Iain MacGregor anima a cuestionar la bomba atómica en su libro 'Los hombres de Hiroshima'

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Amanda Rodríguez Machín

Madrid, 2 may (EFE).- El nuevo libro del historiador y escritor británico Iain MacGregor, 'Los hombres de Hiroshima', explora la carrera por desarrollar la bomba atómica y el contexto del ataque nuclear en Japón en 1945, e incita a "siempre cuestionar la historia que te han contado por tradición" y a escuchar "las historias enterradas debajo de ella".

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Aunque sus últimos libros versan en torno a la Segunda Guerra Mundial, MacGregor afirma en una entrevista con EFE que lo que le interesó sobre Hiroshima fueron "las historias humanas" que había detrás, gente "que todavía está viva" y a la que pudo entrevistar en su proceso de documentación, que duró más de un año.

Tras hablar con unas 40 personas, la mayoría de ellas "testigos oculares de algo", entre las que se encuentran supervivientes de la tragedia de hasta casi 100 años de edad, ha querido retratar "la verdad completa" a partir de la experiencia humana.

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"No quería hablar de la guerra en sí", confiesa el escritor, que en cambio buscaba esbozar "una especie de viñetas" de todo lo que estuviera conectado con el programa atómico.

"Quería dejar miguitas de pan para que el lector entienda por qué se utiliza la bomba atómica. Y si vas leyendo mi libro, al final todo tendrá sentido en cierto grado", explica que el autor.

Así, cuenta la gran historia a través de unos pocos personajes representativos como hilo conductor, de forma que el lector puede ver "todas las capas" del carácter de estas figuras clave y "le va a importar lo que les pase, o los va a odiar, pero en cualquier caso va a evocar una emoción".

MacGregor rechaza el enfoque de películas como 'Oppenheimer' de Cristopher Nolan, que ignoran los efectos de la bomba y la historia de los japoneses, reduciendo el conflicto a "entretenimiento".

Por eso, en su libro da protagonismo también a personalidades que "nadie conoce en Occidente", como Senkichi Awaya, alcalde de Hiroshima; y profundiza en las características de la ciudad, así como en su evolución y reconstrucción tras la bomba.

Además, aborda mitos como que el Proyecto Manhattan era una iniciativa "puramente americana, cuando no es el caso"; o la idea benevolente de los efectos de la bomba nuclear, donde Estados Unidos minimizaba la huella radiactiva y que incluso el cerebro del proyecto, Leslie Groves, describió como "una forma agradable de morir", como recoge en el libro.

Aunque se ciñe a los datos y mantiene su opinión al margen del libro para "no contaminar" con sus prejuicios, MacGregor extrae sus propias conclusiones: "El ataque a Hiroshima es lógico si eres un comandante militar americano. Es un objetivo militar, no se van a rendir. Tienes que hacer algo, y lo que vas a hacer es lanzar una bomba. Nagasaki, por el contrario, es un crimen de guerra. Fue un capricho prácticamente. No tenían que haber lanzado la bomba allí", compara el escritor.

Asimismo, cuestiona las narrativas que describen "las dificultades morales" que encontró Oppenheimer respecto al uso de la bomba atómica: "¿Realmente piensa eso? ¿Seguro que lo veía así en su momento?", se pregunta el historiador, quien cree que en el desarrollo y uso del arma estuvieron involucrados muchos "oportunistas" y que se dan casos de "gente reposicionándose a sí misma" 'a posteriori'.

Por suerte, hoy en día "los sucesos en torno a Hiroshima son muy conocidos por todo el mundo" y hemos aprendido de la experiencia, asegura el autor, pero recuerda que "las armas nucleares siguen estando ahí, aunque parece que las hayamos olvidado"

"Hay más de 12.000 cabezas nucleares en todo el mundo, 3.000 de ellas están listas para desplegarse en cuestión de segundos, y nunca se habla de ello", lamenta MacGregor, quien considera que el futuro "depende de la nueva generación de líderes políticos". EFE