Ignacio Blanco
Bruselas, 17 abr (EFE).- Los Invernaderos Reales de Laeken, una de las joyas del patrimonio cultural de Bélgica, inauguraron este viernes su apertura anual al público por primavera, en la que este año, por primera vez, los visitantes podrán acceder a la Gran Galería de Honor de los reyes, donde se celebran banquetes de gala con altos mandos estatales e internacionales.
Tras una venta exprés que agotó las entradas en una cifra récord de 12 horas, el parque del Palacio Real de Laeken, la residencia de la monarquía belga en Bruselas, acogerá a 140.000 visitantes en las próximas tres semanas para mostrar su apabullante colección de miles plantas procedentes de países como México, Perú, el Congo o Australia, coincidiendo con el período de máxima floración de las especies.
Pero esta edición permitirá a los visitantes acceder por primera vez a la Gran Galería de Honor de los reyes de los belgas, el comedor en el que la monarquía del país celebra encuentros de alto nivel con altas esferas nacionales y del ámbito internacional. Este espacio muestra una mesa con diez asientos, cubertería de plata y el imprescindible acompañamiento de siete conjuntos de flores.
En el tradicional paraíso botánico, expuesto bajo una estructura acristalada de 15.000 metros cuadrados, residentes y turistas caminan sobre tierra en un ambiente húmedo y cálido, pasando por varios invernaderos de palmeras, azaleas, geranios y otros tipos de flores, como las favoritas de la reina Matilde de Bélgica (Abutilon megapotamicum), por sus llamativos colores parecidos a la bandera del país.
También destacan espacios como el dedicado a las plantas subtropicales del Congo, una zona de naranjos de más de tres siglos de antigüedad, helechos o ficus que trepan por las paredes e incluso algunas referencias para los amantes de la mitología griega, visibles en un espejo que evoca la fábula de Narciso o en esculturas como la de la diosa de la caza, Artemisa.
Este año, el invernadero más grande y de mayor antigüedad, el Jardín de Invierno, no está abierto al público debido a trabajos de renovación.
La idea de una colección vegetal tan exuberante surgió hace más de 150 años, cuando el segundo rey de los belgas, Leopoldo II, apasionado de la botánica, buscó convertir el Palacio Real en un gran centro de conferencias y ceremonias en el que poder recibir a mandatarios extranjeros, y decidió confiar en el arquitecto belga Alphonse Balat en 1868 para construir unos invernaderos.
"Leopoldo II quería un lugar para poner todas las plantas que traía, pero además tenía una doble función: impresionar. Quería poner a Bélgica en el centro del mundo de las plantas y de la vegetación, e invitar a gente muy importante, pero también a los belgas, a la gente común, a lo que era bello, al arte y a la botánica", explica a EFE la directora de comunicación de la Donación Real belga, Pascale Boulanger.
Aunque ninguna de las plantas que se encuentran hoy en los invernaderos son originalmente de la época de Leopoldo II, la Casa Real asegura que muchas de ellas proceden de semillas de entonces, por lo que podrían considerarse "descendientes directas" de las originales.
Desde hoy y hasta el 10 de mayo, la Casa Real belga abre sus puertas al público diariamente, con visitas nocturnas los fines de semana y un día dedicado a los visitantes con movilidad reducida, en el que acudirán militares del país para realizar labores de ayuda.
Bélgica conserva así su histórica costumbre para que amantes de la naturaleza del país y de otras partes del mundo se sumerjan en el color y el olor de unas flores que alcanzan en esta época su mejor momento. EFE
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