
Durante una entrevista otorgada a la cadena de televisión Al Sharqiya, Nuri al Maliki, candidato del Marco de Coordinación para la jefatura del gobierno iraquí, afirmó que solo consideraría retirar su candidatura al cargo de primer ministro si así lo determinara su propia coalición. Esta declaración fue planteada en el contexto de recientes advertencias provenientes de Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump amenazó con suspender la ayuda financiera a Bagdad si Al Maliki resulta elegido para liderar el próximo Ejecutivo iraquí. Según publicó la agencia Europa Press, el dirigente chií sostuvo que su permanencia en la contienda responde al aval institucional local, defendiendo el carácter interno de las decisiones sobre la jefatura del gobierno.
Al Maliki expresó que, en caso de que la coalición concluya que su postulación podría dañar los intereses superiores del país, no dudaría en renunciar. "Por supuesto que renunciaré", declaró en la citada entrevista, aunque advirtió que dar un paso al costado en este momento implicaría, según sus palabras, “ceder, significa cancelar todas las decisiones” de una institución nacional. Añadió que esta situación los obligaría a tomar decisiones futuras que respondan a exigencias externas, con referencia directa a las presiones estadounidenses informadas por Europa Press.
En relación a la intervención extranjera, Al Maliki subrayó que rechaza la idea de abandonar su candidatura únicamente por presiones de otros países. "Como ciudadano iraquí propuesto para el cargo por una institución nacional, no puedo retirar mi candidatura a petición de una potencia extranjera", afirmó. Recalcó que si bien Irak debe negociar acuerdos con entidades internacionales, las decisiones fundamentales sobre el gobierno corresponden exclusivamente a los iraquíes y que esas resoluciones merecen respeto por parte de todos los actores implicados, tanto nacionales como extranjeros. "Nuestra decisión no tiene como objetivo perjudicar los intereses nacionales iraquíes ni dañar a estos países, grandes o pequeños, regionales o internacionales", precisó, según difundió el medio.
El Marco de Coordinación, coalición chií a la que pertenece Al Maliki, ratificó el pasado sábado la candidatura del exmandatario para encabezar el Ejecutivo. Esta alianza destacó que la designación del cargo resulta de un proceso interno, amparado por la Constitución de Irak, sin aceptación de injerencias externas. En ese sentido, el bloque sostuvo que la elección del primer ministro es “una cuestión puramente constitucional e iraquí que se decide (…) lejos de los dictados extranjeros”, de acuerdo con información de Europa Press.
Por su parte, el presidente Donald Trump lanzó amenazas abiertas respecto a la ayuda económica que Estados Unidos brinda a Irak, indicando que retiraría este apoyo si Al Maliki regresa al poder. “La última vez que estuvo en el poder el país se sumió en la pobreza y el caos total. No se debe permitir que eso vuelva a suceder”, publicó Trump en sus redes sociales, además de señalar las políticas anteriores del dirigente chií como “descabelladas”, citó Europa Press.
En cuanto al proceso parlamentario, estaba previsto que el poder legislativo iraquí efectúe una votación el domingo pasado para seleccionar al próximo presidente del país, quien posteriormente tendría la responsabilidad de encargar a Al Maliki la formación del gobierno, sujeto a la decisión final del parlamento. Sin embargo, el presidente del Parlamento, Haibat al Halbusi, suspendió la sesión y no fijó nueva fecha para la realización del sufragio, según recogió el medio.
El contexto político iraquí sigue definido por el sistema instaurado tras la invasión estadounidense de 2003, que asigna el cargo de primer ministro a la comunidad chií, la presidencia del parlamento a un representante suní y la jefatura del Estado a una figura kurda. Esta estructura de reparto de poder, conocida como acuerdo de cuotas sectarias, fija las condiciones bajo las cuales se eligen las principales autoridades del país y determina el desarrollo del proceso político actual.
Al Maliki dirigió previamente el gobierno de Irak entre 2006 y 2014. Su regreso como potencial primer ministro ha generado reacciones tanto dentro como fuera del país debido al recuerdo de su gestión anterior, marcada por episodios de inestabilidad y crisis económicas, según recordaron tanto fuentes locales como internacionales reportadas por Europa Press.
El ambiente político se mantiene tenso en Irak ante la falta de avances en la conformación del nuevo gobierno y frente a la presión internacional que acompaña el proceso. Al Maliki reiteró su defensa de la soberanía nacional y la toma de decisiones propias, resaltando la importancia de que la voluntad de los iraquíes prevalezca frente a condicionamientos extranjeros. Añadió que respetar la autonomía nacional constituye, en su visión, la base para asegurar relaciones internacionales equilibradas y cooperativas.
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