
El uso de armas explosivas pesadas en zonas urbanas en Oriente Próximo ha generado temor y ha causado un sufrimiento generalizado entre la población civil, advierte el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Según informó este organismo, la ofensiva desarrollada por Estados Unidos e Israel contra Irán desde finales de febrero ha impactado la vida de millones de personas en toda la región, desencadenando consecuencias que superan las fronteras y amenazan con colapsar la capacidad de respuesta humanitaria. El CICR detalló que la magnitud y la rapidez de estos acontecimientos han debilitado gravemente los pilares fundamentales de la vida civil, con efectos que podrían extenderse mucho más allá del conflicto actual.
De acuerdo con el comunicado emitido por el CICR, en las últimas cuatro semanas han muerto miles de personas a causa de las hostilidades, incluyendo personal de emergencia y trabajadores humanitarios, mientras que cientos de miles de habitantes han sido separados de sus hogares. La infraestructura esencial para la provisión de energía, agua y servicios sanitarios ha sido dañada o destruida, lo que complica aún más la supervivencia diaria de la población afectada. El CICR subrayó que el uso de armamento con amplio radio de destrucción ha intensificado el impacto negativo sobre la población y ha incrementado el número de víctimas y desplazamientos. La organización hizo hincapié en la urgencia de respetar las normas del Derecho Internacional Humanitario, señalando que “si no se respetan las leyes de la guerra, la población civil seguirá sufriendo consecuencias profundas que podrían prolongarse más allá del conflicto armado actual”.
La situación, alertó el CICR, se agrava debido a la destrucción generalizada de infraestructuras críticas y a la interrupción de servicios básicos, lo que incrementa el riesgo de hambruna, enfermedades y la prolongación de la crisis humanitaria. El organismo resaltó la obligatoriedad de todas las partes, sin excepciones, de respetar las normas humanitarias internacionales, afirmando que “todas las partes, independientemente de cuáles sean, están obligadas por el Derecho Internacional Humanitario, y todos los Estados tienen la obligación de respetar y hacer respetarlo, aun si su adversario no lo hace”.
El Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), mediante su secretario general Jan Egeland, advirtió sobre el estado de “incertidumbre extrema” que viven millones de personas en Oriente Próximo un mes después del inicio de las hostilidades. El NRC reportó que más de 2.700 personas han perdido la vida en ataques realizados por fuerzas estadounidenses, israelíes e iraníes, siendo la mayoría de las víctimas habitantes de Irán. Egeland afirmó que “los civiles están pagando el precio más alto de esta guerra” e hizo un llamamiento para que el conflicto llegue a su fin.
El NRC informó que el número de viviendas, hospitales y escuelas destruidos o dañados es incalculable debido a los continuos ataques, lo que ha agravado la situación de quienes permanecen en la región. Egeland, citado por el medio, destacó las condiciones de peligro con las que lidian los equipos humanitarios en Irán, quienes a pesar de las explosiones nocturnas y el miedo constante, continúan su labor apoyando a las familias desplazadas y sin recursos. Además, el NRC alertó sobre la vulnerabilidad de los más de 4 millones de ciudadanos afganos que residen en Irán tras huir de Afganistán. Según información recogida por el NRC, la mayoría de estas personas vive en áreas urbanas sujetas a intensos ataques, sin posibilidad de huir ni permiso para salir del país.
Desde el comienzo de la guerra, más de 35.000 afganos han retornado a Afganistán, mientras que más de un millón en Irán enfrentan el riesgo de deportación, en un contexto en el que Afganistán carece de condiciones para recibir a retornados. El NRC hizo énfasis en la falta de recursos de las organizaciones humanitarias para prevenir el hambre y proporcionar refugio de emergencia, solicitando un incremento inmediato en el apoyo de los donantes para limitar el sufrimiento. Egeland advirtió de que la continuación del conflicto podría desencadenar una catástrofe humanitaria de mayores proporciones, con desplazamientos masivos transfronterizos y una presión adicional sobre una región que ya enfrenta retos significativos.
Según publicó el NRC, la escalada de la guerra coloca en riesgo a millones de personas y pone a prueba la capacidad operativa de las agencias de ayuda, que han visto reducidos sus recursos frente a la magnitud de la crisis. Las advertencias de ambos organismos, el CICR y el NRC, reflejan la preocupación por el deterioro de la seguridad y el bienestar de los civiles en Oriente Próximo, así como la urgente necesidad de respetar el derecho humanitario y de recibir apoyo internacional para atender las crecientes necesidades generadas por el conflicto.
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