hacen de este un estudio histórico muy poderoso en la base de evidencia sobre long COVID en adultos jóvenes”, concluyó Schlagenhauf.
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