Un museo lleno de pájaros: el Mauritshuis mira al cielo para hablar de libertad y control

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Imane Rachidi

La Haya, 11 feb (EFE).- El Mauritshuis de La Haya abrirá este jueves una exposición titulada 'Pájaros', en la que explora, con obras de Da Vinci, Rembrandt, Picasso o Matisse, la relación histórica y contradictoria entre los seres humanos y las aves, animales asociados al deseo, la libertad y la belleza, pero también al control, domesticación y explotación.

No es una muestra tradicional colgada en orden cronológico: es una "casa de pájaros" donde convivirán hasta el 7 de junio siglos de historia, mitos antiguos, cuadros barrocos, esculturas modernas y moda contemporánea. El hilo conductor no es solo el arte, sino una pregunta: ¿por qué los pájaros nos obsesionan tanto?

El pequeño jilguero encadenado de Carel Fabritius, uno de los cuadros más célebres del Mauritshuis, deja de ser solo una joya del Siglo de Oro neerlandés para convertirse en punto de partida de lo que el historiador británico Simon Schama define como una "cámara de maravillas" dedicada a la experiencia con las aves, desde el Antiguo Egipto hasta la moda contemporánea.

"No somos solo un museo de historia del arte; también podemos usar nuestra colección para contar otras historias", explicó la directora del Mauritshuis, Martine Gosselink. Tomar un icono como 'El jilguero' y rodearlo de "sus amigos de todo el mundo" permite, dijo, "darles voz para que hablen de su papel en la vida y en la sociedad".

La muestra, estructurada en bloques temáticos, recorre esa relación contradictoria: las aves como mensajeras celestiales, como objeto de envidia por su capacidad de volar, como símbolo erótico, como ornamento de poder y como trofeo de caza.

Schama, conocido por sus trabajos sobre historia cultural y artística, sitúa en el eje de la exposición la idea de que "el arte es nuestra resistencia humana frente a la desaparición".

Pintura y escultura, sostiene, fijan aquello que no queremos que se pierda -un rostro, un paisaje, una historia- y en ese gesto también se refleja la fascinación por las aves, que es "ancestral".

En el Antiguo Egipto, el Ba, representado como un pájaro con cabeza humana, garantizaba que el espíritu del difunto ascendiera con el sol y regresara por la noche al cuerpo.

"Cuando imaginamos el más allá como un paraíso celestial, el intermediario es necesariamente un ave", afirmó Schama, recordando también la paloma bíblica que lleva a Noé la rama de olivo como señal de renacimiento.

La exposición no elude la violencia que acompaña a la fascinación por las aves: en el siglo XIX, la moda de adornar sombreros con plumas o aves disecadas redujo poblaciones enteras y llevó a la creación en 1891 de la Asociación para la Abolición de una Moda Cruel, antecesora de la actual sociedad neerlandesa de protección de aves.

Hoy, cifras científicas apuntan a la pérdida de miles de millones de aves desde 1970, un dato que Schama citó como "barómetro de la salud del planeta".

El contraste entre admiración y dominación se hace evidente en la sección dedicada a la caza, donde las naturalezas muertas del neerlandés Jan Weenix presentan aves muertas sin rastro de sangre, como símbolo de estatus aristocrático.

Rembrandt, en cambio, deja fluir la sangre de dos pavos reales sobre la piedra, y ese es "un momento de originalidad extrema", según Schama, donde belleza, muerte y poder se encuentran.

Ese diálogo se aprecia también en el enfrentamiento entre Fabritius y Constantin Brancusi: el primero muestra la paradoja de la libertad representada en el jilguero encadenado; el segundo, con 'Pájaro en el espacio', capta la idea de ascenso con una escultura que en 1926 centró un juicio en Estados Unidos sobre qué podía considerarse arte, después de que las autoridades aduaneras la consideraran un utensilio industrial.

En el siglo XVII, "pajarear" era sinónimo de sexo, y desde la Antigüedad las aves simbolizan deseo y seducción.

Un manuscrito medieval lo resume con una de las frases más antiguas en neerlandés: "Todos los pájaros han empezado a hacer sus nidos; tú y yo, ¿a qué esperamos?".

La exposición llega hasta la moda contemporánea, con un vestido de Iris van Herpen construido con capas de organza que reflejan alas sin utilizar plumas reales, una estética sin sacrificio animal.

Entre el Ba egipcio que promete ascenso y el jilguero encadenado que mira hacia un cielo que no puede alcanzar, 'Pájaros' plantea una pregunta: si el arte intenta preservar lo que desaparece, ¿qué dice de nosotros que aquello que más hemos convertido en símbolo de libertad sea también lo que más hemos encerrado y explotado? EFE

ir/ahg/pcc

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