Alrededor de 30 heridos en Turín (Italia) en una manifestación contra el cierre del centro social Askatasuna

Varios hospitales de Turín atienden a decenas de personas tras choques entre fuerzas policiales y manifestantes en una protesta multitudinaria contra el desalojo del centro Askatasuna, marcada por disturbios, incidentes y críticas del Gobierno italiano

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El incidente donde un equipo periodístico de la RAI resultó atacado mientras cubría la masiva protesta contra el desalojo del centro social Askatasuna generó preocupación entre medios y organismos italianos. Tal como detalló la RAI en un comunicado, la agresión contra sus periodistas durante las manifestaciones en Turín fue vista como un intento de intimidar a los medios públicos y de sancionar el trabajo de quienes informan sobre estos hechos. Esta situación se enmarca en una jornada marcada por una fuerte confrontación entre manifestantes y fuerzas policiales, que ha dejado varios heridos y ha desatado críticas políticas al manejo y consecuencias de la protesta.

Según consignó la cadena pública RAI, los servicios de emergencia en Turín trasladaron a entre 25 y 30 heridos a diferentes hospitales, después de que se desataran múltiples choques entre manifestantes y la Policía en el contexto de la manifestación. La concentración, que tuvo lugar el mismo día en que se intentaba protestar por el desalojo del centro Askatasuna el pasado diciembre, reunió a aproximadamente 15.000 personas, según fuentes policiales citadas por RAI. Entre los asistentes se encontraban representantes de sindicatos, movimientos sociales y grupos estudiantiles, quienes marcharon unidos por las principales arterias de la ciudad a lo largo del río Po.

El itinerario de la protesta incluyó puntos neurálgicos de la ciudad como las estaciones Porta Nuova y Porta Susa y el Palazzo Nuovo. Las distintas columnas de manifestantes confluyeron en un único bloque que se desplazó en dirección al barrio donde se localizaba el centro social desalojado. La tensión se incrementó cuando un grupo de participantes se desvió hacia la calle Regina Margherita, escenario del anterior operativo policial contra Askatasuna. En ese momento, según lo reportado por la RAI, algunos manifestantes lanzaron petardos y fuegos artificiales en dirección a los agentes, lo que motivó la respuesta policial con el uso de gases lacrimógenos.

Estos enfrentamientos se intensificaron cerca del antiguo centro social, originando incidentes de quema de contenedores y un vehículo policial, mientras los agentes procuraban bloquear el acceso a la zona desalojada. El medio RAI informó también que la violencia se trasladó al campus universitario Einaudi, donde participantes de la protesta intentaron acceder a las instalaciones, resultando en nuevas cargas policiales.

Las acciones violentas documentadas durante la jornada resultaron en al menos 30 personas lesionadas que recibieron atención médica en hospitales de Turín. El Gobierno italiano reaccionó rápidamente a los hechos. La primera ministra Giorgia Meloni publicó en redes sociales: “Estos no son disidencia ni protesta: son ataques violentos contra el Estado y quienes lo representan. Y por ello, deben ser tratados como lo que son, sin menosprecios ni justificaciones. El Gobierno ha cumplido con su parte, fortaleciendo las herramientas para combatir la impunidad. Ahora es crucial que el Poder Judicial también cumpla plenamente con su parte para evitar que se repita la laxitud que en el pasado ha anulado medidas sagradas contra quienes devastan nuestras ciudades y atacan a quienes las defienden”. Junto a su mensaje difundió un video en el que se observa a manifestantes golpeando a un agente policial que se encontraba solo y sin casco, imagen que ha circulado ampliamente.

De acuerdo con la RAI, el ministro del Interior, Matteo Piantidosi, también emitió declaraciones señalando que los manifestantes “representan el verdadero peligro para la convivencia ciudadana y nuestra democracia”, atribuyendo la organización de la protesta a espacios políticos "identificables". El ministro anticipó que, desde la izquierda política, se intentaría minimizar la responsabilidad de los involucrados, al decir: “Escucharemos argumentos hipócritas y surrealistas de la izquierda destinados a minimizar la responsabilidad de estos criminales”.

El centro social Askatasuna, punto central de la discordia, estuvo activo desde 1996 con vínculos al movimiento autónomo italiano y funcionó como espacio para actividades culturales y políticas. Según informó RAI, durante el desalojo de diciembre, que se realizó con un amplio despliegue policial, ya se habían registrado altercados y tensiones similares entre los participantes del centro y las autoridades.

La RAI, que cubría el desarrollo de la manifestación, reportó en su comunicado que la agresión sufrida por su equipo constituye un intento deliberado de amedrentar a los medios y limitar la cobertura informativa sobre hechos de interés público. La cadena expresó su preocupación por el incremento de incidentes donde trabajadores de la prensa resultan agredidos en contextos de movilizaciones sociales.

La protesta en Turín se convirtió en un evento de fuerte confrontación política, social y mediática. A la presencia de sindicatos y colectivos estudiantiles se sumaron sectores críticos al Gobierno, que consideran el desalojo de Askatasuna y la posterior reacción policial como parte de una tendencia represiva frente a espacios alternativos de organización. El movimiento autónomo, relacionado históricamente con el centro social, mantiene su postura en defensa de estos espacios, mientras el Ejecutivo resalta la importancia de evitar que se repitan situaciones de violencia.

A lo largo de la jornada la ciudad de Turín vivió momentos de alta tensión, con calles cortadas, presencia policial y la dispersión de gases lacrimógenos para restablecer el orden. El saldo de lesionados y los daños materiales generaron alarma entre autoridades sanitarias y municipales. El debate respecto a la regulación de protestas sociales y la protección de la labor periodística vuelve a situarse en el centro de la escena pública. Los sucesos de este episodio suman un capítulo a la controversia sobre la gestión de ocupaciones y desalojos en Italia y el desafío que plantean a la convivencia ciudadana y las libertades civiles.