Aumentan a más de 30 los muertos en un atentado suicida en un lugar de culto chií en Islamabad

Las autoridades paquistaníes señalan a grupos talibanes y a la injerencia india tras una explosión que dejó decenas de víctimas y más de un centenar de heridos, mientras aumentan las tensiones en la región y prometen una respuesta contundente

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El ministro de Defensa de Pakistán, Jauaja Asif, atribuyó la ejecución del atentado a conexiones entre el atacante y grupos desde Afganistán, involucrando además a la India en acusaciones de complicidad. Según consignó el diario paquistaní ‘Dawn’, autoridades de ese país elevaron a 31 el número de víctimas mortales tras la explosión registrada en una ‘imam bargah’ de la zona de Tarlai, en Islamabad, mientras que al menos 169 personas resultaron heridas en el mismo hecho, ocurrido durante los rezos del viernes. El incidente refuerza las tensiones regionales y se da en un contexto de enfrentamientos previos y persistentes disputas territoriales.

De acuerdo con ‘Dawn’, la explosión se produjo en un centro de reunión chií, interrumpiendo la oración colectiva y dejando decenas de heridos de distinta gravedad. Las fuerzas de seguridad identificaron el ataque como suicida y vincularon al presunto responsable con el grupo Tehrik-i Taliban Pakistan (TTP), conocido también como los talibán paquistaníes. Funcionarios policiales citados por la televisión local señalaron que el atentado ocurrió después de que guardias de seguridad enfrentaron al atacante, quien respondió disparando antes de detonarse cerca de la última fila de fieles.

En declaraciones en redes sociales recogidas por ‘Dawn’, Asif enfatizó que los autores de la masacre "son enemigos de la religión y el país", y confirmó que las investigaciones muestran que el "terrorista implicado" estuvo en Afganistán antes del suceso. Además, describió una supuesta "colusión entre India y Afganistán", aludiendo a la participación indirecta de Nueva Delhi mediante el apoyo a grupos hostiles. "El Estado responderá con toda su fuerza a esta atrocidad", afirmó el titular de Defensa.

Según reportó el medio paquistaní, la responsabilidad de la India en hechos de este tipo ha sido reiterada por las principales figuras políticas de Pakistán, quienes mantienen que Nueva Delhi opera a través de grupos subsidiarios tras las tensiones del año previo en la región de Cachemira. La disputa por ese territorio, reclamado por ambos países desde hace varias décadas, experimentó un repunte de hostilidades que, según el discurso oficial paquistaní, genera consecuencias en materia de seguridad en todo el sur de Asia.

El presidente de Pakistán, Asif Alí Zardari, y el primer ministro, Shehbaz Sharif, también se pronunciaron respecto a los hechos. Zardari calificó el atentado como “un crimen contra la humanidad” y transmitió sus condolencias a las familias de los afectados, de acuerdo con la cobertura de ‘Dawn’. Sharif, por su parte, se hizo eco de las críticas a la India y advirtió que una paz duradera en el sur de Asia está condicionada a que el país vecino modifique su postura y abandone lo que el gobierno paquistaní denomina "planes agresivos y expansionistas".

En las horas anteriores al atentado, el Ejército paquistaní comunicó la muerte de aproximadamente 25 supuestos militantes del TTP durante sendas operaciones en la provincia de Jáiber Pastunjua, una región fronteriza con Afganistán que ha registrado episodios frecuentes de violencia vinculados a la actividad de grupos armados. Como remarcó el diario ‘Dawn’, Pakistán sostiene que tanto la India como los talibán afganos están detrás del apoyo a estas organizaciones, acusaciones que han sido negadas por las autoridades de Nueva Delhi y Kabul.

En la región y entre la población civil, el ataque renovó la preocupación por la persistencia de la violencia sectaria y el impacto de los conflictos regionales en la seguridad cotidiana. Grupos chiíes del país han sido objeto de ataques similares en años recientes, lo que refuerza los temores a una escalada en los enfrentamientos sectarios. Según las autoridades paquistaníes citadas por ‘Dawn’, las investigaciones continúan y la cifra de víctimas podría incrementarse debido al estado crítico de varios de los heridos.

Pakistán acusa a la India de mantener una campaña encubierta a través de organizaciones aliadas desde territorio afgano, intentando desestabilizar la región y minar el control del gobierno central en Islamabad. ‘Dawn’ subrayó que el primer ministro Sharif reavivó esa percepción al señalar que "una paz duradera en el sur de Asia no podrá ser establecida hasta que India abandone sus planes agresivos y expansionistas y sus nefastas conspiraciones", declaración emitida durante un acto de conmemoración relacionado con Cachemira.

El ataque en Islamabad ocurre en un contexto de intensificación de operativos militares en la periferia y en zonas fronterizas, donde los enfrentamientos entre fuerzas de seguridad paquistaníes y militantes del TTP han sido recurrentes. Según la información recabada por ‘Dawn’, la persistencia de la inseguridad ha derivado en nuevas acusaciones entre Pakistán y sus vecinos, en particular por el supuesto flujo de milicianos a través de las fronteras y el apoyo externo a grupos armados que desafían la autoridad estatal.

Las repercusiones del atentado alcanzaron a diversas organizaciones y líderes religiosos, quienes exigen mayores medidas de protección en los lugares de culto y reclaman una intervención efectiva para mitigar el riesgo de nuevos ataques. Mientras tanto, el gobierno de Pakistán insiste en la necesidad de respuestas contundentes y políticas regionales que frenen la influencia de actores externos en las actividades de agrupaciones violentas. El incidente puso nuevamente en primer plano el problema de la seguridad en la capital y la vulnerabilidad de comunidades religiosas minoritarias en el país.