Mar Marín
Rabat, 26 jul (EFE).- Mohamed VI cumple esta semana 27 años en el trono de Marruecos. Un reinado que ha transformado el país, con grandes infraestructuras, crecimiento y una proyección internacional sin precedentes, pero lastrado por el estancamiento de las reformas políticas y sociales.
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Cuando sucedió a Hassan II, en julio de 1999, con 35 años, Mohamed VI proyectó una imagen reformista. Los atentados de Casablanca (2003, 45 muertos) y Marrakech (2011, 17 muertos) precipitaron el fin de la apertura. El Estado reforzó el aparato de seguridad y aumentó el control sobre la religión.
Hoy Marruecos es un actor regional mucho más influyente. Aliado de Estados Unidos e Israel, mantiene una relación privilegiada con Europa sin descuidar a Rusia, China o sus vecinos africanos.
Mientras, críticos y organizaciones internacionales denuncian el freno a las reformas y el impacto de la corrupción que sitúa al país en el puesto 99 de los 180 de la lista de Transparency International.
Marruecos cuenta con el primer tren de alta velocidad de África (Tánger-Rabat), el mayor puerto de la región (Tanger Med) y construye un estadio para 115.000 espectadores para el Mundial 2030 que organiza con España y Portugal.
La renta per cápita se ha triplicado -4.700 dólares, según el Banco Mundial-, la pobreza ha caído al 10 por ciento y el analfabetismo a la mitad.
Pero el impulso del eje Atlántico contrasta con la pobreza del interior y el propio Mohamed VI ha alertado de que Marruecos "no puede avanzar a dos velocidades".
"Marruecos se encuentra ante una clara paradoja: avances en infraestructuras, acompañados de un preocupante retroceso en el proceso de democratización y en la protección de los derechos humanos", apunta la abogada Souad Brahma, presidenta de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH, izquierda).
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"No es posible hablar de un desarrollo verdadero mientras el ser humano, sus libertades y sus derechos no ocupen un lugar central en las políticas públicas", sostiene en declaraciones a EFE.
Las protestas juveniles del GENZ212 se sofocaron con penas de hasta 15 años. También se ha diluido el Hirak Rif que estalló hace una década en el norte y terminó con sentencias de 20 años.
Casos como estos llevan a Marruecos al 105 sobre los 180 puestos del Indice Mundial de Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras y a Human Rights Watch a denunciar el aumento de la represión.
"En Marruecos, el desarrollo sigue enfrentándose a un obstáculo estructural: la ausencia de democracia", denuncia la presidenta de AMDH.
Lejos quedan los vientos de cambio que auguraba en 2004 la reforma del Código de Familia -la Moudawana- para restringir la poligamia o el repudio.
Para Habib Belkouch, delegado interministerial encargado de los Derechos Humanos (órgano del Gobierno para coordinar esas políticas), sin embargo, Marruecos ha emprendido reformas estratégicas, "un pilar fundamental para la construcción del proyecto democrático y el fortalecimiento de los fundamentos del Estado moderno".
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El país, "sigue enfrentándose a determinados desafíos", desde la libertad de expresión a la IA, admite a EFE, pero "la construcción democrática y la protección de los derechos humanos constituyen un proceso permanente que exige una visión de largo alcance, perseverancia y capacidad".
Cincuenta años después de la Marcha Verde, el Sáhara representa la mayor victoria diplomática de Rabat y el "prisma" para medir sus relaciones internacionales.
El giro decisivo llegó en 2020, cuando Donald Trump reconoció la soberanía marroquí en el marco de la normalización de relaciones entre Rabat e Israel.
España, Francia, Reino Unido o la Unión Europea se han sumado al respaldo a Marruecos e incluso Naciones Unidas ha avalado un plan de autonomía que Rabat no ha desarrollado.
El 23 soberano de la dinastía alauí es, además, el "comendador de los creyentes", la máxima autoridad religiosa en el país, lo que convierte la monarquía en el principal eje de estabilidad.
La reforma constitucional de 2011 reforzó al Ejecutivo, aunque el Palacio sigue siendo el principal centro de decisión política y el monarca se reserva designaciones "estratégicas", como Interior, Exteriores, Defensa o Asuntos Religiosos.
La salud del monarca, de 63 años, es un tema reservado y sus apariciones públicas han disminuido en los últimos años, mientras el príncipe heredero Muley Hassan, de 23 años, ha adquirido una mayor presencia en actos oficiales.
Forbes estima la fortuna del monarca en unos 5.700 millones de dólares a través de su participación en Al Mada.
Este aniversario coincide con un momento de incertidumbre política ante las elecciones de septiembre.
Analistas e intelectuales alertan de un desencanto ciudadano que puede derivar en una gran abstención. El columnista Abdallah Tourabi denuncia, en declaraciones a EFE, un "desinterés" por "la política en su sentido oficial y tradicional, por las instituciones representativas, el gobierno y el parlamento".
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¿Por qué? Por el deterioro del nivel de la clase política, concluye. EFE
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