
La población de Benín está llamada a las urnas este domingo para unas elecciones presidenciales marcadas por la salida del poder del actual mandatario, Patrice Talon, tras una década al frente del país africano y el favoritismo de su 'delfín', Romuald Wadagni, una votación que tendrá lugar ante el aumento de la amenaza de la expansión yihadista desde la región del Sahel.
La votación, a la que no concurre Talon debido al límite constitucional de dos mandatos a la jefatura de Estado, supondrá un cara a cara entre Wadagni, de 49 años y ministro de Exteriores durante los dos mandatos del presidente, y Paul Hounkpè, un exministro de Cultura de 56 años que figura como único candidato opositor en las papeletas.
Las elecciones suponen una continuación de las parlamentarias de enero, en las que la oposición no llegó al 10% de los votos --por lo que no obtuvo escaños--, dejando al partido de Talon y sus aliados al frente de la totalidad del organismo, que aprobó en noviembre de 2025 una ampliación de cinco a siete años el mandato presidencial, un paso que entrará en vigor tras los comicios de este domingo.
Talon, que abandonará el cargo tras una década de crecimiento económico, pero crecientes amenazas de seguridad por la expansión de los grupos yihadistas desde el Sahel, espera así pasar el testigo a Wadagni, quien no hará frente a rivales de peso después de que el principal opositor, Renaud Agbodjo, líder de Los Demócratas, fuera excluido tras no lograr suficientes apoyos parlamentarios.
De hecho, el dominio absoluto de la coalición gubernamental en el Parlamento implicaba un obstáculo insalvable para la oposición debido a este requisito, si bien parlamentarios del bloque de Talon optaron por respaldar la candidatura de Hounkpé para permitirle superar esta barrera y que hubiera al menos un segundo candidato a la Presidencia.
Ante esta situación, está previsto que el ministro de Finanzas se haga fácilmente con la victoria en primera vuelta, para lo cual necesitaría recabar al menos el 50% de los votos, con una segunda vuelta programada para el 10 de mayo, una votación que volvería a enfrentar nuevamente a los únicos dos candidatos al puesto.
Wadagni ha centrado su campaña en los progresos económicos del país, de los que se arroga la responsabilidad por sus esfuerzos al frente de la cartera de Finanzas, incluido un crecimiento "robusto" del 8% en 2025, según datos del Banco Mundial, que afirma que ese dato supera el 7,5% registrado el año anterior.
El país, con una población de 14,5 millones de personas en 2024, ha registrado además un aumento del 46,7% en su Índice de Desarrollo Humano entre 1990 y 2023, un periodo en el que la esperanza de vida ha aumentado en 7,8 años, con un incremento del 70,9% en los ingresos medios per cápita, argumentos que el 'delfín' de Talon busca aprovechar para recabar apoyos.
CRÍTICAS A LA REDUCCIÓN DEL ESPACIO CÍVICO
Sin embargo, las elecciones vienen igualmente marcadas por las críticas desde la oposición por lo que consideran como una deriva autoritaria de Talon, especialmente durante su segundo mandato, lo que argumentan que socava el historial de Benín como una de las democracias más estables del continente africano.
En este contexto, organizaciones como Amnistía Internacional han señalado que el derecho a la libertad de expresión y de reunión son objeto de "restricciones sistemáticas" y han denunciado la detención "arbitraria" de dirigentes opositores, con el foco puesto en Los Demócratas, liderado por el expresidente Thomas Yayi Boni, quien cumplió dos mandatos entre 2006 y 2016.
Asimismo, tendrán lugar cuatro meses después de que las autoridades anunciaran la desarticulación el 7 de diciembre de un intento de golpe de Estado, encabezado por un grupo de militares que irrumpió en la sede de la televisión pública para anunciar el derrocamiento de Talon, si bien la intentona fue sofocada en apenas unas horas.
El ministro del Interior beninés, Alassane Seidou, resaltó ese mismo día que el alzamiento había estado protagonizado por "un grupúsculo de soldados" que anunciaron la creación de una junta militar encabezada por el teniendo coronel Pascal Tigri, si bien el organismo no llegó a ver la luz tras la represión del "motín", que buscaba "desestabilizar el Estado y sus instituciones", según el Gobierno.
Talon, un empresario conocido como 'el rey del algodón', ya había prometido previamente que no buscaría un tercer mandato, cumpliendo así con la Constitución. "He llegado al límite de mis esfuerzos, mi imaginación y mi reflexión. He obrado con buena fe, aunque a menudo me he equivocado. Como no soy Dios, pido a los benineses que me perdonen y crean en nuestro destino común", dijo en agosto de 2025 durante su anuncio, coincidiendo con el 65 aniversario de la independencia del país respecto de Francia, aún aliado de Porto Novo.
La intentona tuvo lugar en un contexto de alzamientos militares en el continente. De hecho, fue perpetrada cerca de una semana después del derrocamiento del presidente de Guinea Bissau, Umaro Sissoco Embaló, y tras los golpes de Estado desde 2020, incluidos dos en Malí, Burkina Faso, Guinea y Níger, además del derrocamiento de Andry Rajoelina en Madagascar en 2025 en una asonada incruenta.
De hecho, las relaciones entre Benín y las autoridades de Níger y Burkina Faso tienen una relevancia especial debido a sus lazos y el deterioro de los lazos a raíz de las citadas asonadas, que llevaron a estos dos países, junto a Malí, a abandonar la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) y formar la Alianza de Estados del Sahel (AES), que ha protagonizado un acercamiento a Rusia.
La decisión de Malí, Burkina Faso y Níger tuvo lugar después de que la CEDEAO, a la que pertenece Benín, impusiera sanciones por los citados golpes y amenazara incluso con una intervención militar en el último país para restaurar al presidente electo, Mohamed Bazoum, que sigue detenido por los alzados.
AUMENTO DE LA AMENAZA YIHADISTA
Por otra parte, las presidenciales de este 12 de abril están protagonizadas por el aumento de la inseguridad debido a los ataques por parte de grupos yihadistas, principalmente las filiales de Al Qaeda y Estado Islámico en el Sahel, contra el norte de Benín.
La rama de Al Qaeda, conocida como Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), ha ejecutado varios ataques contra territorio beninés durante los últimos años, dejando decenas de militares muertos, lo que ha hecho saltar las alarmas tanto en Benín como en la comunidad internacional.
El Ejecutivo de Benín ha respondido aumentando las medidas de seguridad y reclamando una mayor cooperación con los países vecinos para hacer frente a la amenaza, algo dificultado por las citadas tensiones en las relaciones con los países de la AES, foco igualmente de numerosos atentados por parte de estos mismos grupos, hechos que catalizaron en parte las asonadas contra los gobiernos electos.
Sin embargo, Benín ha permanecido por ahora relativamente al margen del riesgo al que hacen frente otros países de la zona, si bien Naciones Unidas ha alertado de la amenaza que suponen las acciones de JNIM y Estado Islámico en el Sahel, que podrían seguir "intentando poner a prueba la resiliencia de las autoridades y explotando vulnerabilidades geográficas, sociales e institucionales", según el 'think tank' Atlantic Council.
"El principal desafío que se avecina será una cuestión de resistencia: si el Estado puede mantener respuestas de seguridad eficaces sin agotar sus fuerzas, socavar la cohesión cívico-militar o erosionar la confianza pública a medida que la amenaza se vuelve más difusa y persistente", afirma el organismo, una labor que figura como una de las principales responsabilidades del sucesor de Talon.
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