Al menos un muerto en nuevos ataques de Israel contra "infraestructura de Hezbolá" en Líbano

Las fuerzas armadas israelíes ejecutaron una ofensiva en el valle de la Becá dejando decenas de heridos, mientras el gobierno libanés y la ONU condenan la operación por poner en riesgo el acuerdo de tregua alcanzado en 2024

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El Ejército israelí ha sostenido puestos en territorio libanés mientras continuaban los ataques a instalaciones asociadas con Hezbolá, una situación que, según las autoridades de Líbano y Naciones Unidas, pone en entredicho los compromisos asumidos en el acuerdo de alto el fuego sellado en 2024. Según informó la prensa local, las fuerzas armadas de Israel atacaron nuevamente el valle de la Becá, en el este de Líbano, donde al menos una persona perdió la vida y más de veinte resultaron heridas como consecuencia de la operación militar.

De acuerdo con lo publicado por distintas agencias, el propio Ejército israelí notificó el jueves una ofensiva aire-tierra sobre lo que describió como “infraestructura de Hezbolá” en el barrio de la Becá. Las fuerzas de Israel detallaron en un comunicado que sus acciones se dirigieron específicamente contra instalaciones bajo control de la fuerza Raduán, la unidad especial de la organización político-militar chií. El texto distribuido a la prensa señaló que ocho complejos militares “fueron destruidos” y que esos lugares se dedicaban tanto al almacenamiento de armamento como al entrenamiento y la planificación de ataques contra militares y civiles israelíes.

Israel argumentó, de acuerdo con los comunicados oficiales reproducidos por medios internacionales, que los intentos de Hezbolá de reabastecerse de armas representan una ruptura del acuerdo de alto el fuego convenido en noviembre de 2024 entre ambas partes. El documento recordaba que dicho pacto establecía la retirada de efectivos tanto israelíes como de Hezbolá del sur del Líbano, lo que haría inviable el uso militar de esa zona fronteriza. Sin embargo, tal como publicó la fuente original, el Ejército israelí decidió mantener cinco puestos en territorio libanés, una decisión persistentemente rechazada por las autoridades de Beirut y por el propio Hezbolá, que reclaman la retirada total de personal militar extranjero como condición para la consolidación del cese de hostilidades.

La reciente ofensiva en el valle de la Becá también fue objeto de crítica por parte de Naciones Unidas, que manifestó preocupación por una escalada que pone en riesgo la estabilidad alcanzada tras el acuerdo del año pasado. Voceros del organismo internacional condenaron las acciones militares y advirtieron sobre el impacto humanitario y el potencial colapso del marco de alto el fuego.

El gobierno libanés, a través de comunicados oficiales consignados por los medios, responsabilizó a Israel de violar las condiciones del alto el fuego, subrayando la gravedad de haber atacado zonas pobladas y haber causado víctimas civiles. Según el mismo reporte, las autoridades de Líbano exigieron además a la comunidad internacional que intervenga para frenar las operaciones y garantizar la protección de la población del valle.

Hezbolá también difundió mensajes en los que consideró ilegítima la justificación israelí y afirmó que las acciones de su rama militar constituyen esfuerzos defensivos frente a incursiones extranjeras. El grupo insistió, como registraron las fuentes, en que la permanencia de puestos israelíes en territorio libanés equivale a una ocupación que impide el pleno desarrollo de los acuerdos.

Por su parte, Israel sostuvo en su comunicado distribuido por la prensa que los bombardeos tienen como finalidad prevenir la preparación de ataques contra su frontera norte y garantizar la seguridad de sus ciudadanos ante eventuales nuevas escaladas.

Según consignó la agencia original, este clima de tensión se produce pese a los compromisos previos de alejamiento de efectivos y en un escenario donde la reiniciación de hostilidades podría tener consecuencias graves en toda la región, afectando tanto a residentes locales como a la seguridad transfronteriza.

A lo largo del último año, la zona próxima a la frontera entre Israel y Líbano ha sido escenario de otros episodios de violencia e intercambio de fuego, hechos que, según informaron los organismos internacionales y el propio gobierno libanés, han generado desplazamiento de familias y dificultades para la prestación de servicios esenciales, incluida la asistencia médica a quienes resultan heridos en los ataques.

Las reacciones a la operación más reciente incluyeron un llamamiento de Naciones Unidas al respeto estricto de las estipulaciones del acuerdo de alto el fuego y a evitar medidas que puedan desembocar en un retorno a la confrontación abierta. Según los detalles divulgados por los medios, tanto las autoridades libanesas como representantes de la ONU coincidieron en que la permanencia de efectivos israelíes y los nuevos bombardeos dificultan las posibilidades de diálogo y aumentan el riesgo de un nuevo ciclo de violencia.

El impacto del ataque en el valle de la Becá, según la información recopilada de fuentes oficiales y reportada por medios internacionales, se traduce en consecuencias humanitarias, víctimas y renovadas tensiones diplomáticas. Tanto la exigencia de las autoridades libanesas para una respuesta de la comunidad internacional, como la postura de Israel en defensa de sus operaciones, configuran un panorama incierto sobre la continuidad del frágil entendimiento logrado en 2024.