Siete sociedades científicas han llegado a un consenso nacional para fijar por primera vez criterios unificados para el manejo de la fractura vertebral osteoporótica aguda en España, con lo que se armoniza su diagnóstico, tratamiento precoz y seguimiento para reducir la variabilidad asistencial.
Este trabajo multidisciplinar está liderado por la Sociedad Española de Columna Vertebral (GEER) y cuenta con la participación de expertos de las sociedades españolas de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF), de Geriatría y Gerontología (SEGG), de Traumatología y Ortopedia (SECOT), de Endocrinología y Nutrición (SEEN), de Investigación Ósea (SEIOMM) y de Radiología (SERAM).
Publicado en la revista especializada 'Archives of Osteoporosis', este documento establece unos criterios diagnósticos, terapéuticos y de seguimiento adaptados al Sistema Nacional de Salud (SNS) y recoge el resultado de un proceso Delphi en dos rondas. El mismo parte de una realidad asistencial reconocida por los propios autores: en España no existía hasta ahora una guía nacional unificada para el manejo de la fase aguda de estas fracturas.
Esta situación favorecía enfoques heterogéneos entre centros y especialidades, han continuado los especialistas, que han añadido que la vocación es ordenar, armonizar y mejorar la calidad asistencial en un problema sanitario de gran impacto. Tal es así que la fractura vertebral osteoporótica es la consecuencia clínica de una enfermedad de base: la osteoporosis.
Tal y como se expone en este consenso, la citada patología se caracteriza por la pérdida progresiva de masa ósea y calidad del hueso, que pierde resistencia y puede fracturarse ante traumatismos mínimos e incluso en actividades cotidianas. Estas son las llamadas fracturas por fragilidad, que no requieren un accidente grave para producirse.
En España, la osteoporosis afecta a una parte importante de la población adulta mayor y, según estimaciones del Ministerio de Sanidad y de la SEIOMM, entre el 22 y el 25 por ciento de las mujeres mayores de 50 años presenta osteoporosis, proporción que aumenta de forma significativa a partir de los 70. Aunque menos frecuente, también afecta a hombres en edades avanzadas.
En un contexto en el que las fracturas vertebrales constituyen una de las principales manifestaciones clínicas de esa fragilidad ósea, se ha expuesto que muchas no se diagnostican porque pueden confundirse con dolor lumbar mecánico y con cambios degenerativos propios de la edad. Ante ello, se ha recordado que aproximadamente solo un tercio son sintomáticas y reciben atención clínica, pese a asociarse a dolor, discapacidad y deterioro funcional.
PROGRESIVO ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN
Además, este texto muestra que el progresivo envejecimiento de la población española anticipa un aumento sostenido del número absoluto de personas en riesgo de fracturas por fragilidad. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), más del 20 por ciento de la población supera los 65 años y el grupo de mayores de 80 es el que más crece en términos relativos.
Por todo ello, este consenso busca la unificación de criterios diagnósticos en la fase aguda, para lo que ha establecido que la radiografía simple dorsal y lumbar debe ser la prueba inicial en los casos sospechosos, reservando la resonancia magnética para situaciones de dolor persistente o dudas sobre la antigüedad de la fractura.
Junto a ello, se ha fijado que es necesaria una valoración clínica minuciosa y un enfoque multidisciplinar que permita diferenciar lesiones recientes de deformidades antiguas y descartar causas secundarias cuando sea necesario, mientras que, en el ámbito terapéutico, se ha situado el inicio temprano de las medidas asistenciales como elemento clave del pronóstico funcional.
Por tanto, el abordaje se orienta al control adecuado del dolor y a la recuperación funcional precoz, evitando inmovilizaciones prolongadas que puedan agravar la fragilidad del paciente de edad avanzada. Una fractura vertebral constituye en sí misma un diagnóstico clínico de osteoporosis y obliga a activar medidas de tratamiento específico y prevención secundaria desde el inicio.
Por otra parte, este documento ha evidenciado que la fractura vertebral es uno de los predictores más sólidos de nuevas fracturas osteoporóticas y puede duplicar el riesgo de fractura de cadera, además de incrementar significativamente la probabilidad de fracturas posteriores en otros territorios óseos.
En este sentido, se ha subrayado que el riesgo de refractura en los dos años siguientes al primer evento se considera elevado, lo que refuerza la necesidad de seguimiento estructurado e individualizado. Por ello, es importante la coordinación entre especialistas hospitalarios y de Atención Primaria para garantizar continuidad asistencial, adherencia terapéutica y reevaluación periódica del riesgo.
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