
Mohsen Farhadi, funcionario del Ministerio de Salud de Irán, aseguró que la planta desalinizadora de la isla de Qeshm ha quedado totalmente fuera de funcionamiento y no podrá ser reparada a corto plazo. Según consignó la agencia de noticias ISNA y recogió el medio El País, el responsable iraní indicó que dicho ataque se dirigió específicamente contra la instalación, que desempeña un papel esencial en el suministro de agua en el estratégico estrecho de Ormuz. Las autoridades iraníes han informado que Estados Unidos e Israel cometieron el ataque contra esta infraestructura, lo que representa un nuevo episodio en el conflicto que involucra a ambos países en la región.
De acuerdo con ISNA, los funcionarios iraníes advirtieron sobre las consecuencias humanitarias y legales de este tipo de ataques, al señalar que la infraestructura afectada está protegida por el Derecho Internacional y las reglas de la guerra. El Gobierno de Irán sostiene que las agresiones contra plantas desalinizadoras como la de Qeshm constituyen crímenes de guerra, en tanto impactan directamente la vida civil por su función en garantizar el acceso al agua potable en una zona en la que los recursos hídricos son limitados.
La denuncia de Teherán se produce en un contexto de creciente tensión en el estrecho de Ormuz, un paso marítimo crucial para el comercio internacional de petróleo y de gran relevancia geopolítica. Según ISNA, las autoridades iraníes han señalado que en los últimos días tanto Estados Unidos como Israel han ubicado este tipo de instalaciones dentro de su lista de objetivos legítimos, lo cual ha generado preocupación por las posibles repercusiones tanto para la población local como para la seguridad de la región.
ISNA reportó que, además del daño total a la desalinizadora, los ataques sobre la isla de Qeshm han provocado la muerte de ocho personas. Estas víctimas se suman a las más de dos mil personas fallecidas desde que comenzaron las hostilidades entre Estados Unidos e Israel hace aproximadamente un mes, de acuerdo con la información proporcionada por medios iraníes. Las consecuencias del ataque afectan tanto la infraestructura crítica como a la población civil, que depende directamente del agua desalinizada para consumo y actividades cotidianas.
El medio también recordó que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había amenazado recientemente con atacar instalaciones clave para el suministro de agua en Irán si las autoridades iraníes no aceptaban llegar a un acuerdo y permitir el tráfico de embarcaciones a través del estrecho de Ormuz. Esta declaración generó alarma entre las autoridades iraníes, quienes destacan que tales amenazas contravienen las normas internacionales que protegen los bienes esenciales para la supervivencia de la población civil en tiempos de conflicto.
El medio ISNA subrayó que la isla de Qeshm, ubicada en una posición estratégica en el estrecho de Ormuz, depende en gran medida de las desalinizadoras para cubrir sus necesidades básicas de agua. El cierre indefinido de esta planta representa un desafío considerable para sus habitantes, quienes podrían enfrentar interrupciones sostenidas en el acceso al recurso. Las autoridades iraníes insisten en la gravedad del ataque, no solo por su impacto inmediato, sino también por la dificultad de restablecer el servicio en el corto plazo dada la magnitud de los daños.
Al referirse al marco legal internacional, representantes iraníes recalcaron que las plantas desalinizadoras, al igual que otras infraestructuras civiles, cuentan con protección especial bajo las convenciones de Ginebra y otros tratados relacionados con el respeto de la vida y bienes de la población en zonas de conflicto. Según citó ISNA, el gobierno iraní advierte que los ataques deliberados contra estas instalaciones no solo agravan la situación humanitaria sino también representan una violación directa al Derecho Internacional y podrían ser investigados como crímenes de guerra.
La agencia ISNA también detalló las advertencias por parte de Irán acerca de una posible intensificación en las represalias si continúan los ataques sobre instalaciones consideradas vitales. Funcionarios del país han señalado que no descartan tomar medidas para defender sus infraestructuras y su población, y han trasladado la disputa al ámbito diplomático, reclamando la intervención de organismos internacionales para frenar la escalada y garantizar el respeto a las normas humanitarias.
El medio destacó que la guerra iniciada hace un mes por Estados Unidos e Israel continúa reflejando su impacto en la población civil iraní. La planta desalinizadora de Qeshm representa solo uno de los puntos sensibles cuya paralización podría agravar los desafíos relacionados con la seguridad humana en la región. ISNA sostuvo que la preocupante cifra de fallecidos y la destrucción de infraestructuras estratégicas ponen de relieve los riesgos asociados tanto para Irán como para la estabilidad global en una de las rutas marítimas más transitadas y vigiladas del mundo.