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El pueblo palestino que nunca duerme para defenderse de los ataques de colonos israelíes

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Patricia Martínez Sastre

Sinjil (Cisjordania), 29 jul (EFE).- Como cada noche, una veintena de hombres del pueblo palestino de Sinjil, al noreste de Ramala (Cisjordania), se reúnen alrededor de una hoguera. El fuego es visible para los colonos israelíes de las colinas cercanas y les transmite un mensaje: no dudarán en defenderse en caso de ataque.

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Poco después del inicio de la ofensiva israelí que ha devastado la Franja de Gaza, tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, los vecinos de esta aldea comenzaron a organizarse en grupos de vigilancia como respuesta al incremento de incursiones violentas.

"La situación que estamos viviendo nunca la hemos vivido antes. Tres veces (los colonos) nos robaron ovejas y entraron en la casa", dice a EFE la anciana Jadra Dar Jalil, cerca de la carpa donde sus hijos hacen guardia cada noche. Asegura que les quitaron ocho cabezas de ganado; le quedan treinta para carne y leche.

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Bajo una lona blanca frente a la vivienda familiar, aislada del resto y con vistas al valle, se esparcen los objetos a los que ha quedado reducida la vida de los vigilantes: una cama de colchón fino, una alfombra raída, una máquina de musculación y una barra con pesas donde matar el tiempo.

"Cuando uno tiene un palo para pastar sus ovejas, los soldados dicen que lo vas a usar para golpearles", explica uno de los hijos de Jadra.

"Nos golpean y nos piden que nos vayamos de nuestras casas diciendo que no son nuestras", añade sobre el tándem que, poco a poco, va vaciando de palestinos la Cisjordania ocupada por Israel, según el derecho internacional: la violencia desatada por soldados junto a los colonos (algunos también militares en ejercicio o reservistas).

Aquí todos recuerdan al niño palestino-estadounidense Amer Rabee, de 14 años, asesinado por soldados en abril de 2025 en el pueblo aledaño de Turmus Aya mientras recogía almendras con amigos, según familiares y testigos. Y a los dos jóvenes -uno también norteamericano- muertos tres meses más tarde en los alrededores de Sinjil tras ser apalizados y tiroteados por colonos.

No muy lejos del puesto de vigilancia de la familia Dar Jalil, otros vecinos de Sinjil toman café, fuman y canturrean canciones frente al fuego. Exactamente a la una de la madrugada, uno de ellos aviva las llamas arrojando más tablas de un palé, si bien todo apunta a que, esta vez, podría tratarse de una noche tranquila.

La madrugada del pasado 17 de julio sucedió lo contrario. Un grupo de colonos enmascarados comenzaron a descender de la ladera hacia el pueblo, lo que hizo que algunos de los vigilantes decidieran prender la maleza junto a la carretera en un intento de bloquear su avance.

Los colonos arrojaron piedras y usaron tirachinas para atacar a los palestinos, quienes les emularon. El Ejército israelí intervino para proteger a los colonos, disparando al aire y lanzando gas lacrimógeno contra los palestinos.

"No recuerdo cuántos ataques hemos vivido desde el 7 de octubre", dice a EFE uno de los vigilantes. Saben que enfrentarse a los colonos -sin armas, un gobierno que les respalde o agentes que les protejan- es muy peligroso, pero no pueden quedarse de brazos cruzados.

En los últimos años, un total de seis colonias informales han emergido alrededor de Sinjil y desde 2025 una valla metálica rodea el pueblo, volviendo inaccesibles tierras de pastoreo y bloqueando todas las entradas excepto una, vigilada por soldados.

Fue en ese puesto de control militar, el único acceso a esta aldea -en una Cisjordania donde Israel mantiene más de 900 'checkpoints', barreras metálicas u otros bloqueos impidiendo el libre movimiento a 3,3 millones de palestinos-, donde falleció hace una semana la palestina Sujoud Wael Fuqaha.

Fuqaha, de 30 años y embarazada, se encontraba en estado crítico, camino al hospital de Ramala, cuando los soldados israelíes retuvieron su ambulancia durante más de media hora, según fuentes locales.

Un portavoz castrense, sin embargo, aseguró a EFE en una llamada que el enlace palestino informó al Ejército de la presencia de la ambulancia a las 22:02 hora local y que tan "solo" transcurrieron doce minutos hasta que se le permitió el paso.

"Es triste, claro que es triste, pero qué podemos hacer", dice a EFE uno de los tíos del marido de Fuqaha, que prefiere no ser identificado por miedo a represalias. "Él es un buen hombre, tienen otro hijo y una hija, pero se han quedado sin madre", añade.

La noche avanza con calma. La linterna de los vigilantes no muestra movimiento ni en el segmento de carretera que atraviesa el valle ni en una de las nuevas colonias, desde la que destella una gigantesca estrella de David iluminada.

Pero apenas tres kilómetros más allá, en uno de los cruces de entrada al asentamiento de Eli, colonos apedrean esa madrugada a conductores palestinos y les impiden seguir circulando, hasta que uno de ellos pierde el control y atropella a un adolescente israelí, según un comunicado del Ejército.

En el texto, las fuerzas israelíes se apresuran a detallar que no se trata de un "incidente terrorista" -las piedras las lanzan los colonos- y que el único arrestado es el conductor palestino.

"Nosotros no tenemos nada. Tiras una piedra y te lanzan una bomba (...) ¿Cómo vamos a luchar?, ¿lanzando un vaso, con una cuchilla?", añade un vecino de Sinjil que no forma parte de la patrulla nocturna y que, tras haber sido deportado de EE.UU., espera volver a irse porque, dice, se ha acostumbrado a vivir en libertad. EFE

(foto) (vídeo)