
Miles de postales rescatadas de mercadillos y tiendas de segunda mano formarán un mural sin fin en el Pabellón de España durante la 61ª Exposición Internacional de Arte – La Bienal de Venecia. El proyecto, titulado ‘Los restos’ y desarrollado por el artista Oriol Vilanova, plantea una revisión de los modos de legitimación cultural y de la función del coleccionismo a través de una instalación dinámica que se aparta de las formas tradicionales de exhibición en museos, según consignó el medio original.
De acuerdo con la información publicada, la propuesta de Vilanova, seleccionada por un comité asesor compuesto por figuras independientes del arte contemporáneo nacional, transforma el pabellón en un “pseudomuseo” donde la memoria, la acumulación de imágenes y la reiteración adquieren protagonismo. La iniciativa cuenta con el comisariado de Carles Guerra y responde a una trayectoria artística que durante más de veinte años se ha centrado en la colección sistemática de postales que alguna vez circularon en la era del turismo global. El Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y en colaboración con Acción Cultural Española (AC/E), coordina la participación de España en la muestra, según el mismo medio.
‘Los restos’ parte de la recolección de miles de postales archivadas por el artista, imágenes que en su mayoría contienen inscripciones, historias personales y relatos enviados en distintos momentos y contextos, y que con el tiempo quedaron relegadas al olvido. Reactivadas en el contexto de la Bienal, estas postales muestran las marcas de una memoria colectiva fragmentaria y en transformación. Todo ello se plasma en la creación de una composición mural carente de jerarquías formales o narrativas lineales, renunciando a la monumentalidad y subrayando el gesto de conservar objetos comunes como testimonios silenciosos de otras épocas, detalló la fuente original.
La instalación refleja cuestiones que caracterizan la obra de Vilanova: el diálogo entre la acumulación de objetos y la pérdida progresiva de sus significados, las dinámicas de circulación de imágenes a lo largo del tiempo, y la economía subjetiva que moviliza al coleccionista. El ensamblaje de postales establece una tensión entre objetos desplazados por las nuevas formas de comunicación y la persistencia de recuerdos depositados en lo cotidiano. Según informó el medio, la propuesta invita a considerar los elementos ordinarios y materiales marginados por los cambios tecnológicos que influyeron en el régimen contemporáneo de la comunicación visual.
Como complemento a la exhibición, el proyecto incluye un libro de artista que recopila ensayos y contribuciones de Carles Guerra, Catherine Mayeur, Pedro G. Romero, Joëlle Tuerlinckx y del propio Oriol Vilanova. Este volumen amplía los aspectos conceptuales de la muestra y permite contextualizar las estrategias artísticas empleadas, según señala el medio. Además, durante la duración de la Bienal Arte 2026, la propuesta traspasará los límites del pabellón con la intervención performativa ‘El fantasma de la libertad (2026)’, una acción no anunciada que tendrá lugar en los espacios de los Giardini y el Arsenale.
El planteamiento museográfico y conceptual de Vilanova rechaza narrativas restrictivas o jerarquizadas y se centra en prácticas alternativas como la recolección y el archivo personal, prácticas marcadas por gestos repetitivos y miradas insistentes. Este enfoque desplaza el foco tradicional del museo como espacio consagrador y propone, en cambio, un espacio mutable que interroga la manera en que los objetos banales pueden adquirir nuevos sentidos en entornos expositivos distintos a los convencionales, tal como publicó la fuente original.
En línea con las ideas expuestas por el artista, la acumulación “obsesiva y persistente” de postales opera como un dispositivo para explorar la supervivencia de elementos visuales aparentemente obsoletos y descuidados. El archivo personal de Vilanova, que permanece siempre abierto a nuevas incorporaciones, se convierte en el eje de una instalación donde la clasificación y la disposición no obedecen a criterios establecidos, sino que subrayan la contingencia y la parcialidad inherentes a la memoria material.
La selección de este proyecto implica una apuesta del comité asesor por representaciones alternativas en el contexto internacional de La Bienal, según detalló la fuente. La obra cuestiona de forma explícita las dinámicas económicas periféricas y el valor que adquieren objetos desplazados por procesos macroeconómicos y culturales en la sociedad contemporánea. Al mismo tiempo, la instalación pone en primer plano las marcas individuales impresas en cada postal, testimonio de experiencias personales y anónimas, recuperadas para el debate sobre el sentido del coleccionismo y la construcción de relatos históricos desde lo mínimo y lo fragmentario.
La acción performativa planeada para desarrollarse fuera del pabellón, ‘El fantasma de la libertad (2026)’, materializa la intención de difuminar los límites espaciales y conceptuales de la exposición. Sin aviso previo y ajena a los cauces programáticos, esa intervención trasciende los límites habituales de la obra expositiva y prolonga en el espacio público los interrogantes planteados en el pabellón, siguiendo la lógica planteada por Vilanova y consignada por la fuente.
La presencia española en la Bienal recurre así a una estrategia artística arraigada en la memoria cotidiana y en la circulación marginal de objetos desvalorizados. Este posicionamiento responde a cambios amplios en el modo de concebir el coleccionismo, el valor simbólico de lo efímero y el papel de los museos como entes organizadores de narrativas culturales, según explicita el medio fuente.