Tras 18 meses sin Al Asad, Siria sigue en transición y con una población empobrecida

Guardar
Google icon

Ghadi Baghdadi

Damasco, 8 jun (EFE).- Hace este lunes 18 meses que el presidente sirio Bachar al Asad fue derrocado tras más de cinco décadas de gobierno por parte de su familia, dando paso a una transición aún a la espera de cambios políticos y a una realidad que sigue siendo igual de difícil para la población pese a los mejores indicadores económicos.

PUBLICIDAD

Menos de dos meses después de que grupos rebeldes encabezados por la alianza islamista Organismo de Liberación del Levante entraran en Damasco, Ahmed al Sharaa, entonces conocido como el líder de aquella coalición, fue nombrado presidente para la transición en el país.

Para el analista político y profesor universitario de Relaciones Internacionales Bassam Abu Abdulá, los avances desde entonces deben de juzgarse a través de un prisma claro: "Si lleva a un sistema político abierto e inclusivo, o a la repetición de otra autoridad centralizada bajo un nuevo nombre".

PUBLICIDAD

En marzo de 2025, Al Sharaa firmó una declaración constitucional para establecer una transición de cinco años, disolviendo el Partido Baaz de Al Asad -en el poder desde 1963- y dando paso a un Gobierno predominantemente suní, con un solo ministro de las minorías alauita, cristiana y drusa, respectivamente.

Los kurdos, por su parte, tienen dos de las 23 carteras, una representación considerada insuficiente por la autoproclamada administración autónoma liderada por esa comunidad.

"Una transición política genuina no se mide en un cambio en los mandatarios, sino en si han cambiado las leyes de gobierno en sí mismas. El cambio debe ser del monopolio del poder al pluralismo político, de un mandato individual a instituciones", alertó Abdulá.

El analista consideró que un lustro es un periodo bastante largo para una etapa transitoria y que, además, no existen garantías de que pasado ese tiempo se vayan a celebrar unos comicios generales "libres y competitivos".

Por otro lado, a las organizaciones pro derechos humanos también les preocupan los estallidos de violencia que han afectado a varias minorías religiosas desde el cambio de poder.

En marzo de 2025, los incidentes más graves dejaron unos 1.500 muertos en la región costera, en su mayoría de la comunidad alauita, e involucraron a fuerzas vinculadas a las autoridades. En julio, el sur del país registró choques entre la minoría drusa y clanes beduinos que desplazaron a unas 200.000 personas.

Hamada Aloush, de 27 años, residía en Turquía cuando varios de sus familiares fueron asesinados en Baniyas, en la costa mediterránea siria, durante las masacres del pasado año contra los alauitas, comunidad a la que pertenece el expresidente sirio y buena parte del antiguo régimen.

"Mucha gente piensa que los alauitas quieren a Bachar al Asad, pero eso no es del todo cierto. Muchos alauitas le tenían miedo, del mismo modo que ahora tienen miedo de Ahmed al Sharaa", advirtió Aloush, al pedir "justicia" por lo ocurrido.

Una fuente gubernamental que pidió el anonimato defendió en declaraciones a EFE que los incidentes de marzo de 2025 fueron "actos aislados que no reflejan la política estatal", al reiterar que los culpables serán obligados a rendir cuentas a través del proceso de investigación establecido.

Antes de las revueltas populares de 2011 contra Al Asad y el estallido de la guerra civil, Siria gozaba de un PIB de unos 60.000 millones de dólares, pero para la caída del régimen sirio en diciembre de 2024 la cifra era apenas una sombra de ello.

En 2025, las nuevas autoridades reportaron un PIB de 32.000 millones de dólares y un superávit presupuestario, pero aun así más de 16 millones de personas o el 70 % de la población precisan ayuda humanitaria, según datos de la ONU.

"El problema en Siria no es que haya legislaciones débiles, sino una crisis de confianza en su implementación. Los inversores no invierten en decretos y textos, invierten en estabilidad", explicó a EFE el economista Ziad Aarbash, al alertar de que, pese a los indicadores, los productos básicos siguen fuera del alcance de muchos sirios.

Con el cambio de poder, también llegó el levantamiento de sanciones, especialmente por parte de Estados Unidos, y la firma de acuerdos como el cerrado este mismo febrero con el gigante estadounidense Chevron, un hito en inversión energética sin igual desde el inicio del conflicto.

Bajo el mandato de Al Asad, Siria fue suspendida en la Liga Árabe y vetada en las capitales occidentales. Al Sharaa, por su parte, se convirtió en el primer presidente de la Siria moderna en visitar el Despacho Oval a finales del pasado año.

"Si la fase actual lleva a una Constitución consensuada, instituciones elegidas (en las urnas) y un traspaso de poder, será posible hablar de una transición política real. Si termina repitiendo un monopolio del poder con herramientas nuevas, entonces es una sustitución de un sistema por otro", concluyó Abdulá. EFE