Reacciones encontradas en Jerusalén ante aprobación pena de muerte dirigida a palestinos

Guardar

Yael Ben Horin

Jerusalén, 31 mar (EFE).- Un día después de que la Knéset -el Parlamento israelí- aprobara en tercera lectura la polémica reforma legal que permite la pena de muerte para palestinos condenados por asesinato vinculado a actos terroristas, las calles de Jerusalén reflejan un mosaico de emociones entre sus habitantes, desde el triunfo y la indignación hasta la incertidumbre y el recelo.

"Es simplemente horrible. Es indescriptible, porque es solo para los palestinos. Es una vergüenza. Una vergüenza", dice EFE Hana, vecina de unos 70 años de Jerusalén.

El texto, aprobado con 62 votos a favor y 48 en contra, obliga (salvo excepciones sin definir) a los tribunales militares israelíes a imponer dicha pena a los palestinos residentes en Cisjordania ocupada encontrados culpables de ese delito.

A los ciudadanos judíos israelíes, juzgados por tribunales ordinarios, se les concede la posibilidad de sustituir la pena capital por cadena perpetua, bajo condiciones más estrictas.

La medida fue promovida por el ultranacionalista Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional, y apoyada por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien votó a favor durante el pleno parlamentario.

"Han pasado 80 años desde la Segunda Guerra Mundial y las cosas realmente están empeorando. Es una lástima que esto ocurra en Israel, que yo consideraba un buen lugar para vivir. Ya no creo que lo sea", se lamenta Hana en la calle Gaza de Jerusalén, a apenas unos metros del edificio donde el mandatario israelí tiene su residencia privada.

Entre los más jóvenes, Michael, estudiante de 29 años, calificó la aprobación de la ley como "un acto de populismo".

"No la apoyo. Y me asusta porque no creo que el judaísmo trate de la muerte. El judaísmo trata de la vida. Los terroristas merecerían estar muertos, pero no creo que en el Estado del pueblo judío debamos condenar a muerte a la gente", afirma este joven a EFE.

Según afirma, que la medida hubiera avanzado en el Parlamento le resultó una "sorpresa", y cuestionó su viabilidad, advirtiendo sobre posibles obstáculos legales. "Todavía no es un hecho consumado, porque no será fácil que se apruebe en la Corte Suprema", concluyó.

Este martes, cinco organizaciones israelíes, entre ellas Adalah y Médicos por los Derechos Humanos, presentaron un recurso ante el Tribunal Supremo contra la nueva ley, denunciándola como "una ejecución con base explícitamente racista" y contraria al derecho a la vida.

Su recurso se añade a otro presentado por la Asociación por los Derechos Civiles en Israel (ACRI, por sus siglas en inglés).

Sin embargo, entre los ciudadanos que justifican la medida en nombre de la "seguridad", la opinión es diferente. Guy, un padre de unos 50 años que recorre las calles junto a su hijo pequeño haciendo las compras para la celebración de la festividad judía de Pesaj (la Pascua judía), defiende la ley como un mecanismo para "disuadir posibles atentados".

"Creo que esto no tiene que ver con una postura política. Tiene que ver con que, si queremos vivir aquí muchos años más, tenemos que protegernos", dice a EFE, expresando admiración por la "coherencia política" del ultranacionalista Ben Gvir, a quien, sin embargo, insiste en no haber votado.

Otros vecinos, como Nina, que charla con EFE tras pasar la mañana en el parque con su hija pequeña, se muestran más indecisos.

 "No sé. Todavía lo estoy digiriendo… Por un lado, el castigo es adecuado para quien hizo daño, pero por otro me parece demasiado extremo, y no tengo claro cómo se decide a quién se le aplica ni hacia dónde nos llevará esto después", dice.

Yehuda, estudiante de 29 años, también manifiesta tener sentimientos encontrados.

"Hay una cuestión moral importante: que quienes dañan al Estado de Israel y a los judíos no deberían salir impunes (al ser liberados en intercambios). Pero también creo que no es lo más judío ni lo más moral del mundo enviar a cualquiera a la pena de muerte", reflexionó.

Según recogen medios israelíes, funcionarios militares y expertos legales advirtieron repetidamente a los legisladores sobre los problemas que plantea la legislación incluso después de que se suavizara su redacción, señalando que la medida podría violar el derecho internacional.

Además, numerosos rabinos, representantes del sindicato de médicos, abogados y activistas por los derechos humanos israelíes expresaron repetidamente su rechazo a la propuesta durante los debates sobre la misma.

Hasta ahora, Israel solo permitía la pena de muerte en casos extraordinarios, principalmente por crímenes de guerra o genocidio, y solo la ha aplicado una vez con la ejecución en 1962 de Adolf Eichmann, uno de los principales arquitectos del Holocausto. EFE

ybp/ngg/lss