Vivir a las puertas del Estadio Ciudad de México, pero al margen de la fiesta del Mundial

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María Julia Castañeda

Ciudad de México, 4 jun (EFE).- Habitantes de las colonias que rodean el Estadio Ciudad de México, sede del partido inaugural del Mundial FIFA 2026 en una semana, ya viven los efectos del torneo, entre cierres, operativos y restricciones que alteran su vida cotidiana y los mantienen al margen de la fiesta deportiva.

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En las calles que rodean el estadio, la publicidad mundialista convive con una creciente incertidumbre entre vecinos que aseguran enfrentar cada vez más obstáculos para circular, trabajar y aprovechar la actividad que genera el torneo.

"No puedes entrar con los autos, es mucho problema, preferimos luego no salir", explica a EFE Martha Ramos, de 39 años.

Según relata Ramos, los residentes deben demostrar que viven en la colonia con un comprobante de domicilio o credencial de elector para atravesar varios filtros y, en ocasiones, recorrer trayectos más largos debido a los cierres viales.

Ante estas medidas que describe como "molestas", la mujer asegura que a veces prefiere quedarse en casa de amigos o mejor no salir de la colonia.

Ramos se refiere así al perímetro de seguridad "Última Milla", que formará parte del operativo previsto para los cinco partidos mundialistas en la capital mexicana.

Dentro de esta zona, residentes, asistentes a los partidos y vehículos autorizados deberán pasar por filtros de acceso, mientras que la circulación estará restringida durante los juegos.

Pero las medidas también preocupan a quienes esperaban beneficiarse de la afluencia de visitantes, como Juana Cruz, de 61 años, quien cuidaba autos alrededor del estadio, antes de su cierre por remodelación hace dos años.

"Vendíamos agua, refrescos y cuidábamos carros. Pero ahora no nos van a dejar hacer nada", indica la vecina, quien acompaña a su suegra que vende quesadillas en una esquina frente al estadio.

Según describe Cruz, durante el amistoso entre México y Portugal en marzo pasado, un cerco policial se instaló frente al puesto, lo que impidió el paso de peatones y vehículos.

"Nos ponen las vallas aquí y no dejan pasar gente y menos carros. Tapan todo totalmente", señala.

Aunque algunos vecinos "se quieren pelear con los policías", dice, ella evita responsabilizar a los agentes por los operativos, pero tampoco cree que las cosas vayan a cambiar: "Al contrario, nos están amarrando más las manos".

Del otro lado de la calle, trabajadores aceleran los últimos detalles en la remodelación de la sede del certamen, al tiempo que los vecinos intentan adaptarse a un Mundial que ya transformó la vida cotidiana de la zona, entre obras que han trastocado la vialidad durante meses.

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Entre las remodelaciones, Lázaro Aquino, de 50 años, señala impactos ambientales y urbanísticos como la pavimentación de un terreno que antes era verde: "Era pasto y había árboles, y de repente en un mes levantaron todo y ahora es un estacionamiento".

Varias calles adelante, con el estadio ya fuera de vista, vecinos organizados de Pedregal de Santa Úrsula se reúnen para afinar las acciones de protesta con las que buscan visibilizar durante el Mundial reclamos históricos por el acceso al agua.

Desde hace años, integrantes de la Cooperativa Acción Comunitaria Pedregales -conformada por habitantes del pueblo originario de Santa Úrsula y diecisiete colonias aledañas- mantienen una disputa con las autoridades por la concesión de un pozo otorgada al estadio.

Aunque viven sobre una zona rica en agua subterránea, aseguran que decenas de familias siguen enfrentando problemas de abastecimiento, lo que -sostienen- se ha agravado mientras se acerca el torneo, al tiempo que cuestionan obras de drenaje realizadas por el gobierno dentro de la sede mundialista.

"Veíamos que los tubos salían del estadio", expone Carmen Trejo, al reclamar la falta de respuestas a sus quejas.

Ahora, con el Mundial en la puerta, los vecinos preparan "amparos en contra del cerco (policial) porque nos están limitando a nuestro paso", advierte Trejo, quien recuerda que en una reunión vecinal autoridades les dijeron: "ni se les ocurra hacer fiesta, ni enfermarse, ni invitar a nadie". EFE

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