Paula Cabaleiro
Bogotá, 15 abr (EFE).- El plan del Gobierno colombiano de sacrificar hipopótamos, que son considerados especie invasora, ha abierto un choque entre el respaldo de la comunidad científica, que advierte de su impacto ambiental, y el rechazo de organizaciones animalistas, que cuestionan la eutanasia.
El Ministerio de Ambiente anunció esta semana la eutanasia de al menos 80 ejemplares como parte de un plan de manejo para contener el crecimiento de esta especie introducida en el país por el narcotraficante Pablo Escobar en los años ochenta, cuyos descendientes se han multiplicado hasta alcanzar cerca de 200 individuos.
El sacrificio de 80 ejemplares, que supuestamente se llevará a cabo el próximo semestre, supondrá un costo superior a los 7.000 millones de pesos (casi dos millones de dólares) y ha reavivado un debate en distintos sectores del país que no llegan a un consenso sobre si la eutanasia es necesaria o si deben priorizarse alternativas como la esterilización.
"Todos estamos de acuerdo en la gravedad de la situación, pero esta decisión tiene implicaciones éticas y sociales profundas", afirmó a EFE la senadora animalista Esmeralda Hernández, del partido oficialista Pacto Histórico, quien cuestionó que el país "celebre que esté bien matar a un animal simplemente por nuestra inoperación".
La congresista, en línea con la postura de organizaciones animalistas que rechazan la eutanasia, defendió que el control de la especie debe priorizar medidas no letales como la esterilización o el traslado, y advirtió además de que "no se puede mandar el mensaje de que todo se resuelve matando animales".
"Los hipopótamos no son responsables de estar en Colombia, sino que son consecuencia de decisiones humanas que hoy el Estado debe gestionar de forma ética", añadió.
En paralelo, investigadores del Instituto Humboldt advierten que, sin medidas de control, la población podría superar los 500 individuos en 2030 y alcanzar el millar en 2035.
Según el coordinador de la Maestría en Restauración Ecológica de la Universidad Javeriana, Germán Jiménez, estos animales tienen una tasa de reproducción elevada y carecen de depredadores naturales en Colombia, lo que ha favorecido su rápida expansión.
"Se trata de una especie invasora que cambia sustancialmente las condiciones de los ecosistemas, afectando la biodiversidad y los servicios ecosistémicos", explicó el experto a EFE y alertó que su presencia amenaza especies en peligro como el manatí, nutrias y chigüiros (capibaras).
Los hipopótamos alteran los ecosistemas acuáticos al incrementar la carga de materia orgánica en ellos, lo que provoca una reducción del oxígeno disponible en el agua y afecta a peces y otras especies.
Jiménez subrayó que ninguna de las estrategias planteadas es sencilla ni inmediata, incluida la eutanasia.
"La eutanasia no es una medida fácil ni barata como a veces se cree; es también compleja, costosa y requiere un alto rigor técnico", señaló el académico y apuntó que para llevarla a cabo se necesita un equipo de entre cinco y ocho personas, "los mismos que para esterilizarlos".
En ese sentido, explicó que cualquier intervención implica elevados costos logísticos en un territorio amplio, desde la localización y captura de los animales hasta su manejo en campo, lo que limita la rapidez de los resultados.
"Incluso la eutanasia tardaría al menos diez años en empezar a mostrar efectos reales sobre el tamaño de la población", agregó.
El experto también alertó de los riesgos asociados al manejo de estos animales, que son altamente territoriales y pueden representar un peligro para las personas durante las operaciones.
Jiménez apuntó que el problema también tiene un impacto directo en las comunidades de la zona, donde la presencia de los hipopótamos ha generado dinámicas económicas y de riesgo.
"Hay comunidades que llevan 30 años conviviendo con estos animales y, o bien dependen del turismo asociado, o viven con miedo", explicó el profesor, quien advirtió de que cualquier medida debe incluir a la población local para evitar resistencias.
En el Magdalena Medio, en el centro del país, comunidades en áreas como Puerto Triunfo y Doradal conviven con poblaciones de hipopótamos, que se han integrado a la vida local, beneficiando a habitantes y comerciantes a través del turismo, la venta de recuerdos y el avistamiento.EFE
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