Cientos de manifestantes marcharon este lunes por las calles de La Paz exigiendo la renuncia del presidente Rodrigo Paz, al cumplirse un mes desde el inicio de los bloqueos que paralizan Bolivia. La Central Obrera Boliviana (COB), que encabeza la movilización junto a sindicatos campesinos y juntas vecinales de El Alto, descartó sentarse a negociar y ratificó su única condición: la salida del mandatario. El conflicto, iniciado a principios de mayo con reclamos de obreros, campesinos, mineros, transportistas y maestros, derivó en una disputa de fondo sobre el modelo económico que Bolivia debe seguir tras dos décadas de gobiernos socialistas.
Los manifestantes llegaron a la capital ondeando wiphalas —banderas indígenas multicolores— tras recorrer unos 15 kilómetros desde la vecina El Alto. “No sabe escuchar, no sabe entender al pueblo mayoritario. ¡Ahora es tarde para el diálogo!”, dijo a la AFP Edgar Condori, de 40 años, quien lideraba a un grupo de comerciantes. Una pancarta resumía el estado de ánimo: “¡Que renuncie el pollo!”, en alusión burlesca al mandatario centrista que lleva seis meses en el poder.
Según la Administradora Boliviana de Carreteras, los puntos de bloqueo superaron los 90, una treintena más que la semana anterior, y afectan seis de los nueve departamentos. La Paz lleva 30 días aislada. La escasez disparó los precios de carnes, huevos y vegetales, que se duplicaron en semanas; los hospitales operan con reservas mínimas de oxígeno. La Defensoría del Pueblo contabilizó siete muertos —la mayoría por falta de atención médica—, 23 heridos y 321 detenidos.
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El rechazo al diálogo se sostuvo incluso después de que la justicia dejara sin efecto, el 29 de mayo, las órdenes de aprehensión contra Mario Argollo, secretario ejecutivo de la COB, y Vicente Salazar, de la Federación Departamental de Campesinos Túpac Katari. Esa medida había sido la condición que los sindicatos pusieron para acercarse a la mesa de negociación impulsada por el Legislativo y la Iglesia Católica. Al concretarse, la COB igualmente rechazó participar. “Hemos decidido mantener las medidas de presión y ratificamos nuestro pedido de renuncia de Rodrigo Paz. No hay nada más que negociar”, declaró el dirigente Severo Marca. “La COB va a continuar con las medidas de presión, hemos descartado el diálogo”, sumó José Luis Álvarez.
El presidente llamó este lunes a una “reconciliación” desde Cochabamba y anticipó una solución “en los próximos días”, sin precisar medidas. El gobierno anunció un acuerdo próximo con algunos sindicatos para habilitar un corredor de abastecimiento hacia La Paz y descartó usar fuerzas militares para despejar rutas, sin decretar tampoco el estado de excepción pese a tener facultades para hacerlo.
El trasfondo excede los reclamos gremiales. Bolivia arrastra desde 2023 una crisis por escasez de divisas e inflación que cerró 2025 en torno al 20%. El modelo estatista de Evo Morales (2006-2019) y Luis Arce (2020-2025) dejó reservas internacionales equivalentes a menos de un mes de importaciones y la producción de gas en declive. Paz llegó al poder prometiendo revertir ese legado, pero sus reformas —eliminación de subsidios a combustibles y recorte del gasto— encarecieron los servicios básicos y encendieron la mecha. Un centenar de seguidores de Morales refuerza las movilizaciones; el gobierno lo acusa de alentar la violencia. Con la COB sin ceder y el ejecutivo sin herramientas de presión efectivas, el pulso entre un movimiento que apuesta al desgaste y un presidente sin margen económico puede prolongarse más allá de cualquier pronóstico oficial.
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