Ailén Desirée Montes
São Paulo, 20 ago (EFE).- El senador y candidato presidencial Flávio Bolsonaro puso a prueba su pulso este jueves en su primera visita a São Paulo, el mayor colegio electoral del país, tras haber dado el pistolazo de salida a la campaña el domingo en la icónica playa de Copacabana.
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En un mercado popular del empobrecido barrio de São Miguel, un grupo de personas con la camiseta de la selección brasileña esperaban desde las primeras horas del día la llegada de la comitiva que trasladaba al primogénito del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022) junto con el alcalde Ricardo Nunes.
Mientras tanto, bajo un sol sofocante, un grupo de vecinos de barrios de la periferia aprovecharon la oportunidad para hacer oír algunas de sus demandas.
El rechazo madrugó en este distrito de más de 80.000 habitantes, donde en las elecciones de 2022 el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se impuso a Jair Bolsonaro.
Antes de la llegada del candidato, los manifestantes ya habían instalado una bandera roja y negra con un contundente mensaje: "Bolsonaro, Nunes: no los queremos en nuestras comunidades".
Del otro lado del cordón policial, los bolsonaristas entregaban folletos, izaban banderas y conversaban a la espera de Flávio, que llegó vistiendo una camisa blanca que dejaba ver los bordes del chaleco antibalas que viste desde que fue ungido como sucesor de su padre en diciembre pasado.
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Su seguridad privada le abrió un cerco para que pueda ingresar a su primera parada del día, el Almacén Solidario, un programa municipal que ofrece alimentos con descuentos a familias de bajos ingresos, y que, según dijo, le gustaría replicarlo a nivel nacional.
Allí, el candidato aprovechó para confrontar la agenda económica del Gobierno de Lula, a quien escolta en las encuestas de intención de voto de los próximos comicios de octubre.
“Primero tenemos que arreglar el desastre que ha causado Lula. Gasta demasiado, sube los impuestos y se mete con la población para recaudar más", afirmó Flávio ante los medios.
Dentro de los pasillos estrechos del mercado, el movimiento habitual quedó desplazado por un tumulto de periodistas y una marea de celulares levantados a la espera de captar aunque sea un gesto del candidato.
A medida que avanzaba, el ambiente mezclaba entusiasmo y caos. Entre empujones y ‘selfies’, Bolsonaro conversó con comerciantes, preguntó precios y pagó sus compras con Pix, el exitoso sistema de pagos electrónicos de Brasil que fue objeto de investigaciones por parte del Gobierno de Donald Trump por supuestas prácticas anticompetitivas.
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“Te quiero dar un abrazo, es como si estuviese abrazando a tu padre”, le dijo una señora que esperaba en la caja con su carro de compras. Miguel, un joven de 14 años, celebró como un gol cuando vio que la foto que se sacó en medio del alboroto había salido bien.
El mismo sentimiento de felicidad que manifestó Katiane Araújo Santos, enfermera de 44 años, quien usó su día libre en el hospital para asistir, junto a su hija de once, al evento del candidato, en el que ve reflejados sus mismos “valores familiares” y preocupaciones por la seguridad del país.
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“Si quieren considerarme bolsonarista, no reniego, porque es una persona en la que veo valores familiares, que es algo que quiero transmitirle a ella”, dijo señalando a su hija.
Afuera, los manifestantes intentaban con silbatos tapar la voz de los militantes. Allí estaba Ana Paula Pereira, comerciante de la zona, gritando cánticos en contra de Lula para plantar cara al bullicio opositor.
Flávio “es la continuación de su papá. Tiene los proyectos de su papá que fueron interrumpidos por una injusticia. (Jair) ni siquiera debería estar en la cárcel y todos lo saben”, manifestó a EFE la mujer de 49 años.EFE
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