El Museo Altamira homenajea al fotógrafo que 'salvó' la cueva con una exposición por su centenario

Documentos, fotografías inéditas y objetos personales de Francisco Santamatilde forman parte de la exposición que reconoce el papel clave del artista al alertar sobre la degradación de Altamira, labor que forzó la protección de la cueva

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Una serie de objetos personales, manuscritos y fotografías inéditas pertenecientes a Francisco Santamatilde se exhiben al público en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, que ha abierto una muestra en honor al centenario del nacimiento del fotógrafo. Según informó el Museo Altamira en la inauguración de la exposición, la familia del artista permitió la exhibición de materiales originales, con el objetivo de reconocer su papel determinante en la protección de la emblemática cueva.

De acuerdo con el medio que detalla la noticia, la exposición "Francisco Santamatilde: el fotógrafo que salvó Altamira" se encuentra disponible en el edificio principal del museo estatal, dependiente del Ministerio de Cultura, hasta el mes de junio. La directora de la institución, Pilar Fatás, subrayó durante el acto inaugural el carácter decisivo de las acciones de Santamatilde, quien denunció públicamente ante la prensa el grave deterioro de las pinturas rupestres de Altamira, provocado por el turismo masivo. Fatás señaló que diversas voces habían advertido sobre ese peligro previamente, pero no se actuó en consecuencia hasta que Santamatilde presentó pruebas gráficas irrefutables.

La exposición incluye documentos cedidos por la familia del fotógrafo y se adentra en la trayectoria personal y profesional de Santamatilde (1926-2012). Su relación con Altamira comenzó en 1963, cuando el Patronato autorizó al fotógrafo a registrar imágenes en el interior de la cueva para la publicación de un libro dedicado a Santillana. Posteriormente, gracias a una beca de la Fundación Juan March, el artista amplió su labor documental sobre las pinturas, incorporando nuevas imágenes en color a su monografía “Altamira”. Aunque ya existían imágenes previas, Santamatilde logró que el gran público conociera los colores originales de los dibujos prehistóricos a través de sus trabajos.

Santamatilde, quien adoptó la fotografía artística como profesión a partir de 1958 y se inclinó por el formato medio, tuvo una destacada labor en la divulgación visual mediante libros como "Santillana" (1964), "Altamira" (1968) y "Santander" (1974). La exposición, según publicó el museo, pone en valor tanto su recorrido artístico como su compromiso con la conservación patrimonial.

En septiembre de 1975, su preocupación por el estado de las pinturas lo llevó a presentar evidencias durante una reunión del Grupo de Trabajo de Prehistoria Cantábrica. En ese contexto, comparó fotos que había captado con una década de diferencia, evidenciando la pérdida de intensidad en el cuello de la cierva pintada en la cueva. Santamatilde impulsó distintas gestiones para alertar sobre la situación, aunque no encontró respuesta efectiva. Finalmente, según informó el Museo Altamira, decidió desplazarse a Madrid para exponer el caso en la revista "Sábado Gráfico".

Un reportaje titulado "Altamira: una reliquia universal que se pierde" apareció en las páginas de Sábado Gráfico el 14 de octubre de 1975. En ese artículo se incluyeron fotografías tomadas por Santamatilde que demostraban el deterioro de las pinturas, aunque la publicación no reconoció su autoría. El nombre del fotógrafo apareció ligado por primera vez a sus obras en la revista "Cambio 16" en julio de 1979, según consignó el museo en la muestra.

La presión generada por la difusión mediática derivó en la toma de medidas concretas. Según detalló el Museo Altamira, en enero de 1976 se creó una comisión de 12 especialistas para evaluar el estado de conservación de la cueva. Más adelante, el Real Decreto de 1977 estableció la cesión temporal de la titularidad de Altamira al Estado y el nuevo Ministerio de Cultura ordenó el cierre parcial del sitio a las visitas públicas el 1 de octubre de ese año. El proceso de protección y la restrictiva política de acceso se implementaron en respuesta directa a las denuncias respaldadas por las pruebas presentadas por Santamatilde.

La exposición también aborda la repercusión de la obra fotográfica y documental de Santamatilde, así como su influencia en posteriores políticas de conservación en Altamira y otras cuevas patrimoniales. Los visitantes tienen acceso a imágenes poco difundidas, documentos personales y testimonios que ilustran tanto su actividad profesional como la trascendencia de sus denuncias.

El archivo familiar, junto con los objetos y fotografías expuestos, permite reconstruir la evolución de las campañas de concienciación y las respuestas institucionales ante el progresivo deterioro de las pinturas paleolíticas. El medio Museo Altamira destacó en su presentación que ninguna otra denuncia previa había contenido un testimonio visual tan concluyente sobre la pérdida de color y definición en las obras rupestres, lo que impulsó el cambio de actitud de las autoridades.

El trabajo de Santamatilde garantizó que Altamira, considerada un símbolo universal del arte prehistórico, contara con una protección más estricta y un modelo de gestión que prioriza la conservación por encima del acceso masivo del público. La exposición resalta cómo la intervención de un fotógrafo convirtió una denuncia en una herramienta eficaz para la salvaguarda del patrimonio cultural.