Noemí Jabois
Beirut, 16 may (EFE).- "¿Qué alto el fuego? ¿Dónde hay alto el fuego?", se pregunta Ayat (nombre ficticio) en el descampado beirutí donde aún permanece desplazadado al cumplirse un mes de la entrada en vigor de una tregua técnica entre el Líbano e Israel, extendida anoche por 45 días más pese a las continuas violaciones.
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Desde su implementación, en la medianoche del pasado 16 de abril, Israel ha matado a al menos 380 personas, según datos oficiales, y ha ido expandiendo su radio de acción cada vez más lejos de las áreas fronterizas, llegando a atacar la semana pasada el suburbio capitalino de Haret Hreik.
Mientras el número de desplazados en albergues oficiales roza los 130.000, no muy por debajo del total registrado en los últimos días de la guerra, Ayat explica que tanto su zona como otros puntos de concentración de familias en la ciudad se han llenado con el paso de las semanas.
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"Al comienzo del alto el fuego había menos, pero cuando volvieron las amenazas y los bombardeos, especialmente después del ataque en Haret Hreik y los ataques en el sur, la gente regresó en masa (...) Hay desplazados por todas partes", dice la mujer a EFE.
Ayat se ha establecido con su familia extendida en una esquina de este descampado cercano a la costa, por el que se esparcen decenas de tiendas de campaña. Tras el cese de hostilidades trataron de regresar al sur del país, pero su casa está destruida y no vieron sentido a quedarse en la calle "bajo los bombardeos".
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Aquí esperarán, dice, hasta que el último soldado israelí haya abandonado el territorio libanés, aunque la vida a la intemperie no es fácil, sin escuelas para los niños ni baños para sus necesidades más básicas.
"La verdad es que tiramos mucha comida. Hay insectos, suciedad y gérmenes, hasta da miedo tocar la comida después de cocinarla por temor a que haya caído algo sobre ella", comenta sentada bajo una lona junto a algunos de sus familiares.
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Su hija pequeña escucha en silencio.
Ayat cuenta que durante el conflicto la niña sufrió una crisis nerviosa y estuvo varios días sin hablar, después de que un bombardeo sacudiera el edificio de su tío en Beirut, adonde habían acudido buscando algo de alivio con la ropa empapada por la lluvia del invierno.
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"Se pasa todo el día así, con ansiedad. Desde el bombardeo empezó a temblar de esta manera, si ve un avión de guerra pasar por aquí entra en pánico y se altera totalmente", anota la madre, mirando a su hija con compasión y al frente con enfado.
En otra parte del descampado, la trabajadora bangladesí Shuma Attar comparte tienda de campaña con su bebé de un año, que duerme bajo una mosquitera ajeno a las dificultades que enfrenta su madre en el Líbano desde el inicio de la guerra.
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Según cuenta a EFE, huyó del castigado sur del país hace dos meses, solo para encontrarse con más "problemas" en la capital y sin recursos para regresar a su país de origen.
"Fui a buscar trabajo, pero todos me han dicho que hay que esperar porque ahora hay guerra", relata la joven, mientras la creciente intensidad de la violencia hace cada vez más difícil seguir utilizando el término alto el fuego.
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Para Hussein, los desplazamientos concatenados duran ya camino de tres años, desde el inicio del anterior conflicto en octubre de 2023, y en ningún momento desde entonces ha habido en la práctica un cese el fuego.
"Nunca nos dejaron volver. Yo soy del sur, de Ramyeh, un pueblo fronterizo literalmente en el punto cero. La valla fronteriza está a dos metros de nosotros", cuenta a EFE, sentado en un colchón sobre el asfalto, bajo la lona que le resguarda a él, a su mujer y a sus hijas en Beirut.
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A esta y otras localidades fronterizas, los vecinos nunca pudieron regresar incluso con el alto el fuego de finales de 2024.
Cuenta que en Ramyeh apenas quedaban casas en pie, los drones perseguían a la gente "constantemente" incluso si solo iban temporalmente hasta el pueblo y las tropas israelíes les lanzaban bombas de sonido por las noches para que se viesen obligados a irse de la zona.
"Durante los 15 meses anteriores a esta guerra yo no pude dormir ni una sola noche en mi pueblo por culpa de Israel", lamenta.
En línea con la situación actual, el cese de hostilidades que estuvo en vigor sobre el papel desde noviembre de 2024 hasta el estallido del actual conflicto el pasado marzo, se tradujo en realidad en ataques prácticamente diarios contra el sur del Líbano.
"Solo que me saquen a los israelíes y no quiero nada más", pide Hussein.
"Yo mismo cargaré esta tienda y la pondré al lado de mi casa destruida, limpiaré los escombros con una pala y me sentaré allí. No me importa si no hay electricidad, agua ni vida", concluye el padre de familia. EFE
(foto)
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