El PMI industrial de EE.UU. se desaceleró en febrero a mínimos de siete meses por la debilidad de los pedidos

La producción y los pedidos en el sector manufacturero estadounidense mostraron el ritmo más débil desde agosto, mientras aranceles y fenómenos climáticos afectan los costos y frenan la demanda, aunque el optimismo empresarial y las expectativas a futuro permanecen sólidos

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La inflación de los precios de venta en el sector manufacturero de Estados Unidos cayó en febrero hasta el nivel más bajo registrado en catorce meses, en un contexto en el que la competencia ha limitado la capacidad de trasladar el aumento de los costos a los consumidores. Según publicó la agencia S&P Global, la actividad manufacturera estadounidense mostró en febrero señales de desaceleración al situarse el índice de gerentes de compras (PMI) en 51,6 puntos, una cifra que representa el mínimo en siete meses y una caída evidente respecto a los 52,4 puntos alcanzados en enero. A pesar de esta baja, el sector mantuvo una racha de siete meses consecutivos en territorios de expansión.

El medio S&P Global detalló que los incrementos tanto en la producción como en los nuevos pedidos se ralentizaron de manera notable. Este menor dinamismo respondió tanto a la incidencia de fenómenos climatológicos extremos como a la imposición de aranceles comerciales. Estos factores presionaron al alza los costos en las cadenas de suministro, si bien el incremento de los precios estuvo por debajo de los máximos observados en 2025. Los analistas de S&P Global añadieron que estos gravámenes fueron responsables de un “fuerte” encarecimiento de los costos para los fabricantes.

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En el ámbito del empleo, la evolución en febrero se calificó como "moderada", de acuerdo con S&P Global. La contratación se mantuvo contenida ante la preocupación por la sostenibilidad de las carteras de pedidos, un elemento que motivó una creciente cautela al momento de ampliar plantillas. Chris Williamson, economista jefe del área de empresas de S&P Global, aseguró que “el alza de la producción se ralentizó como consecuencia del cuasiestancamiento de los nuevos encargos, con una caída especialmente acusada de las exportaciones. La masa salarial tampoco varió apenas, ya que la preocupación por la salud de la cartera de pedidos provocó una creciente reticencia a ampliar plantillas.”

S&P Global informó que la incertidumbre asociada tanto al entorno político como a los aranceles continúa afectando la confianza de los empresarios, reduciendo la contratación y frenando la inversión. Williamson señaló que “la incertidumbre sobre el entorno político y, en particular, por los aranceles sigue lastrando la confianza, la contratación y la inversión, lo que parece que va a persistir en los próximos meses.” No obstante, el especialista sugirió la posibilidad de una recuperación en la actividad manufacturera si las condiciones meteorológicas se vuelven más benignas en los meses venideros.

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Los datos adicionales proporcionados por S&P Global remarcaron que, a pesar del contexto adverso derivado de la caída en los nuevos pedidos y del encarecimiento de los insumos, el sector aún mantiene una tendencia de expansión sostenida desde agosto. El periodo evaluado estuvo caracterizado por un crecimiento acumulado de siete meses, aunque el ritmo resultó ser el más débil desde el inicio de esta secuencia positiva.

La menor inflación en los precios de venta se atribuyó a un entorno competitivo más intenso. Según S&P Global, esto limitó la posibilidad de las empresas de trasladar completamente los mayores costos a los clientes finales, lo que contribuyó a moderar las presiones inflacionarias directas sobre los consumidores.

Sobre las expectativas empresariales, el informe de S&P Global registró un repunte en el optimismo a un año vista, al alcanzar niveles de confianza no observados en ocho meses. Los analistas destacaron este resultado como un indicador de resiliencia entre los fabricantes, pese al contexto de crecimiento más lento y múltiples factores de incertidumbre.

En el plano internacional, el estancamiento de los pedidos de exportación representó uno de los aspectos que más influyó en la ralentización general, según señaló S&P Global. Este fenómeno afectó de forma directa la dinámica de la producción manufacturera, agregando nuevos retos a los ya existentes por la coyuntura arancelaria y los eventos climatológicos extremos.

La información de S&P Global muestra que la combinación de aranceles, alteraciones climáticas y una competencia cada vez más fuerte ha configurado un entorno complejo para el sector manufacturero estadounidense. Pese a la desaceleración observada en febrero, las expectativas empresariales y el ligero crecimiento en la producción reflejan la apuesta del sector por superar las dificultades mientras se monitorean los factores externos que inciden en la industria.