Augusto Morel
Mombasa (Kenia), 3 may (EFE).- Entre un calor y una humedad sofocantes y bajo una lluvia intermitente, la fragata italiana ITS Emilio Bianchi, buque insignia de la Operación Atalanta de la Unión Europea (UE) contra la piratería somalí en el océano Índico, descansa en el puerto de Mombasa, la ciudad más antigua de Kenia.
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Este mastodonte gris, con una eslora de 144 metros, aguarda impaciente la luz verde para hacerse a la mar.
Busca disuadir, con sus 6.900 toneladas desplazamiento, a los piratas somalíes que persiguen barcos mercantes, humanitarios y pesqueros en el océano Índico, envalentonados ahora por los efectos del conflicto en Oriente Medio.
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Desde el puente de mando ojea los últimos reportes de actividad sospechosa el comandante portugués Tiago Domingues, jefe de Estado Mayor del cuartel general de la llamada oficialmente Fuerza Naval de la Unión Europea Atalanta (EUNAVFOR Atalanta), que opera desde el buque insignia y reporta a la sede central de la operación en la base militar de Rota (sur de España).
La guerra emprendida el pasado febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán ha transformado la zona de cobertura de la Operación Atalanta, el océano Índico occidental y el Mar Rojo, en un tablero volátil.
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“Debido al conflicto, los puertos en Omán ya no pueden ser visitados por Atalanta. Algunos de los puertos están siendo atacados. Esto significa para nosotros, en términos de logística, que necesitamos replanificar nuestra maniobra”, dice Domingues a EFE.
Al impacto logístico le siguió el cambio en el tráfico mercante y las dificultades en las líneas de comunicación marítima luego de que el bloqueo en el estrecho de Ormuz obligase a los barcos a desviarse hacia el sur, por el Cabo de Buena Esperanza, a Sudáfrica.
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“Tras el inicio de la crisis en Oriente Medio y el estrecho de Ormuz, hubo un ligero aumento en el tráfico hacia el sur, pero necesitamos continuar evaluando cómo se adaptarán esas líneas de comunicación si esta situación perdura”, añade el comandante.
También se cortó el aprovisionamiento en alta mar mediante buques aliados estadounidenses afectados por el conflicto. “Nos permitían reabastecernos en el mar, dándonos más libertad de maniobra en situaciones donde no podemos hacer escala en un puerto”, señala Domingues.
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El comandante integra la tripulación internacional del buque insignia, que funciona como “hotel y oficina” para el “cerebro táctico” del cuartel general, dirigido por el contralmirante italiano Daniele Martinuzzi, que emite las órdenes operativas de Atalanta en el mar.
Atalanta lleva desde 2008 protegiendo las costas del Cuerno de África y la región noroccidental del Índico. Los patrullajes de la ITS Emilio Bianchi Bianchi, en servicio desde julio pasado, y la fragata española Canarias disuaden y repelen abordajes, pesca ilegal, el narcotráfico y el tráfico de armas.
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Su tarea es “reprimir” los actos de piratas somalíes y proteger buques humanitarios como los del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas.
“Reprimir” significa limpiar el océano de piratas o, al menos, reducir la amenaza al mínimo. “Hoy día ese nivel aún no se ha alcanzado”, aclara el comandante, sabedor de que la misión es lo único que mantiene a raya a los filibusteros.
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La imagen del pirata en esquifes con rifles de asalto y lanzagranadas, que abordan embarcaciones más grandes para que sirvan de “naves nodrizas” en futuros ataques o pedir rescates, sigue vigente.
Sin embargo, la tecnología satelital y la coordinación desde tierra ayudan a esta ‘policía marítima europea’.
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El calendario pirata se rige por vientos estacionales y los periodos “inter-monzónicos” convierten el agua en un espejo, lo que facilitó el secuestro del petrolero Hellas Aphrodite en noviembre de 2025, y el pesquero iraní Alwaseemi el pasado marzo en aguas somalíes.
En ambos casos, Atalanta realizó una “demostración de fuerza” con sus fragatas, helicópteros, drones y aviones para obligar a los piratas a abandonar las embarcaciones y poder rescatar a los rehenes.
Distinguir bien entre un buque civil y uno pirata, que por lo general está cargado con escaleras, armas y explosivos, marca la diferencia entre una intervención directa o un chequeo rutinario.
En caso de captura, los piratas son llevados a Seychelles o Mauricio, donde Atalanta brinda a los sistemas judiciales de esos países insulares africanos del Índico las pruebas necesarias para que el juicio llegue a buen puerto. EFE
(foto) (vídeo)
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