Aydin Shayegan
Teherán, 29 jul (EFE).- Desde que Masud Pezeshkian asumió la presidencia de Irán en julio de 2024, el país se ha sumido cada vez más en una sucesión de crisis y conflictos, marcada por dos guerras con Israel y Estados Unidos, una economía deteriorada y una represión recrudecida tras las protestas de enero pasado.
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Dos años después, su mandato aparece eclipsado por problemas constantes y por un margen de maniobra que muchos iraníes consideran limitado, ya que las decisiones estratégicas dependen del líder supremo y de instituciones como la Guardia Revolucionaria o el Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
Pezeshkian llegó al poder despertando expectativas entre quienes buscaban una moderada apertura tras años de sanciones internacionales y creciente descontento interno.
Sin embargo, el asesinato en Teherán del entonces líder político de Hamás, Ismail Haniyeh, apenas unas horas después de su investidura el 30 de julio de 2024, alteró por completo el escenario.
Irán respondió con un ataque contra territorio israelí dos meses después, un episodio que abrió una nueva etapa de enfrentamientos directos entre ambos países y desembocó en dos guerras con Israel y Estados Unidos: la de 12 días de junio de 2025 y la actual, iniciada el 28 de febrero pasado.
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La portavoz del Gobierno, Fatemeh Mohajerani, resumió este martes la visión del Ejecutivo: "El país atraviesa circunstancias difíciles. (...) El país ha sido gestionado durante estos dos años bajo condiciones de guerra".
Algunos ciudadanos reconocen las difíciles condiciones que ha enfrentado el presidente.
"Hay que ser justos y reconocer que Pezeshkian no ha tenido suerte desde el primer día. Heredó muchos problemas y las crisis lo han dejado contra las cuerdas", cuenta Nasim, una arquitecta de 38 años.
"Intentó negociar varias veces con Estados Unidos y nos atacaron mientras manteníamos conversaciones", añade.
Otros iraníes, sin embargo, cuestionan su gestión al margen de la guerra.
Kian, un fisioterapeuta de 43 años, asegura que Pezeshkian conocía el funcionamiento del sistema político de la República Islámica y "había prometido renunciar si no podía mejorar la situación o cumplir sus compromisos".
"Durante su presidencia se registró la mayor matanza y represión de unas protestas con miles de muertos. Internet ha ido cada día peor y de la situación económica ni hablar", afirma.
Desde la llegada de Pezeshkian al poder, la frágil economía iraní ha seguido deteriorándose.
La inflación continúa erosionando el poder adquisitivo, al pasar del 40 % registrado hace dos años al 88 % en junio pasado, según el Centro de Estadísticas de Irán, la cifra más alta en seis décadas.
La moneda nacional también se ha depreciado con fuerza y la semana pasada alcanzó un nuevo mínimo histórico, al cambiarse a 1.930.000 riales por dólar.
El deterioro económico se produce en medio de la guerra, durante la cual los bombardeos israelí-estadounidenses han dañado infraestructuras civiles, militares y nucleares, además de grandes industrias y complejos petroquímicos.
Según el Gobierno iraní, los daños causados en los primeros 40 días de guerra ascienden a 270.000 millones de dólares.
La crisis económica fue uno de los detonantes de las protestas antigubernamentales de finales de 2025, que alcanzaron su punto álgido los días 8 y 9 de enero con manifestaciones que pedían el fin de la República Islámica.
Las autoridades respondieron con una dura represión que, según la versión oficial, dejó 3.117 muertos, mientras organizaciones opositoras como HRANA, con sede en Estados Unidos, elevan la cifra a más de 7.000.
Teherán calificó las protestas de "disturbios", "actos terroristas" e intento de "golpe de Estado" orquestado por Israel y Estados Unidos, y responsabilizó a supuestos mercenarios de la violencia.
Hasta ahora, las autoridades han ejecutado a 26 personas que participaron en las movilizaciones.
Durante 2025, el país registró la cifra más alta de ejecuciones en décadas, con 2.159 personas ahorcadas, según Amnistía Internacional.
Uno de los compromisos más visibles de Pezeshkian era reducir las restricciones sobre internet.
Durante sus dos años de mandato solo se ha levantado el bloqueo sobre WhatsApp y Google Play, mientras X, Telegram, Instagram y YouTube continúan restringidas.
Además, el acceso a internet global se ha reducido drásticamente. En lo que va de 2026, el país ha vivido casi tres meses de apagón digital: primero durante las protestas de enero y después tras el inicio de la guerra el 28 de febrero.
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La única promesa parcialmente cumplida del presidente ha sido una flexibilización en la imposición del velo obligatorio a las mujeres.
En el último año, el número de mujeres que salen a la calle sin hiyab ha aumentado considerablemente después de que Pezeshkian, con el apoyo del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, frenara la promulgación de una ley que endurecía los castigos contra quienes no lo utilizan.
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Aun así, gran parte de las promesas de Pezeshkian siguen sin materializarse en un país en guerra, donde muchos consideran que las decisiones fundamentales continúan tomándose lejos del Palacio presidencial de Pasteur y donde la economía, la principal preocupación de la población, continúa deteriorándose. EFE
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