La erupción del volcán Krakatoa: el fenómeno que revolucionó el estudio de la atmósfera

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Raúl Gómez

Redacción Medioambiente, 27 ago (EFE).- Este jueves, la Agencia Espacial Europea pondrá en órbita el satélite MTG-I2, el tercer miembro de una familia de satélites que supondrán una revolución para la meteorología y cuyo lanzamiento coincide con el aniversario de otro hito en el estudio del funcionamiento de la atmósfera: la erupción del volcán Krakatoa.

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Corría el 27 de agosto del año 1883 cuando el volcán Krakatoa, en la isla indonesia de Rakata, por entonces perteneciente a las Indias Orientales Neerlandesas, despertó con una intensidad que nadie había podido prever.

La explosión, una de las más potentes de la era moderna, se llegó a escuchar en Australia y la India (a más de 4.000 kilómetros de distancia), con una potencia semejante a 13.000 bombas atómicas según algunas estimaciones.

Su columna de ceniza alcanzó los 80 kilómetros de altura, llegó a cubrir unos 778.000 kilómetros cuadrados y 36.000 personas murieron en menos de 48 horas, especialmente a causa de los tsunamis.

Sin embargo, el que fuera uno de los desastres naturales más trágicos del siglo XIX, se tradujo en un avance sin precedentes en el ámbito de la meteorología y, más concretamente, en la manera en la que comprendemos la atmósfera y la circulación de sus capas superiores.

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Y es que la erupción del Krakatoa permitió estudiar por primera vez el planeta como una entidad interconectada, algo de lo que, pese a los avances tecnológicos y científicos que ya se habían logrado en la época, aún no se tenía noción.

"Del Krakatoa nos enteramos en Europa porque de pronto se registró una onda de presión que llegó directamente por el este por un lado y también por el oeste, dando toda la vuelta a la Tierra", explica en una entrevista con EFE el portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) de España, José Luís Camacho.

"La evidencia de esta onda de presión -añade-, junto con la evidencia de que los cielos empezaron a tomar un tinte rojo y la presencia de cenizas en la estratosfera, hizo ver a los científicos que aquello tenía un impacto global".

Durante un periodo de unos dos años, los cielos de todo el planeta se vieron afectados, la radiación solar se redujo gradualmente y las temperaturas bajaron en torno a 1 grado, lo que provocó, por ejemplo, un periodo de cosechas menos diversificadas.

La consecuencia más llamativa fue sin duda el tono rojizo de los cielos, sobre todo en los atardeceres, un efecto que, se piensa, pudo inspirar a artistas como Edvard Munch, que retrató el cielo que veía todas las tardes desde su ciudad en Noruega para pintar 'El grito' (1893).

Lo que sí que está claro es que la erupción del Krakatoa permitió a los científicos y meteorólogos avanzar en el estudio de fenómenos como la circulación atmosférica a gran altura o los efectos de los aerosoles y cenizas en el clima, lo que propició por primera vez una percepción real de los efectos del calentamiento global.

"En un volcán normal (...) todo el material se queda en la troposfera -a unos 3.000 metros- y tiene un efecto muy limitado (...) La clave del impacto del Krakatoa es que la explosión fue tan intensa que llegó a la estratosfera, donde el aire no se disipa verticalmente, sino de manera horizontal, por lo que las partículas más finas se mantienen flotando hasta que poco a poco van cayendo", concluye Camacho.

Ahora, en una época de fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes, la ciencia vuelve a dar un salto cualitativo ante la necesidad de contar con previsiones más rápidas y precisas gracias a la familia MTG (Meteosat de Tercera Generación).

A través de estos nuevos satélites se podrán generar imágenes meteorológicas de Europa cada 2,5 minutos, con mapeos 4D de la atmósfera que reforzarán significativamente las capacidades de predicción a corto plazo y de alerta temprana ante fenómenos extremos, como tormentas, incendios forestales o, por supuesto, erupciones volcánicas. EFE