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Kazajistán transmite a Putin el malestar de China y Occidente con la guerra

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Kulpash Konyrova

Astaná, 28 jul (EFE).- El llamamiento del presidente de Kazajistán, Kasim-Yomart Tokáyev, a detener de una vez por todas la guerra en Ucrania se ha extendido como un reguero de pólvora, justo cuando el líder ucraniano, Volodímir Zelenski, visita Estados Unidos.

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Nadie se había atrevido hasta ahora a aleccionar en persona al presidente ruso, Vladímir Putin, más aún al destacar que nadie entiende "el origen del conflicto", ni siquiera los vecinos de Rusia, que rebaten los argumentos históricos de Moscú.

"Tal vez ha llegado la hora de congelar el conflicto", le espetó Tokáyev, diplomático de profesión, a Putin durante la reunión que ambos celebraron el pasado fin de semana en la ciudad siberiana de Omsk.

 El papel de mensajero

En realidad, Tokáyev, que habló dos semanas antes por teléfono con el presidente de EE.UU., Donald Trump, no estaba dando sólo su "modesta opinión", como él dijo.

"No voy a ocultar que recibo muchas señales, de las que ya le informé por teléfono, de Europa y Estados Unidos, sobre la marcha del conflicto entre Ucrania y Rusia", le dijo al líder ruso.

Según los analistas, Tokáyev no sólo transmitió su malestar, sino el de las grandes potencias. Y es que son muchos los intereses occidentales y chinos en los ingentes recursos naturales kazajos.

"Usted sabe que, desde mi punto de vista (...) este es un conflicto entre Estados. No se trata de una guerra civil. Nosotros siempre hemos respetado al pueblo ucraniano, su cultura e idioma", añadió.

Y es que los drones están poniendo en peligro la estabilidad del mercado energético, que acumula muchos problemas desde el comienzo del conflicto en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz.

La suspensión del bombeo de crudo por el Oleoducto del Caspio hasta el puerto ruso de Novorosíisk (mar Negro) y de su posterior trasiego hasta el mercado occidental es un gran problema.

En concreto, la empresa estadounidense Chevron es uno de los principales accionistas del Consorcio del Oleoducto del Caspio (KTK) -posee un 15 % de las acciones-, que transporta el 80 % de las exportaciones de petroleo kazajo.

Países como Alemania dependen más que nunca de los hidrocarburos kazajos desde que cesó la importación de gas y petróleo ruso. La propia España importa anualmente más de 2 millones de toneladas de crudo de la república centroasiática.

"Dado que Tokáyev mantiene periódicamente conversaciones telefónicas con Trump, se reúne con los dirigentes europeos y acaba de regresar de China, es evidente que una guerra de tal magnitud en el continente no se puede eludir. Más aún cuando en esas cancillerías son conscientes de la relación de confianza entre los líderes ruso y kazajo", comentó a EFE el politólogo Talgat Kalíev.

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Los recientes ataques de drones contra las instalaciones del KTK y los petroleros atracados en la terminal portuaria en Novorosíisk han puesto en una situación muy delicada a Kazajistán. Sólo el pasado año las pérdidas causadas a las compañías por los bombardeos ascendieron a más de 3.000 millones de dólares.

La locomotora económica de Asia Central no cuenta con depósitos subterráneos para albergar sus reservas estratégicas, por lo que depende de la estabilidad de los suministros y su salida por el mar Negro.

Kazajistán tuvo que reducir más de un 20 % la extracción en sus yacimientos, lo que supone unas pérdidas de casi 32 millones de dólares diarios, según el experto Olzhas Baidildínov. En el caso del Tenguiz ese descenso superó el 50 %, de 925.000 barriles diarios a 406.000.

Todo esto tiene un impacto directo en el presupuesto y en la economía nacional, que recibe un 25 % de sus ingresos del sector petrolero. Las autoridades temen que esta situación se traduzca en recortes de los programas sociales, un aumento del coste de la vida y, como consecuencia, un incremento del malestar social.

Los kazajos tienen motivos para la preocupación ante una posible desestabilización, ya que justo antes de la guerra, en enero de 2022, tropas rusas tuvieron que ser desplegadas en el país para sofocar violentos disturbios populares.

Por ello, Tokáyev, un mandatario habitualmente muy cauto en sus declaraciones, aprovechó el momento adecuado para hacerse oír. "Omsk era ese momento", comentó a EFE el periodista Bigueldi Gabdulin.

"No es solo la opinión del presidente. Esa la postura oficial de Kazajistán (...) Cualquier guerra acaba tarde o temprano con negociaciones. Y cuanto antes comiencen las conversaciones, menor será el precio de la paz", subrayó. EFE