Yuba, 8 jul (EFE).- Sudán del Sur conmemora mañana jueves 9 el decimoquinto aniversario de su independencia, hito que puso fin a décadas de conflicto con el gobierno de Sudán, y que llega en un momento decisivo marcado por el colapso económico, una severa crisis humanitaria y la incertidumbre ante sus primeras elecciones generales, convocadas para el próximo 22 de diciembre.
Tres lustros después de que la bandera sursudanesa se izara por primera vez en Yuba, las promesas de paz y desarrollo del Estado más joven del mundo chocan con una realidad donde la soberanía política no se ha traducido en mejoras sociales.
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En su primer discurso como presidente de la nueva nación, Salva Kiir aseguró: "A partir de hoy, no tendremos excusas ni a quién culpar por nuestros fracasos".
Hoy, esa declaración de un mandatario que aún sigue en el poder, resuena con fuerza entre una población para la cual la secesión supuso la culminación de una larga lucha por la identidad.
"El abrumador voto a favor de la secesión se produjo tras décadas de guerra, sufrimiento y marginación, con la esperanza de construir un Estado que respondiera a las aspiraciones de paz, justicia y desarrollo", explicó a EFE el investigador del Centro de Estudios para la Paz de la Universidad de Yuba, Chol Majak.
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A pesar de las crisis, Majak destacó que Sudán del Sur ha logrado consolidarse como Estado soberano e ingresar en la ONU y la Unión Africana, aunque matizó que estos hitos diplomáticos no se reflejan en las calles.
La joven historia del país africano quedó truncada apenas dos años después de su nacimiento con el estallido de una cruenta guerra civil entre las facciones lideradas por el presidente Kiir y el líder opositor Riek Machar, un conflicto de tintes étnicos y políticos que ha causado de momento cientos de miles de muertos y millones de desplazados.
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Pese al acuerdo de paz revitalizado que se firmó en 2018, la violencia contra los civiles está lejos de remitir, mientras el fantasma de la guerra civil está más vivo que nunca.
Según los últimos datos publicados por la ONU, el número de civiles asesinados en el país aumentó un 89 % en el primer trimestre de 2026, dejando un saldo de 767 muertos solo entre enero y marzo. Esta persistente violencia interna y los choques sectarios ensombrecen los preparativos para los postergados comicios generales.
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Por su parte, la ministra de Cultura, Museos y Patrimonio Nacional, Sarsh Nyanath, señaló a EFE que este aniversario "no debe limitarse a las celebraciones oficiales, sino que debe ser una ocasión nacional que llegue a todos los hogares", insistiendo en que los valores de paz, unidad y democracia deben seguir siendo los principios rectores del país.
No obstante, la retórica oficial contrasta con los datos de una de las crisis humanitarias más graves del continente africano. Según estimaciones del Banco Mundial, aproximadamente el 87 % de la población vive en la pobreza extrema.
Asimismo, los últimos datos de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases(CIF) indican que 7,8 millones de personas enfrentan altos niveles de inseguridad alimentaria, más de 2,2 millones de niños requieren tratamiento por desnutrición aguda y casi 10 millones de personas dependen estrictamente de la asistencia humanitaria para sobrevivir.
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En el plano financiero, el profesor de Economía de la Universidad Católica de Sudán del Sur, Alfred Luka, lamentó en declaraciones a EFE que la independencia "no haya cumplido con las expectativas de prosperidad".
"Las promesas se han convertido en un drástico deterioro del nivel de vida tras el despilfarro de miles de millones de dólares procedentes de los ingresos petroleros debido al conflicto y a la mala gestión", afirmó Luka, quien apuntó que cerca del 92 % de la población vive actualmente por debajo del umbral de la pobreza.
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El economista explicó que la crisis "ha exacerbado la inflación, erosionado el poder adquisitivo de los ciudadanos y devaluado la moneda nacional". Esta situación se ha visto agravada por la guerra en el vecino Sudán, que ha provocado la interrupción de las exportaciones de crudo sursudanés a través de su territorio.
La pérdida de estos ingresos ha debilitado drásticamente la capacidad del Ejecutivo de Yuba para cumplir con sus obligaciones básicas, incluido el pago regular de los salarios de los empleados públicos.
"La economía sigue siendo rehén de un modelo rentista que depende casi por completo del petróleo, sin lograr construir una base productiva capaz de alcanzar un desarrollo sostenible", concluyó el experto.
El desencanto social, el lastre de una guerra civil nunca cerrada del todo y la parálisis financiera marcan la agenda de un país que, mientras busca contrarreloj la estabilidad institucional, sigue atrapado entre el peso de sus recursos naturales y las promesas incumplidas de su propia fundación.
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Atem Simón Mabior
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