Un análisis de datos agrupados de la evidencia disponible sobre varios tipos diferentes de ejercicio estructurado, realizado por el Centro de Investigaciones Clínicas del Hospital de Clínicas de Porto Alegre (Brasil), revela que el entrenamiento aeróbico y de resistencia combinados, así como el entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT), se asocian con reducciones significativas de la presión arterial durante 24 horas.
El entrenamiento aeróbico es la forma de ejercicio que se relaciona de manera más consistente con descensos significativos de la presión arterial en cualquier momento, mientras que la evidencia para el entrenamiento de resistencia por sí solo, el ejercicio isométrico, el yoga, el pilates y los deportes recreativos es más limitada.
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El estudio, que se publica en 'British Journal of Sports Medicine', recuerda que se considera la hipertensión arteiral según la Sociedad Europea de Cardiología cuando su lectura regular es superior a 140/90 mg Hg. Los médicos recomiendan el ejercicio para la prevención y el tratamiento de la hipertensión arterial, y medicamentos para reducirla.
Según explican los investigadores, la monitorización ambulatoria de la presión arterial (mediciones que registran las fluctuaciones de la presión arterial durante las actividades cotidianas, en lugar de durante una visita al médico) es un indicador más fiable de futuras enfermedades cardiovasculares graves y de muerte.
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Si bien se sabe que diferentes formas de ejercicio reducen la presión arterial, el entrenamiento aeróbico es, hasta la fecha, el único método que ha demostrado reducir la presión arterial ambulatoria durante 24 horas.
Para averiguarlo, los investigadores examinaron bases de datos de investigación desde noviembre de 2024 hasta agosto de 2025 en busca de ensayos clínicos comparativos relevantes que analizaran el impacto del entrenamiento físico estructurado con una duración mínima de 4 semanas.
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Entre ellas se incluían diversos tipos de ejercicio: ejercicio aeróbico, como caminar a paso ligero, correr y montar en bicicleta; entrenamiento de resistencia, utilizando el propio cuerpo o pesas; ejercicio isométrico, como planchas o sentadillas contra la pared; HIIT (entrenamiento de alta intensidad a intervalos); yoga o pilates; y deportes recreativos, como fútbol, tenis playa y balonmano.
Los resultados de 31 ensayos controlados aleatorios, en los que participaron más de 1.345 personas y 67 tipos diferentes de ejercicio, se agruparon en un metaanálisis en red, que integra tanto la evidencia directa como la indirecta.
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El principal hallazgo es que la combinación de ejercicio y entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) redujo la presión arterial durante 24 horas, mientras que el ejercicio aeróbico mostró las reducciones más consistentes en la presión arterial ambulatoria, tanto de día como de noche.
En comparación con la ausencia de ejercicio, el entrenamiento combinado se asoció con una reducción promedio de 6,18 mm Hg, mientras que el ejercicio aeróbico se asoció con una reducción de 4,73 mm Hg, y el HIIT con una reducción de 5,71 mm Hg en la presión arterial sistólica (el mayor de los dos números) durante 24 horas.
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Se observaron reducciones promedio en la presión arterial diastólica (el menor de los dos números) con el entrenamiento combinado (3,94 mm Hg), el ejercicio aeróbico (2,76 mm Hg), el HIIT (4,64 mm Hg) y el pilates (4,18 mm Hg) durante 24 horas.
Los resultados indicaron que el pilates, el yoga y los deportes recreativos no carecían de beneficios, pero los investigadores afirman que serían necesarios ensayos clínicos a gran escala para confirmar los hallazgos antes de que pudieran utilizarse para fundamentar la práctica clínica.
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Investigaciones anteriores han destacado el ejercicio isométrico como el ejercicio más eficaz para reducir la presión arterial alta, señalan los investigadores. Sin embargo, "las mejoras en la función del endotelio (revestimiento celular) y la reducción de la resistencia periférica total resultantes de la vasodilatación sostenida, impulsada por el aumento del estrés de cizallamiento durante el ejercicio, se atribuyen más al entrenamiento aeróbico que al de resistencia", explican.
Además, el entrenamiento de resistencia puede inducir rigidez arterial transitoria debido a cargas de alta presión. Estas diferencias mecanísticas podrían explicar las discrepancias observadas entre el metaanálisis en red y estudios previos.
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Sus hallazgos llevan a los investigadores a sugerir que, por lo tanto, el ejercicio de resistencia debería considerarse una estrategia complementaria, en lugar de una estrategia de primera línea, para reducir la presión arterial alta.
Los investigadores reconocen diversas limitaciones en sus hallazgos. Por ejemplo, para maximizar la evidencia disponible, incluyeron ensayos con un número reducido de participantes; los efectos secundarios a menudo no se reportaron adecuadamente; con frecuencia faltaban datos sobre el grado de adherencia de los participantes a sus programas de ejercicio, y los formatos de ejercicio a menudo se clasificaban de manera diferente.
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Si bien el ejercicio aeróbico ha demostrado resultados sólidos de forma consistente en ensayos de alta calidad, los hallazgos sobre el ejercicio combinado y el entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) siguen siendo prometedores, "pero requieren confirmación mediante ensayos controlados aleatorios estandarizados y con la potencia estadística adecuada para aumentar la certeza de la evidencia para la práctica clínica".
"Las recomendaciones actuales deberían incluir el entrenamiento aeróbico (continuo o por intervalos) o el entrenamiento combinado como intervenciones primarias basadas en la evidencia para reducir la presión arterial ambulatoria de 24 horas en adultos con hipertensión", concluyen.
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