Descubren el primer huevo de un ancestro mamífero

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Un nuevo y extraordinario descubrimiento de la Universidad de Witwatersrand (Sudáfrica) ha desvelado la historia del primer ancestro de mamífero y cómo nació de un huevo. Este hallazgo está arrojando luz sobre una de las mayores historias de supervivencia de la historia de la Tierra y resolviendo un misterio científico que llevaba décadas sin resolverse.

El Lystrosaurus, un mamífero herbívoro y resistente, cobró protagonismo tras la extinción masiva del Pérmico-Triásico, hace unos 252 millones de años, el evento de extinción más devastador que nuestro planeta haya experimentado jamás. Mientras que innumerables especies desaparecieron, el Lystrosaurus no solo sobrevivió, sino que prosperó en un mundo marcado por una extrema inestabilidad ambiental, un calor intenso y sequías prolongadas.

Esta investigación pionera publicada en 'Plos ONE' revela un descubrimiento que transforma la comprensión de este icónico superviviente. El equipo internacional liderado por el profesor Julien Benoit y la profesora Jennifer Botha (ambos del Instituto de Estudios Evolutivos de la Universidad de Witwatersrand, Sudáfrica) en colaboración con el doctor Vincent Fernandez (ESRF - Sincrotrón Europeo, Francia) ha identificado, por primera vez, un huevo que contiene un embrión de Lystrosaurus, con una antigüedad aproximada de 250 millones de años.

Este extraordinario fósil representa el primer huevo descubierto de un ancestro de los mamíferos, respondiendo finalmente a la cuestión de si los ancestros de los mamíferos ponían huevos. Los investigadores sugieren que estos huevos probablemente tenían cáscara blanda, lo que explica por qué han permanecido ocultos durante tanto tiempo.

A diferencia de los huevos duros y mineralizados de los dinosaurios, que se fosilizan fácilmente, los huevos de cáscara blanda rara vez se conservan, lo que hace que este hallazgo sea excepcionalmente raro. Pero las implicaciones van mucho más allá de la reproducción.

"Este fósil fue descubierto durante una excursión que dirigí en 2008, hace casi 17 años. Mi preparador y excepcional descubridor de fósiles, John Nyaphuli, identificó un pequeño nódulo que al principio solo mostraba diminutos fragmentos de hueso. A medida que preparaba cuidadosamente el espécimen, quedó claro que se trataba de una cría de Lystrosaurus perfectamente acurrucada. Ya entonces sospechaba que había muerto dentro del huevo, pero en aquel momento simplemente no contábamos con la tecnología para confirmarlo", relata el profesor Botha.

Con la llegada de la tomografía computarizada de rayos X de sincrotrón avanzada y los rayos X brillantes del ESRF, los investigadores finalmente pudieron descifrar las últimas piezas del rompecabezas.

De esta forma, Fernández describió la experiencia como particularmente emocionante: "Comprender la reproducción en los ancestros de los mamíferos ha sido un enigma de larga data, y este fósil proporciona una pieza clave para resolverlo. Era fundamental escanear el fósil con la precisión necesaria para capturar el nivel de detalle requerido para observar huesos tan pequeños y delicados".

Las tomografías revelaron una pista crucial. "La mandíbula, la mandíbula inferior, está formada por dos mitades que deben fusionarse antes de que el animal pueda alimentarse. El hecho de que esta fusión aún no se hubiera producido demuestra que el individuo habría sido incapaz de alimentarse por sí mismo".

El estudio revela que Lystrosaurus ponía huevos relativamente grandes para su tamaño corporal. En los animales modernos, los huevos más grandes suelen contener más yema, proporcionando todos los nutrientes que un embrión necesita para desarrollarse de forma independiente, sin necesidad de alimentación parental tras la eclosión.

Esto sugiere firmemente que Lystrosaurus no producía leche para sus crías, a diferencia de los mamíferos modernos. Los huevos grandes también ofrecen otra ventaja crucial: son más resistentes a la desecación. En el duro entorno de sequía que siguió a la extinción, esta habría sido una característica fundamental para la supervivencia.

Los hallazgos sugieren además que las crías de Lystrosaurus probablemente eran precoces, nacidas en una etapa avanzada de desarrollo. Estos jóvenes animales habrían sido capaces de alimentarse por sí mismos, escapar de los depredadores y alcanzar la madurez reproductiva rápidamente. En otras palabras, el Lystrosaurus tuvo éxito gracias a su ritmo de vida acelerado y su rápida reproducción.

En un mundo al borde del abismo, esta estrategia demostró ser imparable. Este descubrimiento no solo proporciona la primera evidencia directa de la oviposición en los ancestros de los mamíferos, sino que también ofrece una poderosa explicación de cómo el Lystrosaurus llegó a dominar los ecosistemas posteriores a la extinción.

A medida que los científicos continúan desvelando la biología de los antiguos supervivientes, una cosa se hace evidente: la resiliencia, la adaptabilidad y la estrategia reproductiva fueron clave para sobrevivir al capítulo más oscuro de la Tierra, y el Lystrosaurus las dominó todas.

"Esta investigación es importante porque proporciona la primera evidencia directa de que los ancestros de los mamíferos, como Lystrosaurus, ponían huevos, resolviendo así una incógnita sobre los orígenes de la reproducción de los mamíferos. Más allá de este hallazgo fundamental, revela cómo las estrategias reproductivas pueden influir en la supervivencia en entornos extremos: al producir huevos grandes y ricos en vitelo, y crías precoces, Lystrosaurus pudo prosperar en las duras e impredecibles condiciones posteriores a la extinción masiva del Pérmico.

En un contexto actual, este trabajo tiene un gran impacto porque ofrece una perspectiva a largo plazo sobre la resiliencia y la adaptabilidad ante el rápido cambio climático y la crisis ecológica. Comprender cómo los organismos del pasado sobrevivieron a la convulsión global ayuda a los científicos a predecir mejor cómo las especies actuales podrían responder al estrés ambiental actual, lo que convierte este descubrimiento no solo en un avance en paleontología, sino también en una pieza clave para los desafíos actuales de biodiversidad y clima, según explica Julien Benoit.

Durante más de 150 años de paleontología sudafricana, ningún fósil había sido identificado de forma concluyente como un huevo de terápsido. "Esta es la primera vez que podemos afirmar, con seguridad, que los ancestros de los mamíferos como el Lystrosaurus ponían huevos, lo que supone un verdadero hito en este campo", concluye el experto.