La "opacidad totalitaria" en Cuba impide predecir la transición que pide Trump

La concentración de poder en la élite militar y el liderazgo de Raúl Castro dificultan prever un posible cambio, mientras expertos coinciden en la falta de figuras identificables para una transición y advierten que todo dependerá del “verdadero poder” en la isla

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Ni los académicos ni los observadores encuentran en la élite cubana actual a una figura equiparable a Delcy Rodríguez en Venezuela, capaz de negociar una transición política interna en consenso con fuerzas externas. Tal como publicó EFE, la ausencia de rostros claros para encabezar ese proceso y la estructura jerárquica extremadamente cerrada del poder en la isla complican cualquier tentativa de pronóstico sobre el futuro político cubano, especialmente en el contexto de los señalamientos recientes del presidente estadounidense Donald Trump, quien sostiene que Cuba sería el próximo objetivo tras Venezuela e Irán.

Según informó EFE, la dirección cubana permanece concentrada bajo una cúpula militar marcada por su confrontación histórica con Estados Unidos y alineada durante décadas detrás del general Raúl Castro, quien cuenta con 94 años y lidera al grupo de los llamados ‘históricos’. Esta cohesión interna, apuntalada por el legado del fallecido Fidel Castro y por la continuidad familiar, hace improbable la aparición de figuras visibles dispuestas a negociar cambios significativos sin la anuencia del núcleo de poder real en la isla.

El politólogo Sebastián Arcos, director interino del Instituto de Investigaciones Cubanas de la Universidad Internacional de Florida, describió la situación como una “opacidad totalitaria”, en la que “el precio de negociar con Estados Unidos a espaldas del líder es la muerte”. EFE consignó que Arcos argumentó que “Cuba no es Venezuela”, pues la centralización y el carácter unificado del régimen cubano contrasta con el sistema venezolano, donde se hizo posible diferenciar actores políticos abiertos a pactos en torno a un poder más disperso.

El historiador Andrés Pertierra, de la Universidad de Wisconsin-Madison, coincidió, según reportó EFE, en que la búsqueda de una figura transicional en Cuba resulta “aún más difícil que encontrar una Delcy venezolana”. Mientras tanto, la estructura militar y el apego de la élite a los discursos fundacionales del sistema, según detalló Pertierra, reducen el margen para imaginar un giro drástico en la retórica o la toma de decisiones del grupo dirigente, aun ante el deterioro de los logros atribuidos históricamente a la Revolución.

A este panorama se suma, de acuerdo con EFE, la situación de crisis económica severa en la isla, agravada por el recrudecimiento del embargo petrolero impuesto por Washington en el Caribe y la caída del presidente venezolano Nicolás Maduro, quien ha sido uno de los socios clave de La Habana. El presidente Trump, en palabras de su portavoz Karoline Leavitt recogidas por la agencia, considera que el “régimen cubano quiere llegar a un trato”, lo que ha intensificado las especulaciones sobre posibles contactos indirectos entre altos funcionarios estadounidenses y allegados a Castro, entre ellos su hijo y nieto.

EFE reportó que en este contexto, Miguel Díaz-Canel, actual presidente cubano, queda reducido a “una fachada civil” detrás de la que permanece enclavado un régimen de naturaleza militar, según explicó Sebastián Arcos. Para este analista, la salida de Díaz-Canel “no significa nada”; solo el apartamiento del clan Castro implicaría la posibilidad real de una transformación política en la isla. Arcos sostuvo ante EFE que las únicas negociaciones posibles pasarían por los verdaderos detentadores del poder: Raúl Castro y su círculo de confianza.

Las dificultades para predecir el futuro político cubano contrastan, según el análisis de EFE, con el caso de Venezuela. En ese país, el modelo propuesto por Trump excluyó a opositores destacados como la Premio Nobel de la Paz María Corina Machado, lo que presenta un desafío adicional para la oposición cubana. Esta oposición mantiene fuertes vínculos con el exilio, un sector históricamente adaptado y activo dentro del escenario político estadounidense.

Según publicó EFE, Arcos indicó que los sectores opositores en Cuba ya mantienen alguna forma de coordinación con la administración estadounidense, teniendo en mente un rol en la eventual transición. Este involucramiento resulta imprescindible, según el experto, para que Washington pueda comprender la dinámica política interna, identificar interlocutores válidos y, sobre todo, otorgar legitimidad a cualquier proceso de cambio que pudiera gestarse.

Por su parte, Andrés Pertierra recalcó a EFE que la diáspora cubana en Estados Unidos exhibe un tejido organizativo y un peso político considerablemente mayores que la venezolana. De acuerdo con Pertierra, los cubanoamericanos han demostrado capacidad de influir electoralmente en partidos estadounidenses, sancionándolos cuando perciben que sus intereses resultan afectados.

Considerando estas variables, Pertierra destacó ante EFE que resultaría poco probable que la Casa Blanca replique el actual enfoque aplicado a Venezuela en el caso cubano, debido a las diferencias en la influencia política de sus respectivas diásporas. Pese a ello, el historiador recordó que las reglas tradicionales de la política regional pueden variar y que se desconoce qué estrategias elegirá finalmente la administración estadounidense.

En los informes recopilados por EFE se señala que cualquier cambio real en el panorama político cubano dependerá no de una figura exteriorizada u opositora, sino de la salida efectiva del poder del clan Castro y, en particular, del general Raúl Castro y los militares que detentan el control real dentro del orden insular. Para los analistas consultados, hasta que se clarifique la actual capa de aislamiento e incertidumbre, permanece la incógnita sobre posibles líderes de transición, aunque estiman que, sea quien sea la persona designada, pertenecerá al sector castrense, ya que el poder se concentra de manera exclusiva en esa élite.

Según detalló el medio EFE, el proceso de cambio en la isla caribeña continúa envuelto en incertidumbre, condicionada tanto por la fortaleza del bloque de poder militar, la influencia de la diáspora política cubana en el exterior, como por las presiones y tácticas a implementar desde Washington frente a la crisis interna cubana y la caída de los socios regionales que históricamente han apuntalado el régimen.