Un luto sin cuerpos paraliza a miles de familias semanas después de la riada en Nepal

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Katmandú, 16 sep (EFE).- Sabitri Tamang perdió a seis miembros de su familia cuando una avalancha de agua y roca rugió desde el Himalaya y sepultó su casa en Nuwakot el pasado 26 de agosto.

Tres semanas después, con los carteles de desaparición aún entre las manos y sin información sobre su paradero, recuerda cómo huyó tras sentir el ruido de las montañas y una ráfaga de aire helado.

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"Ya no me queda nada. Tampoco quiero volver a ese lugar, es un sitio que ni siquiera quiero recordar", relata a EFE desde uno de los refugios temporales que acoge a miles de desplazados tras el desastre.

Las autoridades de Nepal afirmaron este miércoles que solo el 7 % de los cuerpos recuperados de la riada han podido ser identificados, mientras las familias tratan de reconocer a sus seres queridos mediante fotos de los restos y pruebas de ADN que llegan de todas partes del mundo.

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Según el último balance de la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMA), el país ha conseguido encontrar 1.399 cuerpos, entre los que hay más de 500 restos mortales, y solo 105 han podido ser entregados a sus familias.

Más de 5.170 personas siguen inscritas en los registros de desaparecidos.

Como Sabitri, son miles los que afrontan la pérdida sin información. Este miércoles, cientos de monjes budistas asistieron a una ceremonia de oración en Katmandú de tres días en memoria de los fallecidos, a los que acompañaron varias familias que mantienen la búsqueda de sus seres queridos.

"Necesitamos hacer el ritual para que, allá dónde estén, sus almas encuentren paz", explica Nisma, una joven de 23 años que ha decidido celebrar un funeral simbólico sin el cuerpo de sus padres para poder despedirlos.

Según explica Nisma, el siguiente muro que afrontan las familias es el burócrático. El Artículo 40 del Código Civil de Nepal de 2017 establece un periodo de espera de 12 años para declarar legalmente muerta a una persona desaparecida.

Sin la confirmación del deceso, las administraciones no pueden emitir los certificados de defunción obligatorios. "Sin su cuerpo, no recibiré ayudas, ni cobraré sus seguros. Son muchos gastos que no puedo afrontar sola", cuenta la joven por teléfono desde Nuwakot.

Según UNICEF, más de 540 niños han perdido a sus padres en las inundaciones, y la catástrofe ha dejado a más de 17.000 menores con una necesidad urgente apoyo psicosocial y salud mental.

A la trampa legal se suma la falta de unificación en los recuentos. Muchas familias admiten con escepticismo que ya no esperan cambios. Anand, que lleva más de tres semanas rastreando el paradero de cuatro familiares desde Australia, asegura a EFE que muchos desaparecidos ni siquiera figuran en las listas del Gobierno.

Los números de teléfono en la pared de carteles de desaparecidos ya no contestan a las llamadas. La mayoría de los que buscan a los suyos no quieren hablar con periodistas y solo exigen respuestas a las autoridades.

"Qué diferencia hará que cuente mi testimonio", dice a EFE la hermana de una de las desaparecidas que prefiere no revelar su identidad.

El desastre ha asestado además un duro golpe a la economía nepalí justo en el arranque de la temporada alta de otoño, que concentra cerca del 40 % de las llegadas de visitantes extranjeros.

Según el Ministerio de Turismo, las pérdidas preliminares superan los 50.000 millones de rupias (unos 370 millones de dólares) en infraestructuras turísticas, y el sector prevé la cancelación de hasta un 30 % de las reservas en todo el país. EFE

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